Diario de un estudiante: "Enfermando en el proceso de curar. ¿Dónde falla la cadena?"

  • Ángel Benegas Orrego

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Desde hace unos meses nos hemos visto inmersos en un vaivén de noticias en las que el eje central era la salud mental, con una expresión que a nadie le gusta. Por ejemplo, tan solo hace unos días, recibimos la trágica noticia de que un compañero nuestro, residente de anestesiología, decidió quitarse la vida. Acompañando a esta noticia un sinfín de comentarios llenaban las redes sociales y las asociaciones médicas más importantes del país se manifestaron en pro de la salud mental. 

“… se define como un estado de bienestar en el que el individuo se da cuenta de sus propias aptitudes, puede afrontar las presiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a la sociedad” es como la Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud mental. Además, encontramos dentro de la definición de salud de la OMS la palabra “prevención y promoción” pero, ¿estamos cumpliendo? ¿se enseña en la facultad? ¿dónde se aprende a prevenir y promocionar la salud mental? 

En España en el mes de julio, el suicidio alcanzaba lo más alto del pódium en cuanto a causas de muerte en jóvenes se trata, sobrepasando las expectativas de muchos de nosotros. Existen ciertos sucesos, o ciertas patologías, en las que no podemos intervenir y, únicamente, mejoramos la calidad de vida del paciente al que vemos, tanto como estudiantes como profesionales. Sin embargo, existen otras muchas en las que nuestra intervención es el mayor beneficio que puede recibir la persona que tenemos delante. En este segundo grupo de patología encontramos, bajo mi punto de vista, la mayoría de las agrupadas en el término de “salud mental”. 

En la sociedad en la que vivimos, hablar de salud mental es un auténtico tabú. Tanto, que se evitan completamente palabras como “depresión”, “ansiedad” e incluso “psicólogo”. Se mira raro a la persona que confirma estar tomando un antidepresivo asegurando su mejoría en cuanto a sintomatología se refiere, e incluso se escuchan frases como: “¿para qué voy a ir al psicólogo/a si estoy bien?”. 

Desgraciadamente y sabiendo que las comparativas son odiosas, es más importante que en una caída se fracture un dedo a que durante 2 semanas no haya disfrutado de actividades con las que antes si que lo hacía. 

En vistas de dar soluciones a este tabú desde numerosas asociaciones se han establecido estrategias y planes de acción para intentar frenar el modo en el que la sociedad plantea estos problemas. Por ejemplo, la fundación Galatea en Catalunya para apoyar al colectivo de profesionales de la salud y el programa PAIME puesto en marcha por la Organización Médico Colegial de España. Pero, ¿qué pasa entre el estudiantado de Medicina?

No hace mucho tiempo el Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina, junto con la Sociedad Española de Educación Médica realizaron un estudio entre el estudiantado de medicina nacional para conocer aspectos de la salud mental en este colectivo. Concretamente, preguntaron acerca de la Depresión, Ansiedad, Burnout y Empatía cuyas iniciales nombran este trabajo: proyecto DABE. Se trata de un estudio transversal multicéntrico en el que se analizaron los signos de las cuatro entidades anteriormente citadas en el estudiantado de las 43 facultades de Medicina que había en España en ese momento. 

Los resultados son preocupantes. 

Se analizó cada uno de los ítems y se obtuvieron datos que me permito poner aquí. Por ejemplo, un 37 % del estudiantado presenta burnout alto, entre los cuales, el 31,1 % refiere tomar algún psicofármaco. El 41 % del estudiantado de medicina del país presenta síntomas asociados a depresión, significativamente mayor en mujeres. El 11 % del estudiantado presenta, en grado variable, ideación suicida o autolítica. 

Con estos datos tan preocupantes cabe esperar que los problemas de salud mental están en todo momento con nosotros, pero no es hasta que avanzamos en nuestro proyecto de vida cuando se manifiestan e incluso pueden no llegar a hacerlo nunca. 

Por ello creo de vital importancia que en las facultades de Medicina de España seamos capaces de reconocer todo lo que hay detrás de cada estudiante, abordarlo de forma interdisciplinar y poner al servicio de los mismos puntos de atención psicológica con el objetivo de comenzar a construir una sociedad médica futura sin tabú en cuanto a salud mental se refiere. También considero de gran importancia el trabajo síncrono entre las entidades, consejos de estudiantes, decanatos de las facultades y propios servicios de Salud Mental de los diferentes servicios de salud para poder velar por una formación completa y de calidad. 

En cuanto al tema del suicidio, con el que iniciaba esta pequeña reflexión, ya se ha visto que la profesión médica es un colectivo que se encuentra especialmente en riesgo. Es por eso que hay que ayudar a la prevención del suicidio también entre los profesionales de la salud, mediante detección de deterioro de la salud mental (como cribados periódicos entre personal) y herramientas para ayudar al profesional enfermo. Pero no solo es necesario actuar ante la patología sino ayudar a prevenirla, analizando las causas y factores concretos que hacen que enfermemos.

Estamos enfermando en el proceso de curar y somos nosotros mismos los que pedimos ayuda. 

Ángel Benegas Orrego es estudiante del Grado en Medicina y miembro del Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM).