Depresión y filtros de Instagram.


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Aunque el artículo se publicó hace ya un par de años, sigue resultando muy original la aproximación que hicieron sus autores. Se trataba de saber si la presencia de ciertos rasgos, como la utilización de determinadas filtros sobre las imágenes que una determinada persona publicaba en Instagram, podía tener relación con un estado depresivo.

Comenzando por el principio, convendría recordar que a día de hoy Instagram es la red social que más crece y que más interés sigue recabando para captar nuevos usuarios. Lo que empezó siendo poco más que un sencillo repositorio fotográfico -en pocas cosas diferente a otros, como Flickr-, ha acabado por evolucionar hacia un monitor de tendencias y un espacio en el que cualquier vanidad o extravagancia tienen espacio. Por eso se ha convertido también en un objeto de análisis sociológico e incluso médico, en la medida en que trasluce aspectos relevantes del comportamiento humano.

Probablemente muchos de sus primeros usuarios empezaron a emplear Instagram porque era la primera aplicación que les permitía modificar sus fotografías con determinados filtros, algo que posteriormente incorporaron de manera nativa las propias cámaras de los móviles. Pero al principio, ofrecía la posibilidad de emular a los grandes fotógrafos y recrear un supuesto arte expresivo. Siendo Instagram una aplicación que sólo se puede usar desde el móvil -al menos para publicar las fotos-, se abre al campo más amplio de la imaginación y la oportunidad de captar momentos de todo tipo. Los filtros son capaces de añadir un tono lírico o poético (por ejemplo, mediante la transformación al blanco y negro o la distorsión cromática), o resaltar con mayor vivacidad los colores y contraste de aquellas capturas que se toman en momentos de ocio o buena compañía.

De manera que seguramente alguien se haya preguntado si la elección de un determinado filtro, en la medida en que nos permite acentuar rasgos relacionados con el tono afectivo con el que percibimos la realidad, está influenciado por el estado de ánimo, e incluso con la presencia de rasgos que sugieran una patología depresiva. Esto es lo que investigaron Andrew G. Reece y Christopher M. Danforth, de las universidades de Harvard y Vermont, en un análisis que  intentaba innovar una metodología para analizar los datos fotográficos de Instagram para detectar de manera específica la depresión. Veamos sus análisis y conclusiones.

 

Metodología.

Los autores se propusieron desarrollar un análisis de imágenes publicadas en Instagram por un total de 166 personas, pero haciéndolo a través de técnicas automatizadas, mediante un conjunto de métodos computacionales de aprendizaje automático, procesamiento de imágenes y otras disciplinas científicas de datos que permitían extraer indicadores psicológicos útiles a partir de las fotos. A partir de ahí, contrastar la fiabilidad de los métodos automáticos con los datos que puedan ser captados por evaluadores humanos. El objetivo era identificar y predecir con éxito los marcadores de depresión en las fotografías publicadas por los usuarios de Instagram, y si éste se podía hacer de forma computacional.

Para ello, intentaron validar una serie de hipótesis, a saber:

  • Hipótesis 1. Las publicaciones de Instagram hechas por individuos diagnosticados de depresión pueden distinguirse de manera confiable de las publicaciones hechas por individuos control sin depresión, utilizando exclusivamente valores extraídos automáticamente de fotos publicadas y de sus metadatos asociados.

  • Hipótesis 2. Las publicaciones de Instagram realizadas por personas deprimidas antes de la fecha del primer diagnóstico clínico se pueden distinguir de manera confiable de las publicaciones realizadas por individuos control sin depresión.

  • Hipótesis 3a. Las calificaciones realizadas por analistas humanos de las publicaciones de Instagram en relación con categorías semánticas comunes pueden distinguir entre las publicaciones realizadas por personas deprimidas y sanas.

  • Hipótesis 3b. Finalmente, las calificaciones realizadas por analistas humanos están correlacionadas positivamente con las realizadas mediante sistemas automatizados.

Para poder hacer este análisis -sin duda muy ambicioso- los autores invitaron a los participantes a contestar inicialmente a un cuestionario tipo de depresión y al mismo tiempo a facilitar sus claves de acceso a sus cuentas de Instagram, para que se pudieran acoplar a un análisis automatizado. Una aplicación especialmente diseñada permitió obtener una recopilación única de todo el conjunto de publicaciones de Instagram de los participantes. En total, se recogieron 43.950 fotografías de 166 usuarios, 71 de los cuales tenían un historial de depresión.

Además, se incorporó una valoración mediante evaluadores a los que se les pidió que  juzgaran hasta qué punto les resultaban interesantes, agradables, felices o tristes cada foto, en una escala continua de 0 a 5. Cada foto fue calificada por al menos tres evaluadores diferentes, y las calificaciones se promediaron entre ellos.

 

Resultados.

Los principales hallazgos obtenidos fueron los siguientes:

  • Las fotos publicadas por personas deprimidas tienden a ser más azules, más oscuras y más grises.

  • Cuantos más comentarios recibidos de las publicaciones de Instagram, más probable es que hayan sido publicados por participantes deprimidos (es decir, son fotografías que inducen más eficazmente los comentarios).

  • Una mayor frecuencia de publicación también se asoció con la depresión.

  • Los participantes deprimidos tenían más probabilidades de publicar fotos con rostros, pero tenían un número de rostros promedio más bajo por fotografía que los participantes sanos.

  • Los participantes deprimidos tenían menos probabilidades de aplicar filtros de Instagram a las fotos que publicaban.

Los autores señalan en la discusión de su artículo que aun con las muchas limitaciones de unos sistemas de análisis todavía incipientes, trabajos como éste pueden servir como referencia para una evaluación eficaz de la salud mental en una sociedad cada vez más digitalizada. De manera más general, estos análisis empíricos realizados con la metodología adecuada apoyan la idea de que los cambios importantes en la psicología individual se transmiten en el uso de las redes sociales, y se podrían identificar mediante métodos computacionales. ¿Estamos ante unas nuevas herramientas diagnósticas?