Diario de un estudiante: "El primer día en el quirófano"

  • Ángel Benegas Orrego

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Sin duda alguna, uno de los días más bonitos en cuanto a la formación médica se refiere es el primer día que nos vestimos con el traje quirúrgico para acceder a una cirugía. Suelen ser las prácticas establecidas en la asignatura de Patología Quirúrgica y, por norma general, se cursa en el primer semestre del tercer curso del grado. 

Al iniciar el curso ya sabes lo que te espera: vas a vestirte y vas a acudir a ver una cirugía. No muy lejos han quedado las prácticas con las pipetas de bioquímica, las prácticas con los cadáveres de anatomía o las horas empleadas para conseguir localizar los núcleos de las células en un corte histológico. 

Pero esta sensación va más allá. Después de dos cursos repletos de prácticas de laboratorio y de clases teóricas en las que sientes que estás aprendiendo de todo menos medicina, toca enfrentarse por primera vez al sonido del monitor cardiíaco durante una cirugía. 

Llegan las 08.00 de la mañana y ese día, en lugar de asistir con tus compañeros a la facultad, comienzas a recorrer los pasillos del hospital en búsqueda del área quirúrgica. La encuentras y comienza la odisea: debes encontrar, sin entrar, a tu tutor. Te proporciona todo lo necesario: el pijama, el gorro, la mascarilla (ahora un elemento diario), los patucos, te lleva hasta la puerta del vestuario y te indica el número de quirófano al que deberás acudir.

Mientras estás cambiándote, y si has tenido la suerte de conocer la patología a intervenir en el paciente, empiezas a intentar recordar (como mínimo) la definición. Intentas localizar en las páginas que has estudiado de Patología General la patología para poder entenderla mejor, saber los mecanismos fisiopatológicos e intentar montar en tu cabeza el puzzle de lo que será la cirugía. Terminas de cambiarte, coges tu fonendo y tu bolígrafo, tu papel para apuntar las anotaciones que consideres oportunas y te dispones a salir del vestuario. 

En ese momento te sientes actor de la serie “Anatomía de Grey” y decides inmortalizar ese momento. ¿Cómo no le vas a pasar una foto a tu familia y a tus amigos vestido de verde en tu primera cirugía? Eso sería delito y no lo puedes permitir. Ahora sí, con la foto enviada a todos tus contactos, ya estáas listo para seguir avanzando por el área quirúrgica hasta el quirófano. 

Cuando llegas donde tu tutor te había dicho, ya no le reconoces. Se ha vestido igual que túu y en ese momento, descubres una persona en la cabecera del paciente que es la que se encuentra dando órdenes. De forma tímida, comienzas a acercarte a cualquier mirada que cruzas, intentando que te digan dónde ponerte y qué puedes hacer o no mientras dure la cirugía. Maldito momento en el que decides acercarte, ya que tendrás una voz fuerte que te asustará y te hará sentirte en terreno hostil gritándote: “¡lo verde no se toca!”. 

Como puedes, te colocas detrás de todo el equipo médico y, en ocasiones, el cirujano se dirige a ti para decirte: “mira esta estructura, mira lo que vamos a hacer” sin darse cuenta que estás en tercera fila y que, realmente, no estás viendo nada. Finaliza la cirugía, e incluso antes, también se dirigirá a ti para decirte que ya te puedes marchar, que solo queda cerrar la herida y, en ocasiones, te da las gracias por haber asistido. 

Si has llegado hasta aquí, y eres un profesional que desempeña su función en los servicios quirúrgicos, me gustaría lanzarte una reflexión: como estudiantes “novatos” que entramos por primera vez en un hospital, lo que queremos es aprender, empaparnos y absorber toda la información que podáis darnos. Sabemos que no podemos realizar una cirugía con nuestras propias manos, pero el simple hecho de dejar que un estudiante se lave y se vista para poder estar a vuestro lado sin perder detalle de la intervención hará que ese estudiante se marche al finalizar la jornada con una sonrisa y una felicidad indescriptible.

Cuando asistimos a quirófano, normalmente, ya se nos ha enseñado a suturar. Entendemos que no podemos realizar la sutura de las coronarias en un bypass cardiaco, pero realizar la sutura de las heridas quirúrgicas en plano superficial sería un punto muy a favor del servicio. No podéis olvidaros de que antes de ser adjuntos, fuisteis estudiantes y estuvisteis en nuestro lugar. 

Ángel Benegas Orrego es estudiante del Grado en Medicina.