De la carcinogénesis a la cancerofobia


  • Editorial Univadis
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En España a veces parece que existe cierta sensación de satisfacción en relación con la sanidad. Es como si ya estuviese todo hecho. Por desgracia no es así. Aún queda mucho por hacer, en concreto con el cáncer. Tanto en la fase de prevención, como en el diagnóstico y tratamiento activo, y también en su manejo paliativo cuando se ya es incurable, e incluso en el abordaje social. Hace años parecía que el secreto del cáncer residía en conocer su causa, la carcinogénesis. Actualmente sabemos mucho más sobre la patogenia y etiología del cáncer, pero han ido apareciendo mas problemas, como la “cancerofobia”.

Si comenzamos con el diagnóstico y el tratamiento activo, al revisar los datos del Institute for Health Metrics and Evaluation (Instituto de Métrica y Evaluación Sanitaria) de la Universidad de Washington, responsable del Global Burden of Diseases, Injuries, and Risk Factors Study, el ranking más riguroso sobre sistemas sanitarios, observamos que, en lo relativo al abordaje del cáncer, estamos en una posición más bien rezagada en comparación con los países de nuestro entorno. Este instituto mide las tasas de mortalidad por causas que no deberían ser fatales en presencia de atención médica efectiva, centrándose en resultados claros y medibles. En 2018 se publicó el Global Burden of Diseases, Injuries, and Risk Factors Study 2016 de 195 países y España aparece en el puesto 19. Según su publicación, realizada en The Lancet, la sanidad española es óptima en el abordaje de las enfermedades infecciosas evitables y tratables, alcanzando también buena puntuación en la atención de las afecciones maternas, de patologías crónicas o en el tratamiento de la apendicitis y de las hernias. Pero los datos respecto al cáncer son menos halagüeños.

De acuerdo con el citado informe de 2016, en relación con otros países avanzados obtenemos las peores puntuaciones en la atención al cáncer, especialmente en determinados tipos potencialmente evitables o prevenibles: cáncer de piel (57 puntos), cáncer de cérvix (60), testicular (79), leucemia (82) y cáncer de mama (84) son algunos ejemplos. En concreto, en España sería preciso mejorar el acceso y la atención a determinadas neoplasias, muchas prevenibles, como el cáncer de cérvix o de piel. Tenemos que mejorar en prevención y diagnóstico precoz, así como en el abordaje de muchos tipos de cáncer en los que aún se puede aumentar más la supervivencia.

La siguiente parada la realizamos en la fase avanzada del cáncer. Por desgracia, en ocasiones se llega tarde o no existe un tratamiento que permita evitar el avance del cáncer. Es entonces cuando deben aparecer los cuidados paliativos, faceta esta en la que tampoco podemos presumir. En la última edición del Informe de la situación actual en cuidados paliativos en España (2014), se mostraba cómo dichos cuidados presentan numerosos déficits respecto a su calidad, cantidad y en cuanto a la disponibilidad de los recursos accesibles, tanto para el paciente terminal como para sus allegados (no debemos olvidar que el tratamiento del enfermo paliativo debe ser global, en lo físico, mental y hasta espiritual, sin olvidar además su entorno). En el mismo informe se señala cómo aproximadamente el 50% de los pacientes no había tenido acceso a los cuidados paliativos cuando habían sido precisos, un dato preocupante. Sólo dos comunidades autónomas, La Rioja y Cataluña, presentaban una ratio idónea de cobertura paliativa, es decir, una unidad de cuidados paliativos por cada 80.000 habitantes.

Como puede verse, no podemos presumir de prevención, de diagnóstico precoz ni de tratamiento del cáncer, como tampoco de los cuidados paliativos. La tercera cuestión son los aspectos sociales y culturales asociados al cáncer, ámbito en el que también queda mucho por hacer. Un ejemplo lo encontramos en la cancerofobia. Beatriz Moreno, psicóloga clínica especializada en oncología y en cuidados paliativos, explica la trascendencia de la cancerofobia, el miedo irracional a padecer un cáncer, en nuestra sociedad. Beatriz Moreno señala cómo “pese a que la supervivencia de los pacientes con cáncer ha aumentado de forma continua en los últimos años en todos los países europeos, como sucede por ejemplo con el cáncer de recto, de próstata o en el linfoma no Hodgkin, algunos estudios apuntan a que las cifras de cancerofobia en la población española van en aumento”. 

Por desgracia, debido a que el cáncer se ha llevado por delante a millares de jóvenes y seres queridos, aunque no es la enfermedad más mortal de nuestra sociedad (son las enfermedades cardiovasculares), el miedo al cáncer atemoriza y paraliza a muchos, hasta llegar a convertirse casi en un problema cultural. Según Beatriz Moreno “este temor causa un sufrimiento importante, tanto en personas que nunca han tenido cáncer como en personas que ya han tenido la enfermedad en el pasado y temen recaer en algún momento”. Un miedo que debe abordarse desde la comprensión, la cercanía y, si es preciso, el análisis psicológico. Nuevamente, como sucede con el resto de ámbitos descritos, con más y, sobre todo, mejores recursos.

En un editorial anterior señalábamos la importancia de la evaluación multidimensional en medicina, siendo primordial en oncología. El oncólogo, por muy actualizado que esté, necesita de buenos cirujanos, que sepan cuándo, qué y cómo operar; de patólogos; de unidades del dolor y de cuidados paliativos; de especialistas en imagen, rehabilitadores, psicólogos y trabajadores sociales, entre otros. Los que trabajamos en sanidad sabemos la importancia no tanto de disponer de medios y de todos los profesionales sanitarios, sino de que éstos trabajen en equipo. Hemos pasado de preguntarnos por la carcinogénesis a ver cómo tratamos la cancerofobia. La respuesta a todas estas cuestiones es la misma: con equipos coordinados.