Cuando el médico va al psiquiatra


  • Editorial Univadis
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Trabajar como médico supone la máxima exigencia. Diversos estudios han demostrado que los problemas psicológicos, el agotamiento y otras formas de angustia son comunes entre estos profesionales, con posibles consecuencias personales y profesionales sustanciales. Sin embargo, a pesar de que muchos médicos se ven afectados durante su desempeño profesional por problemas mentales, solo un 50% de estos casos pueden ser detectados. ¿Es muy alto el precio que pagamos por trabajar en algo que es nuestra vocación?

 

Los PAIME (Programas de Atención Integral al Médico Enfermo), creados en 1998, son programas “de médicos y para médicos” que precisan atención sanitaria, aunque están muy centrados en la enfermedad mental. Según datos expuestos en el V Congreso Programa de Atención Integral al Médico Enfermo, de 2013, el principal motivo de consulta a estos programas en Madrid es el desgaste profesional (48%), seguido de posible acoso (34%), patologías orgánicas (11%), depresión (6%), adicciones (3%) y otros (1%). Considerando que tanto el desgaste como el acoso se asocian a alteraciones mentales, podemos inferir que la mayor parte de las consultas a los PAIME están relacionadas con la salud mental (el 67% según datos del propio PAIME).

 

Las causas de la enfermedad mental pueden ser muy diversas, con independencia de que en la población hay una proporción de personas con alteraciones mentales, sean o no médicos (en los países de la Unión Europea, el 27% de la población adulta). Pero hay factores que afectan especialmente a los médicos, entre ellos el síndrome de desgaste profesional, estrés laboral derivado de la sobrecarga de trabajo, el mobbing o acoso moral, la difícil conciliación del vida laboral y personal, las crecientes agresiones recibidas, etcétera. Muchas de estas causas se relacionan con un aspecto esencial del ejercicio médico: la enorme responsabilidad inherente a nuestra profesión.

 

En cuanto a los diagnósticos sindrómicos, en el Congreso citado se dieron las siguientes cifras de un PAIME: adicciones (alcoholismo y drogas) 31%, trastornos ansioso-depresivos 29%, trastornos bipolares 11%, trastornos de la personalidad 12% y el 17% correspondiente a otras alteraciones psiquiátricas (somatización, psicóticos, etcétera). Aquí es importante señalar que algunos pacientes presentan patología dual (adicción y trastorno mental). Los mayores porcentajes de enfermedad mental (38%) se dan entre los 51 y 60 años, seguidos de los que tienen entre 41 y 50 (26 %). Por tanto, se trata de médicos con cierta experiencia, pero aún lejos de la jubilación.

 

La Dra. Beatriz Moreno Milán, psicóloga experta en desgaste profesional y en malestar psicológico del profesional, señala que “cada vez existe mayor conciencia de la alta prevalencia de morbilidad psiquiátrica entre los médicos y su relación con el entorno laboral. El médico se halla sometido a situaciones estresantes; en concreto, algunas especialidades médicas ponen de manifiesto un escenario emocionalmente demandante y potencialmente agotador, ya que el profesional se ve expuesto de manera constante al sufrimiento humano propio del proceso de morir”.

 

¿Qué especialidades son, tal y como explica la Dra. Moreno, las más expuestas y por tanto con más riesgo de padecer problemas mentales? Aunque no hay datos al respecto (los del PAIME son globales, no se especifica la incidencia por especialidades), podríamos pensar en los médicos que trabajan con más sobrecarga laboral y emocional, los que manejan la muerte en directo y han de adoptar decisiones difíciles. Entre ellos, por supuesto los médicos de familia, pero también los intensivistas, los oncólogos, los médicos que trabajan en urgencias o en cuidados paliativos, los psiquiatras o los internistas.

 

Ante este panorama se debe intentar hacer un abordaje integral y personalizado, tanto dentro del centro sanitario donde trabaja el profesional como fuera de él. En los centros sanitarios el protagonismo lo tienen los servicios de salud laboral, los cuales, en coordinación con psiquiatría, deberían trabajar en el tratamiento y además en la prevención de la patología psiquiátrica de los médicos, entre otras cosas intentando que las condiciones laborales sean las apropiadas.

 

Fuera de los centros sanitarios es la organización médica profesional, a través de sus Colegios, la que debe dar una respuesta. En España se realiza a través de los PAIME, implantados en los Colegios de Médicos. Asisten integralmente a los médicos que padecen, entre otras patologías, problemas psíquicos y/o conductas adictivas. En estos programas colaboran habitualmente psiquiatras, psicólogos, especialistas en medicina del trabajo, enfermería y también trabajadores sociales.

 

En España los PAIME atienden unos 250 casos anuales de trastornos mentales y de adicción. El 77% accede espontáneamente, otros lo hacen inducidos, y sólo el 1% tras una denuncia. Según datos del PAIME, el 90% se recupera y puede reincorporarse al ejercicio profesional. Sin embargo, en el 10% resulta difícil encontrar una respuesta satisfactoria. Se trata de enfermos especialmente complejos y reincidentes, el reto más complicado para los servicios de salud laboral y para los PAIME.

 

Los Estatutos Generales de la Organización Médica Colegial, en su Articulo 44-n, establecen la prohibición de ejercer la medicina cuando se “evidencien manifiestamente alteraciones orgánicas, psíquicas o hábitos tóxicos que incapaciten para dicho ejercicio, previo el reconocimiento médico pertinente”. Si cuidamos la salud mental de los médicos estaremos evitando errores y casos de mala praxis, lo que redundará positivamente en la calidad de la asistencia a la población. Los médicos deben recibir el tratamiento necesario para que puedan ejercer su profesión en las mejores condiciones y, si esto se consigue, se podrá garantizar que los pacientes sean objeto de una asistencia adecuada, guiada por una buena praxis.

 

La Dra. Moreno afirma que “el síndrome de desgaste profesional, así como los problemas más generales de salud mental, merecen consideración en las organizaciones sanitarias, no solo como reflejo del sufrimiento de los profesionales, sino también por la repercusión que puedan tener en la calidad de la atención a los pacientes”. Pero no hay que pensar únicamente en el paciente: el profesional en sí mismo ya es un objetivo; y recuperarle, devolverlo a la vida que ha elegido, es un éxito.

 

Finalizamos con la pregunta inicial: ¿estamos pagando un precio demasiado alto por trabajar en lo que queremos? Si además de trabajar, se cuidan un poco las condiciones laborales y se nos presta algo de atención, seguro es que no.