Diario de una estudiante: "Roles en las prácticas"

  • Esther Cacho Lobo
  • Editorial
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Cuando pasas más tiempo en el Hospital que en tu casa, las personas de las que te rodeas podrían llegar a ser parte de tu familia o incluso adoptar los papeles de aquellos que, bien por prácticas o por trabajo, no ves tan a menudo. Es por esto, que hoy vengo a hacer una comparativa entre la familia y el equipo del que te rodeas en las prácticas. Así, podríamos asumir que el tutor (adjunto) es el padre o madre, el residente es el hermano mayor y el equipo de enfermería esos tíos y tías a los que todos adoramos. De esta forma, el estudiante desempeña el papel de hijo pequeño. 

Un constante aprendizaje, en cadena y por imitación. El residente aprenderá de su adjunto todo cuanto sepa y este será quien abra camino al estudiante. Igual que en una familia donde la suerte del hijo pequeño es tener más referentes de los que poder aprender, siempre respaldado por su hermano mayor, que hace menos tiempo que vivió lo mismo. 

Padres (o adjuntos) hay de todo tipo, pero su objetivo está claro: dar lecciones y órdenes. De estas últimas su preferida siempre es “vete con el residente”, cómo no. Aunque también hay que decir que, normalmente, suelen ser ellos quienes nos aportan las enseñanzas más enriquecedoras, ya sea por experiencia o por sabiduría. Sin embargo, la mayoría de ellos se formaron y crecieron en “otra época” y por ello sienten cierta reticencia frente a lo que las nuevas generaciones tomamos como normal.

Benditos hermanos mayores (o residentes) que te acogen para protegerte y enseñarte, siempre desde una postura más cercana, por tener más reciente lo que tú hoy vives. Hace escasamente unos años, ellos también tuvieron que llegar nuevos a un servicio cada dos semanas, buscar a un médico al cual no ponen cara y pasarse las primeras mañanas corriendo por el laberinto que supone los pasillos de un hospital. Hoy, ellos ya son médicos y continúan aprendiendo, pero su rol ha cambiado, y se convierten en esa figura de “hermano mayor” que te abre las puertas a auscultar a un paciente, aunque previamente lo hayan auscultado tres personas más. Te vuelven a explicar la sistemática de exploración abdominal, te dan consejos para las memorias de prácticas y también para tu preparación MIR, y te descifran ese programa informático de  tu comunidad autónoma para el que parece necesaria una ingeniería informática antes de escribir un informe. 

Y el equipo de enfermería, con tanta vocación que a veces da hasta miedo, que te ve como su sobrino preferido y se encarga de darte ese cariño que, en ocasiones, te falta en tu “familia”. Te hacen los regalos más increíbles, porque sí, tú tienes una carencia asistencial y de contacto con el paciente que nadie va a paliar como ese enfermerx con vocación. 

A todos ellos solo podemos darles las gracias, por ser nuestra familia y formar parte de nuestro equipo, por enseñarnos todas las caras de la moneda y por guiarnos en nuestra formación. Y como último consejo: no hay ninguna práctica donde no aprendas algo, ya sea lo que el día de mañana quieres ser, o justamente lo contrario, lo que no quieres ser. Y por supuesto, ante la duda, acude a tu hermano mayor (residente). 

Esther Cacho Lobo es estudiante de sexto de Medicina en la Universidad de Extremadura.