Coronavirus, ¿y ahora qué?

  • Dr. Miguel Álvarez Deza

  • Editorial
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El mundo probablemente nunca será igual a como lo conocimos hace nueve meses. El coronavirus nos ha cambiado para siempre, a todos y de todas las formas posibles. La pandemia nos está dando unas lecciones inolvidables.

Ya nos ha cambiado la forma de saludarnos, el estilo de protegernos, la manera en la que nos comportamos,  el modo en que convivimos y hasta cómo celebramos.

La crisis de la Covid19 nos sitúa ante dilemas e incertidumbres y nos exige respuestas.

A estas alturas ya deberíamos haber descubierto varias cosas, como distinguir qué asuntos son importantes y esenciales; que la vida puede y debe ser más sencilla. 

Que tenemos que sacar lo mejor de nosotros mismos, para con nosotros y los demás. 
En nuestro entorno hay demasiada competitividad y las metas acaban siendo más de desarrollo personal (el éxito, el reconocimiento social, el dinero) que de desarrollo social y colectivo (ayudar, cooperar, ser más para dar más).

Que debemos trabajar los aspectos emocionales. Aumentar nuestra resiliencia con las tres A: aceptar la situación, adaptarnos a ella y tomar una actitud, siempre positiva, para mantener la ilusión y la confianza en el futuro, a pesar de todo.

Que hemos de ser responsables de nuestros actos, que tienen repercusiones en los demás y en la naturaleza. La naturaleza, al final, nos acaba pasando factura.

Que tenemos que trabajar juntos. Más que nunca es necesario tejer lazos de solidaridad, de ayuda, especialmente a los más vulnerables, para que nadie se quede atrás, para que nadie sea abandonado.

Que no nos salvamos solos. No cabe la huida individual, nos necesitamos los unos a los otros. Ahora deberíamos ser capaces de valorar más los servicios que prestan algunas profesiones, y de relativizarlo todo.

Esto es, entre otras cosas, lo que deberíamos haber aprendido con el coronavirus. Enseñanzas que nos pueden fortalecer y ayudar a ser mejores seres humanos en medio de esta pandemia.

No es fácil aprender a convivir bajo la presión que representan el distanciamiento social y las cuarentenas impuestas como métodos de contención de la pandemia y salvaguardar nuestras vidas.

Pero todo esto requiere voluntad. Y la voluntad es querer. Querer hacer las cosas que nos hacen bien.

¿Cuántos de nosotros imaginaron una realidad como la que estamos viviendo hoy? ¿Quiénes estaban realmente preparados para afrontar la pandemia de coronavirus

Resultará enigmático que nueve meses después sigamos cometiendo los mismos errores, presenciando como algunos hospitales y centros de salud vuelven a estar al borde del colapso y lamentando su falta de medios, mientras persiste la confrontación política de nuestros dirigentes., Iincomprensible la discordancia a la hora de unificar criterios que velen por la salud física y la salud económica, y por supuesto cuestionable, que frente a la desesperación de muchos, algunos decidan que la reivindicación de la libertad individual sea justificación suficiente para renunciar a todo civismo.

La pandemia no ha discriminado, todos hemos estado, estamos y seguiremos expuestos y si algo aprendimos con ella es que todos somos vulnerables,en todos los ámbitos, en todas las actividades y en todos los estratos sociales.

Ahora que los sentidos sienten sin miedo. Ahora que me despido pero me quedo.
Ahora que no hay vacunas ni letanías. Ahora que estoy más vivo de lo que estoy.
Ahora que nada es urgente, que todo es presente, que hay pan para hoy.
Ahora que no me mido con los demás. Ahora que, todos los cuentos, parecen el cuento de nunca empezar. (Ahora que.., J.Sabina)

El Dr. Miguel Álvarez Deza es médico especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública.