Crónica negra de la medicina


  • Editorial Univadis
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La medicina ha buscado siempre lo mejor para el ser humano. Restituir su salud y ayudarle, por ende, a ser feliz. Por este motivo a los médicos se nos ha considerado siempre personas altruistas, con ideales que nos acercan a lo mejor de la condición humana. No obstante, siempre ha habido excepciones que, tal vez, confirmen la regla del altruismo, precisamente por ser excepciones: los médicos crueles. La crónica negra de la medicina está poblada de elementos anómalos, de seres insólitos entre nosotros que han manchado nuestra profesión y, sobre todo, que la han desviado de su verdadero objetivo. En esta breve crónica negra de la medicina seleccionamos a los cinco médicos reales más perversos, porque hay otra crónica negra de la medicina con médicos de ficción, como el Dr. Frankenstein o Hannibal Lecter, que dejamos para otro editorial.

5. En el número 10 colocamos a Henry Webster Mudget. Hijo de granjeros emigrados del Reino Unido, Henry Webster se licenció en la Universidad de Michigan. Tras marcharse de Nueva York y Filadelfia por la muerte sospechosa de dos niños, en Chicago se cambió el nombre, llamándose Henry Howard Holmes, intentando así disipar su turbio pasado. Sin embargo, la bestia que llevaba dentro volvía a salir una y otra vez, y finalmente en 1895 fue declarado culpable por el asesinato de Benjamin Pitezel y sus hijos. A pesar de sus inconsistentes declaraciones, en la cárcel llegó a confesar 27 crímenes, revelando que estaba poseído por Satanás en algunos de ellos. Henry Webster fue ahorcado en 1896 sin mostrar nerviosismo ni miedo ante la horca. Su último deseo fue ser enterrado a tres metros de profundidad y cubierto de cemento por temor a ser profanado.

4. John Henry "Doc" Holliday. El cinematográfico “Doc” Holliday, retratado en decenas de western, nació en 1851 en el seno de una acomodada familia de Georgia y murió, con sólo 36 años, de tuberculosis pulmonar. Con 19 años recibió el título de doctor en cirugía dental por el Colegio Dental de Cirugía de Pennsylvania y en 1871 abrió una consulta en Atlanta. No están claros los motivos que le llevaron a dejar la odontología, pero pocos años después “Doc” Holliday se convertiría en un conocido pistolero y jugador. Es muy posible que los intensos síntomas de la enfermedad provocaran que perdiera la clientela y se refugiara en el juego. Al parecer la tuberculosis le hizo trasladarse al Oeste, buscando un clima más seco. Una de las hazañas más celebres de este pistolero fue el tiroteo en el O.K. Corral la tarde del 26 de octubre de 1881. Junto a Wyatt Earp, “Doc” Holliday se enfrentó a los hermanos Clanton y McLaury y, según las narraciones, fue responsable de la muerte de dos de sus contrincantes.

3. Alfredo Ballí Treviño. Este joven médico asesinó y descuartizó minuciosamente a un estudiante de medicina con quien mantenía una relación sentimental. Ha sido el último mexicano sentenciado a pena de muerte en México. Cuando fue detenido, Alfredo Ballí alardeaba de la minuciosidad de su crimen, siendo acusado de otros crímenes no resueltos. En la prisión de Topo Chico se entrevistó en 1963 con el reportero estadounidense Thomas Harris. Este periodista escribiría 25 años después El silencio de los inocentes, inspirándose en Alfredo Ballí para recrear al aterrador Dr. Hannibal Lecter.

2. Harold Frederick "Fred" Shipman. Ha habido muchos médicos condenados por crueles asesinatos: Hawley Harvey Crippen (ahorcado por asesinar a su esposa), Jeffrey Robert MacDonald (actualmente en prisión por matar a su esposa, embarazada, y dos hijas), Michael Swango (en cadena perpetua por asesinar a decenas de pacientes), Rüdeger Peter Oyntzen (en la cárcel por acabar con la vida de sus dos hijos en Mallorca antes de que pudieran vivir con su madre) o Jean-Claude Romand, aunque realmente no era médico (no había acabado la carrera, pero presumía de ser un afamado médico de la OMS). Jean-Claude Romand intentó suicidarse tras asesinar fríamente a su esposa, dos hijos (de 5 y 7 años) y padres. Este sádico no pudo consumar el suicidio y cumple condena en la prisión de Châteauroux. 

Sin embargo, el que se lleva la palma en maldad es Frederick Shipman. El “doctor muerte” fue acusado de matar a 218 de sus pacientes, pero sólo se pudieron comprobar 15 homicidios, por los cuales actualmente cumple 15 cadenas perpetuas consecutivas. Frederick Shipman es considerado uno de los mayores asesinos en serie de la historia contemporánea. Las sospechas se iniciaron en 1998, cuando la Dra. Linda Reynolds, que trabajaba en una clínica próxima a la del Dr. Frederick Shipman, denunció la elevada mortalidad de los pacientes del Dr. Shipman. Las víctimas eran casi siempre mujeres (el 80%) adineradas y en su amplia mayoría eran incineradas. Cuando el caso ya parecía cerrado por falta de pruebas, Angela Woodruff, una abogada hija de Kathleen Grundy, paciente del Dr. Shipman, denunció que su madre, fallecida en casa, en sus últimas voluntades la había desheredado, dejando toda la herencia al Dr. Shipman. El médico había sido la última persona en verla con vida y se había encargado de certificar la muerte. Cuando se exhumó el cadáver de Kathleen Grundy, se hallaron niveles tóxicos de morfina. Esta muerte permitió tirar del hilo de otros casos sospechosos, encontrándose niveles elevados de morfina en 15 enfermos certificados por el Dr. Shipman.

1. Josef Mengele. Este médico oficial de las SS representa lo peor de la crueldad nazi y del gremio médico. En Auschwitz seleccionaba a las víctimas para la cámara de gas y realizaba experimentos médicos sin ninguna consideración ética con niños, bebés, gemelos y sujetos con diferentes anomalías físicas. Su principal objetivo era demostrar la superioridad de la raza aria, ya que a través de los experimentos pretendía confirmar la hipótesis de que lo más importante era la herencia genética y no tanto los condicionantes externos. Sin olvidar las investigaciones que realizó, junto al también desalmado Dr. Sigmund Rascher, sometiendo a temperaturas extremas a presos de razas “inferiores”. Cuando Alemania iba a perder la guerra, Josef Mengele consiguió huir a Latinoamérica, logrando esquivar a los caza-nazis durante décadas, trasladándose de Argentina a Paraguay y finalmente a Brasil. Josef Mengele falleció plácidamente en una playa brasileña en 1979, siendo enterrado con un nombre falso. En 1985 se consiguió exhumar el cuerpo para poder ser identificado y que quedase así como símbolo de lo que no tiene que ser un médico.