De la vacuna contra la Covid-19 al análisis para detectar el cáncer: los 5 logros científicos de 2020

  • José Gómez

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El 2020 será recordado como el año en el que un virus desconocido, el Sars-CoV-2, causó una hecatombe sanitaria sobre la que algunos científicos habían avisado pero para la que nadie estaba preparado. Desde que el coronavirus apareciese por primera vez el pasado mes de diciembre en la ciudad china de Wuhan, más de 77,6 millones de personas se han infectado en todo el mundo y alrededor de 1,7 millones han fallecido. En España, las cifras oficiales de Sanidad hablan de alrededor de 50.000 muertos, aunque si atendemos a los datos del Sistema de Monitorización de la Mortalidad (MoMo) del Instituto de Salud Carlos III, el número podría ser bastante mayor. 

En un contexto como éste, la comunidad científica internacional ha dedicado todos sus esfuerzos a investigar las características del nuevo coronavirus, las formas de transmisión, los síntomas relacionados con la infección y, sobre todo, los posibles tratamientos para combatirlo y frenar así la pandemia. Basta con poner “Covid-19” en PubMed, el mayor repositorio de estudios científicos del mundo, para encontrar más de 88.000 artículos relacionados con la enfermedad que han sido publicados a lo largo de todo este año. Un hito sin precedentes en la historia de la ciencia. Sin embargo, en lo que a la medicina y a la investigación se refiere, 2020 no sólo ha sido Covid-19. El año en el que la pandemia desafió a la humanidad, la ciencia moderna ha conseguido algunos logros destacables que no convendría olvidar, tanto por la importancia para millones de personas en todo el mundo como por el esfuerzo investigador que hay detrás de ellos.

Las vacunas contra la Covid-19
 
El descubrimiento del año ha sido el desarrollo de las vacunas contra el coronavirus. Así lo refrendó la revista científica Science hace apenas una semana en un editorial firmado por su editor, Holden Trop. Nunca antes la comunidad científica había conseguido desarrollar una inyección eficaz y segura en tan corto periodo de tiempo. La mayoría tarda entre 10 y 15 años en ser desarrolladas. La más rápida, la del virus de las paperas, se hizo realidad tras cuatro años de trabajo e investigación. Desde que el 10 de enero se publicase la secuenciación genómica del coronavirus Sars-Cov-2 hasta que el 16 de noviembre Moderna anunciase que su vacuna tenía una eficacia del 95% apenas han pasado 12 meses.
 
Sin embargo, la de Moderna no es la única inyección que ha demostrado ser eficaz y segura en la lucha contra el coronavirus. También las creadas por la farmacéutica Pfizer y la empresa biotecnológica alemana BioNTech, ya aprobada por la Agencia Europea del Medicamento (EMA), así cómo la diseñada por la Universidad de Oxford y la farmacéutica AstraZeneca, cuya autorización es inminente, han demostrado que pueden ser eficaces. Las dos primeras utilizan el ARNm del coronavirus para programar nuestras células con el objetivo de que desarrollen respuestas inmunes contra el Sars-Cov-2. En cambio, la tercera se vale de un adenovirus modificado del resfriado de los chimpancés como vehículo para fabricar proteínas virales y que se produzca la respuesta inmune. El desarrollo de estas y otras vacunas que están en camino ha sido posible gracias al conocimiento científico acumulado durante décadas y a la alianza que los gobiernos de todo el mundo han creado con empresas privadas para impulsar su desarrollo en un contexto de crisis sanitaria global. 
 
“Habrá tiempo para una exégesis de lo que salió mal. Pero por ahora, lo que salió bien es mucho más importante”, dice Trop en el editorial. Lo que salió bien es que los científicos de todo el mundo “se preocuparon y reorganizaron sus vidas para llevar el mundo a un lugar mejor”.
 
Nobel de Medicina al descubrimiento del virus de la hepatitis C
 
El 5 de octubre de este año, el Instituto Karolinska de Estocolmo anunció que los estadounidenses Harvey J. Alter y Charles M. Rice, y el británico Michael Houghton, eran los ganadores del Nobel de Medicina por el descubrimiento del virus de la hepatitis C. Las investigaciones llevadas a cabo por el primero de ellos e iniciadas hace décadas permitieron demostrar que un virus hasta entonces desconocido era el causante de la inflamación crónica del hígado en pacientes que habían recibido transfusiones de sangre. Michael Houghton, por su parte, consiguió aislar su genoma en 1989 en la sangre de chimpancés, un hallazgo gracias al cual pasó a conocerse como ‘hepatitis C’. Por su parte, Charles M. Rice, contribuyó con sus experimentos a demostrar definitivamente que el VHC por sí solo podía ser el causante de la hepatitis.
 
La lucha para eliminar esta enfermedad ha sido una carrera de fondo que ha durado años y en la que España ha tenido un papel importante. El pasado mes de septiembre, sin ir mucho más lejos, un equipo de científicos del Laboratorio de Hepatitis Virales del Centro Nacional de Microbiología del ISCIII publicó el primer mapa filogenético del genotipo más común de la hepatitis C en la revista Scientific Reports. En realidad, este es sólo un ejemplo del esfuerzo de los investigadores, que junto a la inversión realizada en España en tratamientos para eliminar la enfermedad, podría ayudar a conseguir que nuestro país eliminase el virus en 2023 o 2024, mucho antes del horizonte marcado por la OMS de 2030. 
 
África libre de poliomielitis
 
El pasado 25 de agosto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) decidió declarar a África como un continente libre de poliomielitis salvaje tras cuatro años desde que se documentaran los últimos casos en Nigeria. Se trata, en palabras del director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, de “uno de los mayores logros de salud pública de nuestra era”. Un éxito conseguido gracias a los esfuerzos de organizaciones internacionales, sanitarios, gobiernos y agentes sociales a través de la Iniciativa de Erradicación Mundial de la Poliomielitis, con campañas de vacunación masivas.
 
Actualmente, se estima que alrededor del 95% de la población de África ha sido inmunizada contra este virus altamente contagioso, para el que no hay cura, y que afecta principalmente a los niños menores de cinco años al aprovecharse de la debilidad de su sistema inmune. El contagio, que se produce de persona a persona y en condiciones de insalubridad, suele provocar la parálisis irreversible de las extremidades inferiores. La vacuna descubierta en la década de los 50 por el virólogo estadounidense Jonas Salk permitió erradicar el virus de la gran mayoría de regiones de Europa y América hace años. Sin embargo, este hito no ha sido posible en África hasta casi 70 años después. Afganistán y Pakistán son a día de hoy los únicos países del mundo en los que aún se siguen documentando infecciones.
 
La detección temprana del cáncer con un análisis de sangre 
 
El mes de julio trajo consigo uno de los artículos científicos más esperados del año. La revista Nature Communications publicó el estudio que detalla la creación de un test sanguíneo bautizado como PanSeer, que podría servir para detectar algunos de los cánceres más comunes -colorrectal, de esófago, estómago, pulmón e hígado- hasta cuatro años antes de que un paciente sea diagnosticado por primera vez en un hospital. No es el único trabajo científico que se ha publicado al respecto este año. El pasado mes de abril, otro estudio realizado sobre una muestra de más de 9.900 mujeres y publicado en la revista Science también vislumbraba esta posibilidad en el futuro. Toda una revolución si tenemos en cuenta que la supervivencia de los pacientes con cáncer se multiplica siempre que se detecte de forma temprana. 
 
De la misma forma, el tratamiento con olaparib (Lynparza), un inhibidor de la proteína PARP, sigue abriendo puertas a la esperanza para el tratamiento temprano de distintos cánceres. En 2016, un estudio publicado en The New England Journal of Medicine constató su eficacia para el tratamiento del cáncer de ovario tras la cirugía y la quimioterapia. En 2019, otro trabajo presentado en el congreso de la Sociedad de Oncología Clínica de Estados Unidos (ASCO) validaba un tratamiento de inmunoterapia contra el cáncer de páncreas en el que se utilizaba el olaparib. En 2020, la FDA daba un nuevo espaldarazo al fármaco de AstraZeneca al aprobar el tratamiento para los pacientes con cáncer de próstata con mutación por RHH.
 
Ni rastro de la gripe en 2020
 
El año 2020 no sólo será recordado por el drama de la Covid-19, sino por los efectos colaterales que ha tenido la pandemia en la incidencia de otras enfermedades, tanto de forma negativa como positiva. Es el caso del virus de la gripe, cuyo descenso en el número de contagios se ha notado en todo el mundo a consecuencia de las medidas de mitigación implementadas por las autoridades sanitarias. Pese a que la circulación del virus sigue observándose con atención a través del Sistema de Vigilancia de la Gripe en España (SVGE), “de momento persisten los bajos niveles de actividad gripal, lo que podría deberse a las medidas de control y distanciamiento social que siguen en vigor para el control de la pandemia de Covid-19”, explica el Instituto de Salud Carlos III.

El descenso de las cifras es realmente importante. Según el último informe del SVGE, en la última semana, los laboratorios dedicados a analizar la incidencia de la gripe no han detectado ningún caso entre las distintas muestras analizadas. En cambio, en la misma semana del año pasado, de las 112 muestras centinelas enviadas, 22 resultaron positivas, 50% del tipo A y 50% del tipo B. El aumento de la vacunación también ha podido jugar un papel importante en este descenso. “Este año, se están consiguiendo coberturas de vacunación antigripal mucho más altas que en temporadas previas. Es de esperar que esto también influya en el impacto de la gripe en la población, especialmente en grupos recomendados”, sugiere el ISCIII, que también admite que “aún es pronto para valorarlo”.