Discord, Slack y Telegram, tres plataformas no convencionales para coordinar grupos de trabajo.


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El trabajo sanitario es esencialmente trabajo en equipo. Sea por razones organizativas, o por la necesidad de favorecer abordajes multidisciplinares ante el paciente, o por motivos educativos o de formación científica, en múltiples ocasiones se requieren espacios de relación adecuados para el intercambio de conocimiento, la integración de ideas o la asignación de tareas. Las herramientas basadas en redes de comunicación son hoy un aliado de primer nivel para ello, capaces de superar cualquier barrera espacial y temporal.

En un primer momento, las herramientas más tradicionales para la gestión de grupos de trabajo se basaban en aplicaciones corporativas integradas en sistemas ofimáticos. El gestor de correo electrónico fue una de las primeras, y alguno de sus aplicativos, como el tradicional Outlook para Office, tenía como misión concentrar en un mismo entorno las comunicaciones de un grupo típico. Ofrecían básicamente la posibilidad de organizar paquetes de destinatarios y emular una conversación mediante hilos (a veces eternos) de correos electrónicos. Junto a ello, la posibilidad de acceder a calendarios comunes o directorios de archivos compartidos.

Más tarde llegaron los sistemas en la nube, cuyo representante más evidente es hoy día  la plataforma de Google G-Suite. Con una sola vía de registro mediante la identificación de usuario, y desde cualquier lugar del mundo, se accedía tanto a los tradicionales recursos de correo electrónico como a directorios compartidos para crear y guardar archivos, utilidades de agenda y soluciones de mensajería instantánea. Las oportunidades de la gestión de equipos en la nube se encuentran hoy en todas las plataformas de uso común, como ejemplifica la evolución del tradicional Office de Microsoft a su versión Office 360, que pretende hacer de la colaboración remota una de sus principales aportaciones.

Pero muchas veces se necesitan sistemas más sencillos y menos corporativos para gestionar autónomamente grupos con necesidades concretas. Grupos en los que a lo mejor se demanda la participación de personas pertenecientes a distintas organizaciones, o que no quieran depender de autorizaciones o criterios complejos de administración, y que además valoren la posibilidad de mantener un contacto casi ubicuo y mediante diversos dispositivos. Desde organizar un congreso a gestionar un aula de formación, pasando por coordinar un equipo clínico, son cosas que hoy se pueden hacer con instrumentos menos convencionales que los habituales, como los que comentaremos en este artículo.

 

Discord.

Discord es una herramienta curiosa porque empezó utilizándose en el mundo de los “gamers”, los más adictos a los videojuegos. Estos necesitaban en ocasiones comunicar entre sí en medio de las partidas pero fuera de los canales establecidos dentro del propio juego. Comunicaciones que, además, se hacían por chat o mediante voz. La funcionalidad de este sistema es tan buena para ambas modalidades que ha pasado a ser una aplicación que aunque se sigue anunciando como un servicio gratuito de voz y chat para gamers, sus usuarios lo son de muchos otros ámbitos muy distintos de los originales.

Su auto presentación no puede ser más clara: “Es momento de deshacerse de Skype y TeamSpeak”. Funciona mediante la creación de lo que ellos llaman “servidores”, que son plataformas virtuales que cada usuario puede abrir, a las que invita a otros usuarios, y que a su vez pueden albergar canales selectivos de texto y voz con distintos grupos de participantes. De esta manera, se pueden compartir comunicaciones de forma general y de forma particular o restringida, juntos o por separado. Es posible también intercambiar documentos, y la calidad de los canales de voz es realmente muy  buena. No funciona como lo hace Skype, en el formato tradicional de las llamadas telefónicas, sino como si fueran salas de conversación que se abren y se cierran. Discord puede emplearse mediante apps móviles y en ordenadores a través de web o por clientes para PC, Mac o Linux, y es una manera sencilla y muy eficaz de estructurar comunicaciones entre grupos de trabajo.

Slack.

Slack funciona de una manera similar en la parte de su arquitectura, pero mucho más claramente orientada a entornos corporativos. Cuando nació se presentó como la manera de acabar con el correo electrónico, o al menos con esos hilos eternos de emails en los que se perdía el sentido de lo que significaba la propia comunicación. La aportación de Slack fue la posibilidad de hibridar los conceptos de correo y mensajería, y hacer las comunicaciones e interacciones más selectivos y específicas.

Funciona también mediante la constitución de un grupo general al que se llega por invitación, que a posteriori puede dividirse en subgrupos y también en espacios temáticos, de manera que la colaboración puede dirigirse de manera específica en cuanto a destinatarios y contenidos. Permite intercambiar todo tipo de archivos, y está muy cuidada su integración con muchos otros servicios más conocidos, como Dropbox o Drive. Slack puede usarse en el móvil (donde funciona más parecido a un sistema de mensajería tipo Whatsapp), o en escritorio, tanto en web como mediante aplicaciones específicas para Mac o PC. Su éxito ha sido grande en determinados espacios profesionales, a los que se dirigen prioritariamente sus modalidades de pago. Sin embargo, una opción gratuita permite gestionar grupos no muy numerosos, y sirve para facilitar el progreso de proyectos en los que distintos miembros asumen diferentes funciones.

Telegram.

Telegram es una aplicación de mensajería que ofrece tres rasgos diferenciales muy interesantes. El primero, su preocupación por la seguridad y la integridad de la comunicación, que les llevó a ofrecer cifrado punto a punto (esto es, imposibilidad de captar información “pinchando” sus servidores”) mucho antes de que lo hiciera Whatsapp. Segundo, el proporcionar un servicio multiplataforma, también de manera pionera, y que podía emplearse coordinadamente en el móvil o en el escritorio de un ordenador. Y lo tercero, facilitar la creación de grupos muy numerosos y sobre todo canales de difusión de gran alcance, a los que cualquier usuario podía apuntarse salvo rechazo del administrador, y por el que circular información desde un punto hacia una comunidad.

Estas tres características hacen de Telegram una herramienta muy buena para la difusión de novedades, noticias o distribución de archivos, incluso de mucho peso. En este sentido es como un sistema de mensajería, pero sin duda el más adecuado para quienes quieran generar una comunidad con posibilidades de crecer. Por ejemplo, para dar a conocer información profesional o proporcionar instrumentos informativos a una audiencia concreta. Además, sus posibilidades de agrupar números casi ilimitados de usuarios en cada grupo hacen de este servicio una herramienta muy superior a otros sistemas de mensajería más familiares.