Diario de una estudiante: “Memorias de prácticas”

  • Esther Cacho Lobo

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Toda práctica tutelada que realiza un estudiante durante su carrera va unida a la realización de una memoria, pero, ¿hasta qué punto tiene sentido hacerla? 

Quizás hacer estas memorias donde resumes cada uno de los pacientes es la mejor preparación para enfrentarnos el día de mañana a la realización de una historia clínica, a rellenar el evolutivo de un paciente al que hemos  visto en planta o a completar el informe de una intervención. En ellas aparecen todos datos relevantes sobre el paciente y su patología: sexo, edad, antecedentes personales, antecedentes familiares, enfermedad actual, exploración física, pruebas complementarias, diagnóstico, tratamiento y actitud ante la situación. Por eso, puede que el hecho de recoger este tipo de datos en una libreta del tamaño del bolsillo de la bata sea la mejor forma para aprender a seleccionar datos y a sintetizar esa información.

Si además comparas la repercusión que tiene la cumplimentación de la historia clínica con la que tiene la cumplimentación de la memoria, quizás podamos encontrarle aún más puntos a favor Una historia clínica es una muestra del proceso asistencial que se le ha prestado al paciente, el porqué de cada actuación y las conclusiones obtenidas de las mismas. Una memoria puede servir para lo mismo: para demostrar a tus tutores que has asistido, que te has involucrado, que has aprendido, y también sirven como feedback para evaluar la calidad de las prácticas que tenemos como estudiantes.

Hasta aquí todo parecen puntos a favor de la realización de la historia clínica, y es que, si esto se tratara de una estrategia de marketing, la información que le daría al que tiene que realizar estas memorias llegaría hasta el párrafo anterior. Pero no, no todo es tan maravilloso.

Para rellenar una memoria de prácticas necesitas todos los datos comentados anteriormente y, para obtener esos datos necesitas estar más tiempo escribiendo que haciendo u observando. 

Si estás en consulta, estarás más tiempo escribiendo en la libreta que mirando al paciente, perderás gestos e incluso frases.or estar sumido en tomar las notas suficientes  habrás perdido esa parte humana que se supone caracteriza a un médico. 

El estar tomando notas provocará que no te sea posible participar en la mayoría de las exploraciones, porque en los 5 minutos que ha explorado el adjunto al que persigues por el hospital se han dicho tantas cosas, que o escribes o exploras. 

Si estás en una intervención quirúrgica o en una prueba diagnóstica, dejarás de mirar, aprender y preguntar dudas clínicas, para apuntar o preguntar el nombre de la técnica de la que no te has enterado, el nombre del fármaco impronunciable que no sabes escribir. Sin quererlo, priorizarás el tener recogido todos los detalles de la técnica, sin saber el porqué de cada cosa, del uso de cada fármaco…

En definitiva, las memorias tienen cosas buenas, pero como todo en la medicina nada es al 100 %. Quizás el método está bien, pero habría que pulir esos contras, porque de nada sirve saber rellenar una historia clínica, si no sabes de medicina, explorar a un paciente o enfocar preguntas e interpretar respuestas.

Esther Cacho Lobo es estudiante de sexto de Medicina en la Universidad de Extremadura.