Consejos para cuidar la salud en el verano más caluroso

  • Andrea Jiménez

El acceso al contenido completo es sólo para profesionales sanitarios registrados. El acceso al contenido completo es sólo para profesionales sanitarios registrados.

En España el verano acaba de empezar, pero las olas de calor han llegado con un gran impacto. La que tuvo lugar entre el 12 y 18 de junio ha sido una de las más tempranas, intensas y extensas desde que existen registros, y la primera quincena de junio de 2022 ha batido el récord de la más cálida en España desde 1950. Según prevé la Agencia Estatal de Meteorología, en los próximos meses, la temperatura media rondará al menos 0,5 grados por encima de lo normal, anticipando uno de los veranos más calurosos y secos.

Ante tal panorama, expertos advierten de la importancia de proteger nuestra salud. En esta temporada hay que cuidarla y vigilarla más que nunca, sobre todo en aquellas poblaciones más vulnerables.

¿Quiénes deben estar protegidos especialmente del calor?

Los lactantes, los menores de cinco años y la gente de edad avanzada es una población muy vulnerable a las olas de calor. Pero también aquellos con patologías cardiovasculares, neurológicas, renales y respiratorias. Tras la exposición a altas temperaturas el cuerpo pierde mucha agua y sal, produciendo agotamiento y hasta deshidratación. 

Para mantener la hidratación se debe beber más líquidos, sobre todo agua, sin esperar a tener sed, procurar mantenerse frescos y evitar salir de casa durante las horas centrales del día, así como evitar comidas pesadas. Como señalan los expertos, hay que tener especialmente precaución con aquellos medicamentos que, debido a su mecanismo de acción y por sus efectos adversos, pueden alterar el balance hídrico de los pacientes que los toman, favoreciendo así la deshidratación, como es el caso de los laxantes, antiácidos, medicamentos para la hipertensión arterial, corticoides, antidiabéticos orales, entre otros.

Protegerse del sol piel siempre

Durante las vacaciones algunos optan por la montaña del norte y los lugares frescos, otros por las costas y la playas, exponiéndose a un mayor riesgo de desarrollar cáncer de piel.

Con el incremento de las temperaturas, los expertos aconsejan más que nunca cuidar la dermis. “Existen distintas radiaciones que llegan a nuestra piel y producen efectos nocivos (también algunos beneficiosos) sobre ella: la radiación UVA, por ejemplo, es la que impacta el envejecimiento prematuro, el fotoenvejecimiento. Provoca alteraciones en las fibras elásticas, en el colágeno. Y esta elastosis se manifiesta en forma de arrugas profundas, poro dilatado, sequedad y engrosamiento cutáneo. Al producirse una alteración en el colágeno, éste ya no retiene el agua con tanta facilidad y se produce el descolgamiento cutáneo o la flacidez”, señala José Luis Ramírez Bellver, jefe de la Unidad de Dermatología de Ruber Internacional Mirasierra y director médico de la Clínica Dermatológica Internacional (CDI), que acaba de lanzar la campaña #Notequemesconelsol2022 para concienciar sobre el cáncer cutáneo. Como destaca Ramírez, los rayos UVB son los que producen las quemaduras solares, “que son el mayor factor de riesgo prevenible para el desarrollo de algunos cánceres de piel”.

Los dermatólogos recomiendan siempre usar fotoprotector, pero en esta época es indispensable. “Aunque cada vez hay más concienciación, tengo todavía a diario pacientes que no son conscientes del daño que produce el exceso de radiación solar de manera mantenida en nuestra piel.  Vienen a tratarse las manchas, pero me preguntan si pueden tomar el sol, por ejemplo. También muchos adolescentes siguen teniendo como objetivo cada verano ponerse morenos, cuando se sabe que este fenómeno es un mecanismo de defensa del cuerpo para proteger el ADN de las células de la radiación solar, y por tanto debería evitarse”, apunta el experto, acostumbrado a explicar a sus pacientes “que pueden usar autobronceador, pero sin olvidarse después de aplicar el protector solar. Tendemos a asociar el daño solar solo con el cáncer de piel y, sin duda, es la consecuencia más grave y relevante, pero también, por suerte, la más infrecuente. Pero las manchas, arrugas, pérdida de elasticidad… es decir, el envejecimiento prematuro, ocurre prácticamente siempre que no se tiene una relación sana con el sol”, agrega el experto de CDI.

La fotoprotección es crucial para prevenir o reducir los daños potenciales asociados con la exposición a los rayos ultravioleta. “Hay que usar uno de mínimo SPF 30 y no olvidarse de la fotoprotección física, como gorras, sombreros, camisetas, gafas de sol... Así como evitar la exposición prolongada entre las 12-16 h”, señala Ramírez.

En algunos casos pueden ser útiles los suplementos orales a base de antioxidantes, “siempre como complemento y nunca como sustituto de la fotoprotección física, ya que pueden ayudar a reparar más rápidamente el daño producido por la radiación UV”, detalla el dermatólogo. Según señala, el índice de protección debería ser al menos de 30. “El de 15 protege, pero durante muy poco tiempo, habría que reaplicarlo con mucha frecuencia para estar protegido. Merece más la pena poner uno del 30 o 50 correctamente y poder olvidarse durante más tiempo de aplicarlo”, aconseja.

En verano y en zonas de mucho sol y para personas que estén muy expuestas, el dermatólogo recomienda que la crema sea del 30-50. “Aunque en zonas de menos sol, en gente que no se expone de manera mantenida o que lo hace a las horas adecuadas (antes de las 10-11, a partir de las 18-19h…) podrían usarse índices más bajos”, detalla.

Como apunta, las zonas sensibles que más debeamos protegernos son las orejas, dorso de manos y pies, escote. “También el cuero cabelludo de personas calvas o con pelo fino se quema con facilidad, y se debería proteger con gorra, sombrero… Además, zonas a las que normalmente no les da el sol, son más sensibles a la exposición aguda, como puede ser el pecho en mujeres que hagan topless”.

Según el experto, ahora que han aumentado las temperaturas hay que cuidarse la piel más que nunca.  “Utilizar tejidos que permitan la transpiración, evitar usar cremas muy densas o espesas, elegir texturas más fluidas, utilizar cremas barrera en zonas de roce (axilas, ingles…), evidentemente protegernos del sol de la manera comentada, así como asegurar una hidratación adecuada.

Cuidado con las intoxicaciones alimentarias

Los meses de verano constituyen, por otro lado, una época especialmente crítica para intoxicaciones alimentarias: las altas temperaturas favorecen el desarrollo de microorganismos. Por lo que se recomienda mantener los alimentos en el frigorífico y vigilar siempre las medidas higiénicas de conservación. 

Ejemplos de las infecciones más comunes en los meses de calor lo representa la Salmonella, E.scherichia coli, Campylobacter y Listeria, patógenos presentes durante todo el año, pero que crecen más rápido con el calor. Las altas temperaturas y la falta de higiene en la cocina, así como una inadecuada manipulación de los alimentos, potencia la aparición de las bacterias.

Entre los síntomas de la salmonelosis destaca la diarrea, vómitos, fiebre y dolor de cabeza y se calcula que un 50 % de los casos que se producen tienen su origen en el hogar. En España, donde es una enfermedad de declaración obligatoria, en 2020 se notificaron hasta 3.526 casos de salmonelosis en humanos.

Con el objetivo de evitar los riesgos de la infección a través de los huevos, es recomendable no lavarlos ya que, al ser su cáscara muy porosa, con la humedad se facilita la penetración de bacterias al interior. Por lo tanto, las recomendaciones se dirigen a no usar huevos rotos, conservarlos en la nevera, limpiar muy bien el plato donde se ha manipulado el huevo crudo y cocinar la carne bien.

Para prevenir la enfermedad por E. coli, presente sobre todo en carne cruda o poco cocinada, leche o productos frescos crudos, expertos recomiendan someter los alimentos a un proceso de cocción, evitar el consumo de leche no pasteurizada y de agua no potable, así como desinfectar siempre los vegetales crudos.

En el caso de la Listeria monocytogenes, una bacteria que se multiplica de forma rápida en alimentos refrigerados, leche cruda, verduras o productos en conserva, los mejores métodos de prevención pasan por evitar el almacenamiento prolongado de vegetales, incluso aunque sea a temperaturas de refrigeración, limpiar bien las superficies y utensilios con los que se ha manipulado los alimentos crudos y mantener una rigurosa higiene de la nevera. De forma general, evitar dejar los alimentos cocinados a temperatura ambiente es la mejor manera de que no proliferen los gérmenes. Con el fin de prevenir ciertas parasitosis, como la anisakiasis, por ejemplo, se aconseja mantener congelado el pescado durante cinco días a una temperatura de -20 °C o inferior.  

Como último consejo que brindan los expertos, no olvidemos que la apariencia del alimento siempre es un indicador de su estado. Muchas intoxicaciones alimentarias de las que se producen no se manifiestan en el deterioro perceptible de la comida.