¿Cuánto nos cuesta la salud?


  • Editorial Univadis
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Según la última Estadística del Gasto Sanitario Público, publicada hace menos de un año, el gasto sanitario público en España en 2017 fue de 68.483 millones de euros, el 5,9% del producto interior bruto (PIB), lo que representa un gasto per capita de 1.472 euros por habitante. El informe, realizado por la Subdirección General de Cartera de Servicios, se centra en el quinquenio 2013-2017, donde la media anual de crecimiento del gasto sanitario público fue del 2,6%. Desde 2013, año en que finalizó la tendencia bajista del gasto sanitario iniciada con la última crisis económica española, el gasto sanitario ha aumentado el 11,0%. Sin embargo, desde 2009 ha disminuido el 3,1%, lo que pone de manifiesto que aún persiste el efecto de las medidas extraordinarias adoptadas desde mayo de 2010 para reducir el déficit público. 

El 44,1% del gasto se destinó a cubrir las remuneraciones de los trabajadores, el 25,2% a gastos en consumo intermedio (bienes y servicios: alquileres, mantenimiento, suministros, material fungible, formación de personal, etcétera); el 17,6% a gastos en transferencias corrientes (principalmente recetas médicas, así como los reintegros para prótesis y aparatos terapéuticos); y el 11,1% a gastos en compras al sector privado a través de conciertos. El gasto que más se incrementó en el quinquenio 2013-2017 fue el de consumo intermedio, con una tasa anual media de crecimiento del 4,5%, seguido de las remuneraciones a los asalariados (2,2%) y las transferencias corrientes (1,8%). A pesar del incremento experimentado desde 2013, el gasto en remuneración a personal disminuyó el 3,3% respecto a 2009, lo que traduce las medidas de contención salarial adoptadas desde 2010.

¿En qué se gastan esos 68.483 millones de euros? Los servicios hospitalarios y especializados gastan el 62,1%, en farmacia se gasta el 16,4% y Atención Primaria el 14,2%, siendo significativamente mayor el incremento del gasto en atención especializada (1,5 puntos porcentuales durante el quinquenio), mientras que en Atención Primaria y en farmacia se ha producido un retroceso de 0,6 puntos. Y ¿quién lo gasta? Las Comunidades Autónomas, pues la sanidad está transferida, son responsables del 92,7% del gasto. Tras ellas se sitúan las Mutualidades de Funcionarios (3,1%), la Seguridad Social (2,4%), la Administración Central (1,0%) y las Corporaciones Locales (0,9%). 

El 44,3% del gasto sanitario se ha originado en tres Comunidades: Cataluña, Andalucía y Madrid, las más pobladas. Las Comunidades con porcentaje de gasto sanitario sobre su PIB más elevado son Extremadura (9,1%), Murcia (7,5%) y Asturias (7,3%), y las que menos gastan respecto a su PIB son Madrid (3,7%), Cataluña (4,6%) y Baleares (5,1%). Este esfuerzo presupuestario no se traduce directamente en el gasto sanitario por habitante, porque el PIB depende de la riqueza de cada región, de forma que las Comunidades Autónomas con mayor gasto sanitario público por habitante son el País Vasco (1.710 euros), Asturias (1.625 euros) y Navarra (1.608 euros), mientras que en el polo opuesto se sitúan Andalucía (1.153 euros), Madrid (1.254 euros) y Canarias (1.334 euros). Un gasto que asumen las Comunidades es la formación del MIR. En 2017 supuso 1.067 millones de euros, un incremento del 2,0% respecto a 2016, siendo máximo en Madrid (5,8% de la remuneración de personal) y mínimo en Navarra (2,5%). En todo caso, un gasto tremendamente eficiente para nuestro sistema sanitario.

Se han descrito los gastos directos, los que afectan directamente a la atención sanitaria, pero en realidad hay muchos más gastos que podrían tipificarse como indirectos: formación de los médicos y de otros sanitarios, medidas higiénicas (como la salubridad de las aguas y de los alimentos) y educativas (por ejemplo, las campañas contra el tabaco o las drogas). Tampoco están recogidos algunos gastos directos que no dependen del Ministerio de Sanidad, como la atención sanitaria a los españoles desplazados o el gasto sanitario en instituciones penitenciarias, que depende del Ministerio del Interior, salvo en los casos de Cataluña y del País Vasco, porque tienen transferida la gestión de este servicio.

Nuestra sanidad supone, décima arriba o décima abajo, el 6% del PIB, sin considerar los gastos indirectos y algunos directos. El 6%, ¿es mucho o poco? Este porcentaje nos sitúa en el puesto 17 de 30 países en la Unión Europea, donde la media de gasto es del 7,1%. Los países que más gastan son Noruega (8,5%) y Dinamarca (8,4%), y los que menos Chipre (2,6%) y Suiza (2,2%). Si analizamos los países más cercanos a España, Francia gasta el 8%, Italia el 6,8% y Portugal el 6%, como España. Un caso curioso es Estados Unidos, que gasta, aproximadamente, el doble que Europa y que otros países desarrollados en sanidad, con unos resultados mucho perores: menor esperanza de vida y tasas más altas de mortalidad infantil. ¿Adónde va el 17.07% del PIB que Estados Unidos destinó en 2016 a sanidad? Este elevado porcentaje se debe, en gran medida, al alto precio de los medicamentos y de los dispositivos médicos, al elevado coste de los procedimientos médicos y a que los salarios de los sanitarios, en concreto de los médicos, son superiores.

Saliendo del eurocentrismo, los datos de la OMS indican que el gasto en salud está creciendo más rápidamente que la economía mundial, representando el 10% del PIB mundial. El gasto sanitario mundial crece particularmente en los países de ingresos bajos y medianos, donde está aumentando el 6% anual (el 4% en los países de ingresos altos), duplicándose desde el 2000 el gasto público en salud por habitante en los países de ingresos medianos. Globalmente, los gobiernos se hacen cargo del 51% del gasto sanitario y más del 35% se sufraga mediante pagos directos (los pagos realizados por las personas para sufragar la atención recibida). Aunque la dependencia de los gastos directos está disminuyendo lentamente en todo el mundo, cuando la atención sanitaria depende de un pago directo se pone en riesgo dicha atención, especialmente en los millones de personas que viven en la pobreza o en la pobreza extrema.  Si aumenta el gasto público en salud, es menos probable que las personas caigan en la pobreza por acceder a los servicios sanitarios, algo que se calcula le sucede a 100 millones de personas anualmente.

¿Y qué nos deparará el futuro? Cada vez más y más gasto. Con las limitaciones que tiene un macroestudio de 184 países, el Global Burden of Disease Health Financing Collaborator Network, financiado por la Fundación Bill y Melinda Gates, estima que, si continúan las tendencias actuales, el gasto mundial aumentará de 9,2 billones de dólares en 2014 a 24,5 billones en 2040, siempre y cuando no lo impida ninguna catástrofe económica, bélica o natural. Se calcula que el gasto en salud seguirá aumentando en los países de ingresos altos, mientras que en los de ingresos bajos el crecimiento será menor (el 5,3 y el 4,2% al año, respectivamente). Las disparidades de gasto entre países fluctuarán notablemente y, así, los Estados Unidos y los Emiratos Árabes Unidos, con similar PIB estimado para el 2040, destinarán respectivamente el 18,5 y el 4,7% de su PIB a salud en 2040. ¿Y España? Las predicciones continúan situándonos a la cabeza en la eficiencia de nuestro sistema sanitario y en sus resultados. Que se cumplan las predicciones dependerá de nosotros.