Cuando calienta el sol


  • Editorial Univadis
El acceso al contenido completo es sólo para profesionales sanitarios registrados. El acceso al contenido completo es sólo para profesionales sanitarios registrados.

Cuando en medicina hablamos de costumbres poco saludables pensamos en el tabaco, la mala alimentación o la falta de ejercicio. Sin embargo, hay otra serie de hábitos que también pueden resultar muy perjudiciales. A las puertas del verano conviene recordarlos, porque muchos de ellos son típicamente veraniegos.

Cuando viajamos es habitual mimetizarse con las costumbres locales, pero ¡ojo!, porque algunas pueden ser peligrosas. Un ejemplo lo encontramos en los baños en ríos poco salubres. El río Ganges recorre sus 2.525 kilómetros desde los altos del Himalaya hasta desembocar en el Golfo de Bengala. Para los hindúes el Ganges es una deidad que limpia los pecados y a su alrededor viven 400 millones de personas. Las atareadas vidas de estos 400 millones de almas dependen de sus aguas, por lo que el cuidado del río no es el óptimo. Los turistas que viajan por el norte de la India suelen visitar el Ganges en la ciudad ancestral de Benarés. Cada verano miles de visitantes se bañan en este río sagrado, lo que les expone a una enorme cantidad de contaminantes: salidas de cloacas y residuos industriales (a diario recibe 12.000 millones de litros de residuos, cuando sólo hay capacidad para tratar una tercera parte de ellos), restos de la ropa y de los cuerpos cremados en los funerales celebrados a orillas del Ganges, etcétera. Algunos turistas se conforman con tocar el agua, pero también los hay que hasta la beben. El Ganges, como otros ríos del mundo, rebosa de bacterias y otros microorganismos (hongos, parásitos) de los que es fácil infectarse. En algunos puntos el nivel de bacterias fecales por 100 mililitros supera las 50.000, cuando lo máximo recomendable para el baño son 500 y para el consumo es cero. Ergo… baño en el Ganges, infección segura.

Para adoptar costumbres locales peligrosas no es preciso viajar tan lejos. Si pensamos en España, son conocidas las fiestas de los pueblos y otro tipo de tradiciones, algunas de las cuales no están exentas de riesgo. El libro Crazy Competitions, editado numerosas veces, recoge tradiciones de diferentes países que pueden resultar peligrosas para la salud. Entre las tradiciones españolas “locas” se habla de los Sanfermines de Pamplona, de la Tomatina de Buñol, del carnaval de Entroido de Laza, donde se arrojan hormigas rojas, de la batalla del vino de Haro o de la carrera de tacones de las Fiestas del Orgullo Gay de Chueca. Las fiestas de los pueblos pueden ser muy divertidas, pero con alcohol, tumulto y exceso de adrenalina también pueden resultar arriesgadas. No olvidemos que en los Sanfermines han muerto al menos 16 corredores, los últimos Daniel Jimeno, corneado en el cuello en 2009, y Fermín Etxeberria, embestido violentamente en 2003. Entre las tradiciones españolas destacadas por Crazy Competitions destacan las fiestas de San Pedro Nolasco en El Puig (Valencia), donde colocan piñatas con ratas y caramelos en su interior. Los que las rompen no saben si hay caramelos o ratas muertas y cuando caen las ratas se las arrojan unos a otros, quién sabe con qué gérmenes en su interior.

Como seguramente no todos nuestros lectores estarán en edad de arrojarse ratas o de correr los Sanfermines, hablaremos ahora de algo más mundano: tomar el sol. Aunque somos médicos, no estamos exentos de la imprudencia ni de sufrir quemaduras veraniegas, sea en el mar, en la piscina o en una excursión turística. Aproximadamente el 25% de los turistas no adopta las medidas adecuadas de protección solar, algo especialmente peligroso en un país como España. No se debe olvidar que la radiación solar es la principal causa de cáncer de piel en nuestro país (78.000 casos anuales), hasta el punto de haberse incrementado su incidencia el 10% los últimos años y duplicado en 30 años. ¿Qué hay detrás de la imprudencia de no tomar medidas de protección solar? Desconocimiento, relajación y estética. Es importante incidir en la responsabilidad que tenemos con nuestra piel, y también con la de nuestros hijos, padres o pacientes. 

Como ya estamos en modo verano, hemos viajado a la India o a un pueblo playero y hemos tomado el sol, llega el momento de la comilona. Aunque sabemos casi todo respecto a los males provocados por excesos con la comida, conviene recordar algo: los “digestivos” no tienen nada de digestivo. Una costumbre muy típica después de un festín gastronómico es tomar un licor de hierbas, orujo o similar, porque “ayuda a hacer la digestión”. Si a una paella y un chuletón aderezados con vino tinto y tarta de queso le añadimos un chupito de licor de alta graduación, únicamente incrementamos el alcohol y las calorías. La sensación física inmediata puede ser fresca, porque el licor está frío y se cambia por completo de sabor, pero de ahí a pensar que el tránsito intestinal será mejor hay una larga distancia. Más aún si son dos licores, un gin-tonic y quién sabe qué más. Quien lo afirma no sabe lo que dice, bromea o simplemente quiere justificar por qué se toma un licor que en nada puede ayudarle a hacer la digestión.

Y una última costumbre poco saludable, transversal a todos nosotros, tengamos la edad que tengamos y estemos de vacaciones en El Puig, en París o en Benarés: mirar el móvil continuamente. Muchas personas sienten una verdadera desazón si se encuentran en zonas sin wi-fi ni cobertura, o si se dejan olvidado su dispositivo preferido, ya sea el móvil, la tablet o el portátil. Un estudio japonés investigó la relación entre el uso del teléfono móvil y el insomnio y la depresión en adolescentes. La utilización del teléfono móvil más de 5 horas al día se asoció con una duración menor del período de sueño y aumentaba el insomnio; y el uso del teléfono durante 2 ó más horas diarias en redes sociales y chats onlinese asoció con mayor riesgo de depresión. La pulsión hacia las tecnologías ha llevado a que se describa el “síndrome de la vibración fantasma del móvil”, el cual se produce cuando creemos sentir el sonido o la vibración del móvil cuando ni siquiera lo llevamos encima. De los malos hábitos descritos, el uso inapropiado del móvil parece el más inocente, pero debemos estar alerta, ya que puede convertirse en un verdadero problema para nuestra salud, tanto mental como física.