Domingo, factor de riesgo…


  • Editorial Univadis
El acceso al contenido completo es sólo para profesionales sanitarios registrados. El acceso al contenido completo es sólo para profesionales sanitarios registrados.

¿Es mejor ingresar un lunes o un viernes por la noche? ¿Y si me tienen que operar de una fractura abierta de fémur…? ¿Es exactamente igual que sea domingo por la mañana que jueves? Existe literatura científica que indica que los pacientes que ingresan durante los fines de semana tienden a tener resultados menos favorables, incluida una mayor mortalidad, en comparación con pacientes similares ingresados en días laborables. 

Se han realizado muchos estudios para evaluar la atención a los pacientes​​ durante el fin de semana. En un metaanálisis británico publicado en 2018 se estimó el efecto del ingreso en fin de semana sobre la mortalidad en los hospitales del Reino Unido. Se llevó a cabo una revisión sistemática y un metaanálisis utilizando EMBASE, MEDLINE, HMIC, Cochrane, Web of Science y Scopus. Se incluyeron revisiones sistemáticas, ensayos clínicos aleatorios y estudios observacionales publicados después de 2001. El resultado principal era la muerte, por lo que sólo se incluyeron los estudios que notificaban la mortalidad. Tras una selección rigurosa fueron incluidos 45 artículos: el 53% de ellos concluía que los resultados de las cirugías y de los ingresos ​​en fin de semana eran peores. Aunque la heterogeneidad de los estudios era alta, algo que podría afectar a la generalización de los resultados, se encontraron evidencias de efectos negativos del fin de semana, incluso después de considerar la gravedad de la enfermedad. 

Los datos descritos en el Reino Unido son transportables a otras realidades. En un trabajo realizado en Estados Unidos se asocia la atención en fin de semana y en vacaciones con un aumento de la mortalidad: el riesgo de mortalidad era el 19% mayor en los pacientes ingresados en fin de semana. Otro ejemplo lo encontramos en Dinamarca, en este caso con pacientes de urgencias. La tasa de mortalidad a los 30 días era mayor en los pacientes ingresados por las noches de los fines de semana, siendo este efecto independiente de la gravedad de la enfermedad.

Uno de los principales problemas durante el fin de semana, posiblemente lo que justifica algunos de estos datos, es que hay menos recursos humanos disponibles. Como consecuencia, la atención puede empeorar y las esperas, por el contrario, aumentan. En un conocido artículo de 2014 titulado “¿Cuándo debe verme un médico cuando enfermo?”, se revisó el tiempo hasta el ingreso en el Hospital Nenagh (Irlanda) y el tiempo que los pacientes esperaban hasta ser atendidos por un médico. En total ingresaron 9.435 pacientes, siendo el momento pico de admisión el final de la tarde y el anochecer. Había correlación entre el retraso en ser visto por un médico y el momento del ingreso. Los 1.095 pacientes que esperaron 80 minutos o más para ser atendidos por un médico (retraso medio de 120 minutos) fueron más propensos a morir (odds ratio 1.36; IC 95%, 1.03-1.81, p

La cantidad de datos que orientan hacia el riesgo de ser atendidos en fin de semana ha llevado a que recientemente (en 2019) se publicase un metaanálisis examinando globalmente la magnitud del “efecto del fin de semana”. Este efecto era definido como la diferencia en los resultados de los pacientes según se tratase de ingresos hospitalarios durante el fin de semana o de días laborables, así como los factores que lo condicionan. Se realizó una búsqueda en siete bases de datos desde 2000 hasta 2015, actualizándose la búsqueda en MEDLINE hasta noviembre de 2017. Se eligieron artículos que investigaban el efecto del fin de semana sobre la mortalidad, los eventos adversos, la duración de la estancia hospitalaria o la satisfacción del paciente. Finalmente se incluyeron 68 estudios (70 artículos), abarcando más de 640 millones de ingresos. Dos tercios se realizaron en el Reino Unido (n = 24) o en Estados Unidos (n = 22). El odds ratio agrupado para el efecto del fin de semana en la mortalidad, en todos los tipos de admisión, fue de 1,16 (IC 95%; 1,10-1,23). El efecto del fin de semana parecía mayor en los ingresos programados (1.70; 1.08-2.52) que en los procedentes de urgencias (1.11; 1.06-1.16) o de maternidad (1.06; 0.89-1.29). 

Al analizar en detalle los datos de este metaanálisis, se describe cómo el “efecto del fin de semana” está condicionado por factores metodológicos, clínicos y organizativos: los fines de semana ingresan menos pacientes, los que lo hacen están más graves y existen además diferencias tanto en la atención previa como en la posterior al ingreso. Las evidencias sobre el efecto del fin de semana en los eventos adversos y en la estancia hospitalaria son débiles e inconsistentes, y en la satisfacción del paciente también son escasas. Como conclusión, se señala que la calidad general de las evidencias para inferir una diferencia entre fin de semana y día laboral, respecto a la calidad de la atención hospitalaria, es “muy baja”.

Por tanto, globalmente el “efecto del fin de semana” no parece tan consistente, aunque existen realidades concretas en las que, como muestran algunos estudios, está sobredimensionado. Estos casos son consecuencias fundamentalmente de cuestiones organizativas locales: diminución significativa del personal sanitario (mayor que la habitual disminución de la demanda asistencial durante los fines de semana), relajación de los estándares de calidad (los profesionales que trabajan son inexpertos, están sobresaturados o consideran que su atención debe restringirse únicamente a lo indispensable), reducción de los recursos materiales y asistenciales, etcétera. Si es así, como han mostrado algunos trabajos, la atención durante el fin de semana podría afectar a la seguridad de los pacientes. La cuestión esencial aquí es que el personal sanitario tiene derecho a librar y a descansar, siendo difícil su sustitución. ¿“Efecto fin de semana”? Posiblemente sea escaso y, en todo caso, para atenuarlo solo existe una posibilidad: tratar mejor al personal sanitario. Los profesionales ya soportan condiciones subóptimas de trabajo… ¡y sólo faltaría que tampoco pudieran descansar!