Decálogo de enfermería para detectar la violencia de género en los centros de salud


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El Consejo General de Enfermería (CGE), con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer, celebrado el pasado domingo, ha difundido entre los 300.000 enfermeros españoles un decálogo para que puedan detectar posibles casos de violencia de género en los centros de salud, como moratones, ansiedad o subidas y bajadas de peso repentinas.

El testimonio de mujeres víctimas de violencia y de esos enfermeros es la base del decálogo, que será distribuido a centros de salud y hospitales y permanecerá a disposición de todos los profesionales y entidades en la página web del CGE. "Es importante que actuemos y lo hagamos ya. Pero hacerlo, exige una reflexión y un análisis de la situación. Las enfermeras son el primer contacto con el paciente y somos clave en la detección de muchas situaciones de maltrato que permanecen ocultas tras las paredes de los hogares, explica al respecto la vicepresidenta del CGE, Pilar Fernández.

En 2004, la Organización Colegial de Enfermería ya aprobó una resolución en la que mostraba su rechazo absoluto a este tipo de violencia. "Las enfermeras deben instar a que se elaboren y apliquen procedimientos, medidas y legislación, además de desarrollar protocolos profesionales adecuados para la detección precoz de los malos tratos", expone la vicepresidenta del Consejo General de Enfermería.

La violencia de género es un problema social del que la enfermería "no es ajena". "Pero trabajando juntas, coordinadas, motivadas, concienciadas y sensibilizadas se puede conseguir que las actuaciones que se llevan a cabo sean eficaces. Las víctimas necesitan que hagamos todo lo posible como profesionales y como seres humanos. No podemos quedarnos impasibles ante las torturas que sufren cientos de mujeres a nuestro alrededor", añade Pilar Fernández.

Además del decálogo para la detección, desde el CGE se recuerda a los profesionales sanitarios las pautas de actuación ante un posible caso de maltrato tanto en el entorno sanitario como en una visita domiciliaria. El primer paso, explican, es aislar a la paciente del acompañante por si se trata del agresor y tiene miedo a hablar en su presencia.

Así, dan otras claves como que se encuentre en un ambiente donde se sienta segura y que respete su confidencialidad. Igualmente, aconsejan a los enfermeros "ponerse en su lugar, tener empatía". "No la juzgues, no critiques, no le preguntes por qué no le abandona, solo practica la escucha activa", recoge el protocolo de actuación.

Tras obtener todos los datos, el siguiente paso es aportar información y recursos disponibles en la comunidad autónoma, y ofrecer la ayuda del asistente social del hospital. Sobre posibles lesiones, piden a los médicos que en primer término atienda las físicas y psíquicas en caso de que les haya. Después, piden extremar la preocupación.

"Si la víctima no presenta lesiones que supongan un riesgo vital pero requiere un Informe Médico Forense, es muy importante tener cuidado hasta la llegada de dicho médico. Si ha habido penetración oral o pérdida de conciencia, no debemos darle agua hasta que no se hayan tomado las muestras. Es importante que nuestra actuación no destruya pruebas policiales. No lavarla, no administrarle sedantes orales, explicarles el porqué de nuestra actuación, informarles de que solo aportando las pruebas podremos conseguir que la Justicia se haga cargo del agresor. No dejarla sola", concluyen.