Cuando intentas medir la calidad de tu sueño y eso te hace dormir peor.


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En esta misma sección hemos hablado en varias ocasiones de aplicaciones y dispositivos de uso personal que permiten evaluar la calidad del sueño. Desde aquellos sistemas más rudimentarios consistentes en una app que recoge los sonidos e interpreta una posible apnea (o ronquidos), hasta los más recientes consistentes en unas bandas que se aplican bajo el colchón y que pueden registrar un mayor número de variables, pasando por pulseras que extrapolan los patrones del descanso según los movimientos del brazo.

Precisamente, la última noticia ha llegado desde Apple, que acaba de anunciar que una empresa que adquirió hace unos años, Beddit, inicia un proyecto de evaluación por parte de aquellos de sus usuarios que quieran probar y comentar las características de su nuevo dispositivo, el Sleep Monitor. Se trata de una banda para situar debajo del colchón comercializada en diciembre a través de las tiendas Apple, lo que muestra el interés de la compañía del iPhone en este área. Buscan personas de entre 22 a 75 años dispuestos a compartir su experiencia a cambio de recibir actualizaciones y las últimas novedades en relación al dispositivo.

 

 

El guardián molesto.

Pero al mismo tiempo que aparecen cosas nuevas en este campo -a nadie se le escapa que disfrutar de un buen sueño y de manera regular es un elemento imprescindible para una vida sana, por sus implicaciones tanto psicológicas como somáticas-, se publican artículos que cuestionan de alguna manera este tipo de dispositivos de control, que pueden ser tomados como intrusos del sueño fisiológico… y condicionar que se duerma peor.

En efecto, algunos especialistas del sueño advierten que estas aplicaciones y dispositivos pueden no solo proporcionar datos inexactos, sino que incluso podrían servir para exacerbar los síntomas del insomnio. Se sospecha que preocuparse por los objetivos de sueño, cuando estos son cuantificados, puede empeorar los niveles de ansiedad a la hora de conciliarlo o mantenerlo a lo largo de la noche.

Incluso se ha creado una denominación para esta obsesión malsana por lograr un sueño perfecto: ortosomnia ( orthosomnia ). Fue acuñado por investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad Rush y la Escuela de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern en un estudio de casos publicado en 2017 en el Journal of Clinical Sleep Medicine.

La Dra. Kelly Baron, directora del programa de medicina conductual del sueño de la Universidad de Utah, piensa que los rastreadores de sueño pueden efectivamente ser útiles para identificar patrones, y ella misma emplea para monitorizar su descanso una pulsera Fitbit. Pero también ha detectado una tendencia por la que no pocos pacientes se quejan y preocupan basándose en datos de sus propios dispositivos, información que a menudo no está suficientemente verificada, por ejemplo en lo que este tipo de dispositivos y apps consideran “sueño profundo”, que es un concepto indeterminado y además algo que varía mucho según los individuos. Así, aparece un nuevo paciente obsesionado con sus resultados, que acude al médico y afirma no estar durmiendo lo suficiente y que le pasa algo.

Es verdad que las apps en este campo han desarrollado una terminología propia, que lleva a la confusión y apenas tiene sustento científico. Por ejemplo, conceptos como “porcentaje de deuda de sueño”, “descenso de ritmo cardíaco”, “ritmos de sueño”, “gráfico de interrupciones” o incluso las comparaciones con otros usuarios a través de las posibilidades sociales de las apps.

Por eso, un grupo de profesionales en Estados Unidos -con la Dra. Seema Khosla, directora médica del Centro para el Sueño de Dakota del Norte y presidenta del comité de tecnología de la Academia Americana de Medicina del Sueño entre ellos-, han constituído un grupo de trabajo para intentar mantenerse al tanto de todos los dispositivos y aplicaciones que aparecen en el mercado. Entendiendo que es positivo la mejora en la concienciación que promueve la nueva tecnología del sueño, se desconfía de los errores inducidos por los datos inexactos o el aumento de la preocupación que se puede asociar a un uso no adecuado de estos medidores.

En el estudio que ha dado origen al concepto de ortosomnia, los investigadores encontraron que algunos pacientes habían pasado demasiado tiempo en la cama para tratar de aumentar el periodos de sueño registrado, y que la app lo contabilizara de esa manera, lo que a la postre podría haber empeorado su insomnio inicial. Encontraron difícil persuadir a los pacientes para que dejaran de confiar en sus rastreadores de sueño, incluso si los números habían sido erróneos, y en cambio se dedicaran a promover una pauta de sueño más natural sin la sensación de estar siendo observado por un aparato.

 

 

Beneficios e inconvenientes.

Los investigadores de este grupo de trabajo creen que los rastreadores podrían, en general, sobreestimar la cantidad de sueño que se disfruta, especialmente si la cuantificación se consigue mediante algoritmos de evaluación de movimientos corporales, como los de los brazos. Si estás despierto en la cama pero lo suficientemente quieto, el rastreador podría pensar que estás efectivamente dormido. Existen también dispositivos de nueva generación que cuantifican la frecuencia cardíaca o la respiración y brindan una imagen más completa, aunque tampoco del todo validada científicamente.

Los fabricantes de dispositivos y aplicaciones de monitorización personal defienden su uso y también su precisión. El Dr. Conor Heneghan, director de investigación de Fitbit, afirma que pocas personas experimentan ansiedad extrema relacionada sólo con su sueño, según los datos que tienen analizados. De hecho, defienden que el seguimiento del sueño puede mejorar la percepción de la importancia que tiene establecer unas horas concreta para acostarse y despertarse. También puede poner de manifiesto los efectos que factores como el alcohol o el ejercicio pueden tener en los patrones de descanso. "Lo que estamos tratando de hacer es darles a las personas una herramienta para entender su propia salud del sueño", afirman desde estas empresas. Además, aportan estudios que se han hecho monitorizando grupos de voluntarios con sus tecnologías y con tecnologías de uso convencional, y parecen mostrar un grado alto de coincidencia en los resultados. Los creadores de cada aplicación o dispositivo son responsables de los algoritmos que los interpretan.

La FDA norteamericana no regula los rastreadores de sueño porque son dispositivos considerados de bajo riesgo y que solo ofrecen datos generales generales sobre algo que se considera como más cercano al bienestar que a la salud. En ningún caso los consideran dispositivos con capacidades diagnósticas.