Contaminación y COVID-19: evidencias, sinergias y lecciones aprendidas ante futuras pandemias

  • Carla Nieto Martínez

  • Noticias Médicas de Medscape
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MADRID, ESP. Los efectos sinérgicos de COVID-19 y las partículas contaminantes; la teoría del contagio por aerosoles; el papel que juegan factores como la temperatura en la transmisión del virus; la información que aportan las aguas residuales o los problemas derivados de mala gestión de los residuos inherentes a la pandemia, fueron algunos de los temas que se trataron en la videoconferencia "Implicaciones ambientales de la COVID-19" organizada el pasado 27 de octubre por el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) de México dentro de su ciclo de videoconferencias dirigidas a los profesionales de la salud.[1]

En este foro se hizo una actualización y se analizaron los hallazgos más recientes aportados por investigaciones realizadas tanto a nivel mundial como por los grupos de investigación del Instituto Nacional de Salud Pública, destacando entre ellas las relacionadas con la transmisión del SARS-CoV-2 a través de aerosoles, un tema de plena actualidad y que, como destacó la Mtra. Karla Rangel Moreno, especialista en Ciencias de la Salud Ambiental y miembro de la Dirección de Salud Poblacional del INSP, genera no pocas controversias.

"Diversos autores han mencionado que la ruta aérea (en este caso los aerosoles) juegan un papel importante en la transmisión de la COVID-19 al ser altamente virulenta, siendo una vía dominante para la propagación de la enfermedad", dijo Rangel, quien aludió a un taller celebrado recientemente y en el que se reunieron especialistas de todo el mundo, quienes incidieron en la necesidad de incorporar la evidencia de la que ya se dispone sobre los aerosoles a las medidas de salud pública frente a esta enfermedad.

En el mismo sentido, el Dr. Horacio Riojas Rodríguez, director de Salud Ambiental del Centro de Investigación en Salud Poblacional del INSP, señaló que esta teoría ha tenido hasta ahora tanto detractores como defensores, destacando entre estos últimos al Dr. Mario Molina (Premio Nobel de Química recientemente fallecido), "quien dedicó los últimos meses de su vida a investigar esta vía de transmisión y, de hecho, hizo una publicación internacional al respecto que fue de gran utilidad para que la Organización Mundial de la Salud (OMS) repensara las medidas sobre el uso de mascarillas y otras herramientas para la protección frente al virus".

Partículas contaminantes, virulencia y mortalidad

En relación con esto, el Dr. Riojas Rodríguez comentó que actualmente hay en marcha distintas investigaciones dirigidas a determinar hasta qué punto el virus se puede adherir a las partículas más pequeñas, incrementando así su persistencia en la atmósfera, como ha ocurrido con otros virus estudiados previamente (SARS-CoV, virus sincitial respiratorio, sarampión), y comprobar si esto puede ser un factor transmisor del ARN del SARS-CoV-2 en el aire.

En línea con estos trabajos se encuentra un muestreo llevado a cabo en el metro de la Ciudad de México con el objetivo de averiguar la posibilidad de que las partículas suspendidas dentro de los vagones puedan contener el coronavirus "y, también, determinar la viabilidad de ese virus, es decir, si solamente se trata de ARN o en realidad es infectivo", apuntó este experto.

Como investigaciones muy reveladoras en este sentido, el Dr. Riojas Rodríguez se refirió a un estudio realizado en China que incluyó más de cien ciudades de este país, encontrándose una asociación significativa entre el número de casos nuevos de COVID-19 y las concentraciones de contaminantes atmosféricos diarios (partículas respirables y óxido de nitrógeno).[2] Conclusiones similares aportó otra investigación que analizó varias ciudades de Estados Unidos con distintos niveles de concentraciones anuales de contaminantes ambientales, cruzando después estos datos con la tasa de mortalidad por COVID-19.[3]

Según comentó el Dr. Riojas Rodríguez, en esta misma dirección se sitúan los resultados de una investigación que se está llevando a cabo desde el INSP en diez ciudades mexicanas, en la que se analiza la relación entre la contaminación crónica (promedios anuales), aguda (promedios diarios) y las muertes por el nuevo coronavirus:[4] "Se ha encontrado que por cada microgramo/metro cúbico de partículas suspendidas se incrementa hasta un 8% la tasa de mortalidad por coronavirus en estas ciudades".

La Mtra. Karla Rangel Moreno abordó esta cuestión desde la perspectiva de cómo la restricción en la movilidad de las actividades industriales a consecuencia del confinamiento provocó un descenso temporal de los niveles de partículas contaminantes en distintos países, "pero esta disminución fue temporal, recuperándose pronto los niveles de contaminación similares al estado prepandémico”.

Concretamente en la Ciudad de México se revisaron concentraciones de algunos contaminantes (monóxido de carbono, dióxido de nitrógeno y ozono) en el periodo comprendido en los meses de marzo y mayo.

"En el caso del dióxido de carbono, la disminución fue cercana a 50%; en el del dióxido de nitrógeno, descendió un 36%; pero respecto al ozono ocurrió al contrario, llegándose incluso a observar un aumento en la concentración durante el periodo de restricción de la movilidad", dijo el Dr. Rangel, para quien estos datos reflejan la importancia de tener en cuenta el impacto de los factores presentes en la contaminación atmosférica en el riesgo de aparición y de complicaciones de varias patologías, ya que alteran de forma importante la capacidad de respuesta del sistema inmunológico, "lo que puede influir en la progresión de los brotes de COVID-19 al aumentar la susceptibilidad del huésped a la infección vírica. Así, y al margen de la pandemia actual, estudios epidemiológicos han mostrado una asociación entre el incremento de los contaminantes y los ingresos hospitalarios debidos a infecciones respiratorias bacterianas y virales", añadió.

Bajada de temperaturas e "irrupción" de la influenza: panorama de riesgo

Un factor ambiental también en estudio es la influencia de la temperatura en la transmisión del virus. "Estamos haciendo una revisión al respecto y aunque la evidencia no es muy contundente, parece indicar que al igual que ocurre con otros virus, las temperaturas ambiente más bajas ayudan a que el SARS-CoV-2 sobreviva más tiempo en incubación", señaló el Dr. Riojas Rodríguez.

En esa revisión se incluyeron alrededor de 40 estudios epidemiológicos centrados en este aspecto, y de ellos, más del 70% reportan una asociación inversa entre la estabilidad del coronavirus y la temperatura ambiente.

En el marco de esta evidencia, la preocupación actual, según explicó el Dr. Riojas Rodríguez, se centra en cómo se van a cruzar otros factores de riesgo estacionales con el coronavirus. "Es conocido que en la mayoría de las ciudades mexicanas, sobre todo en el área centro-norte, las concentraciones de partículas contaminantes se exacerba hacia finales de diciembre y principios de enero por el fenómeno de inversión térmica".

"A esto se une el riesgo de transmisión de la influenza y una tendencia creciente de la COVID-19, que parece que no va disminuir en la estación invernal, debido al efecto de las bajas temperaturas en la viabilidad de los virus. Todo ello dibuja un panorama complicado que nos ha llevado a convocar reuniones regionales con el objetivo de concienciar sobre esta situación e incrementar las medidas de protección".

El Dr. Riojas Rodríguez también se refirió al papel que juega en este contexto la contaminación del aire por el uso doméstico de combustibles sólidos, responsable de aproximadamente 3,8 millones de muertes anuales y un aspecto a tener muy en cuenta en países como México, "ya que alrededor de 28 millones de mexicanos están expuestos actualmente al uso de leña, y muchos de ellos utilizan exclusivamente este material o lo combinan con gas licuado del petróleo u otro tipo de combustibles", explicó.

Para definir hasta qué punto este factor puede incidir en la pandemia, el INSP puso en marcha un estudio de las poblaciones que usan esta fuente de energía y las analizó en base a un índice de vulnerabilidad frente a la COVID-19, "gracias al cual  pudimos identificar los municipios en los que se utiliza el humo de leña prioritariamente, comprobando que se trata de poblaciones muy pobres y que tienen un riesgo mayor de vulnerabilidad y de mortalidad por COVID-19. De este documento surgieron varias recomendaciones que hemos empezado a discutir con algunos estados del país y que pensamos que pueden llevar a una intensificación de la prevención frente a la infección por SARS-CoV-2 en estos municipios", afirmó el Dr. Riojas.

El problema creciente de la gestión de residuos por COVID-19

Otra línea de investigación actual es el  análisis de la presencia del coronavirus en aguas residuales, una cuestión que surgió en los primeros tiempos de la pandemia al detectarse niveles cuantitativos de SARS-CoV-2 en aguas residuales crudas o tratadas, aguas residuales hospitalarias y lodos de plantas de tratamiento. Los estudios realizados al respecto constataron que los niveles cuantitativos de ARN viral en estas aguas se relacionaban con un mayor número de casos de COVID-19 en la zona.

"En la revisión que hemos realizado en el INSP sobre la disponibilidad del SARS-CoV-2 en aguas residuales lo que hemos encontrado básicamente es la presencia de una cantidad significativa de ARN del virus, pero aunque es una cuestión que está aún en estudio, la idea que se maneja actualmente es que se trata de una presencia no infectiva, esto es, que no se puede considerar como una vía de transmisión, pero sí como una herramienta de utilidad para el estudio y la vigilancia epidemiológica".

Asimismo, y como "efecto colateral" de las medidas anti-COVID-19, el Dr. Riojas Rodríguez se refirió al problema que está planteando la mala disposición y gestión de los residuos (mascarillas y equipo de protección, principalmente) tanto a nivel de salud pública como ambiental.

"La cantidad de residuos domésticos y hospitalarios ha crecido de manera considerable durante la contingencia sanitaria, dando lugar a una situación caracterizada por el aumento de la cantidad de desechos plásticos, la mezcla de recursos infecciosos con los de otro tipo, la falta de inventarios sobre residuos domésticos peligrosos y el incremento de la basura, vertederos ilegales y la quema al aire libre, un aspecto este último que es importante cuidar especialmente ya que puede generar contaminantes peligrosos, de ahí la necesidad de aumentar el control sobre estas prácticas", comentó el Dr. Riojas Rodríguez.

"Lecciones" medioambientales de la pandemia

Por otro lado, tal y como explicó la Mtra. Rangel Moreno al hablar del origen de la pandemia, alrededor de 75% de todas las enfermedades infecciosas humanas nuevas y emergentes se transmiten entre especies animales y alcanzan a los seres humanos, una evidencia relacionada a su vez con la forma en la que el aumento de la densidad poblacional altera los hábitats naturales. "Bajo este escenario, es importante considerar que los vínculos entre el medio ambiente, la biodiversidad y las enfermedades infecciosas emergentes son bastante complejos", señaló.

El Dr. Riojas Rodríguez comentó al respecto que la COVID-19 tiene implicaciones ambientales en su origen, porque se dio a partir de la degradación medioambiental y la forma inadecuada en la que nos estamos relacionando con las especies silvestres, deteriorando el ecosistema; en sus consecuencias, debido al efecto de interacción que se produce entre la acción del virus y la exposición a otros contaminantes, "pero también en sus soluciones, ya que nos hace plantearnos unas nuevas formas de consumir, de relacionarnos con la naturaleza y de producir".

En opinión del Dr. Riojas Rodríguez, todo esto define un escenario que requiere un replanteamiento, una actualización y una nueva práctica de los principios éticos de la salud pública y en particular de la salud ambiental.

"Los planes de recuperación tras la pandemia deben ir más allá de la detección precoz y el control de los brotes de la enfermedad. Tienen que dirigirse a las causas, analizando la forma en la que nos estamos relacionando con el medio ambiente, siendo éste uno de los puntos críticos para tratar de disminuir la probabilidad de nuevas pandemias".

En este sentido, puso como ejemplo algunas de las iniciativas que se han puesto en marcha en México en base a las "lecciones aprendidas" hasta ahora  en relación a los efectos del SARS-CoV-2: "Se está intentando aprovechar esta ‘oportunidad’, entre comillas, que proporciona la pandemia para optimizar la calidad del aire, mediante un mejor manejo de las emisiones de contaminantes, tratando de reorientar nuestras políticas al respecto. Este tipo de mejoras nos permitirá afrontar mejor ésta y eventualmente futuras pandemias. Otra medida en marcha es incrementar la promoción de la vacunación para influenza durante la temporada 2020-21", apuntó el experto.

El Dr. Riojas Rodríguez y la Mtra. Rangel Moreno declararon no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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Este artículo fue originalmente publicado en Medscape en español, parte de la Red Profesional de Medscape.