Con la frente marchita

  • Dr. Miguel Álvarez Deza

  • Editorial
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La crisis sanitaria, social y económica generada por la pandemia de la COVID-19 ha empeorado de manera exponencial las condiciones de presión en las que el colectivo sanitario y el personal que presta servicios en este ámbito han tenido que desempeñar su trabajo.

Las agresiones a los profesionales sanitarios han crecido en 2020, un año marcado por la crisis del coronavirus, y siguen siendo una lacra sin resolver con un aumento de casos en los últimos años pese a las medidas legales, de seguridad y las técnicas de protección y persuasión que aplican los profesionales de la salud.

Esta agresividad por parte del paciente, no solo en el campo de la medicina, tiene que ver con la idea de que el trabajador público es un sirviente del ciudadano, y que este tiene derecho sobre el mismo. Violencia probablemente auspiciada por el miedo social al virus invisible, a la sensación de desatención, o la fobia al contagio.

El Informe de las Agresiones en el Ámbito Sanitario publicado por el Consejo General de Enfermería, se recoge la radiografía de las mismas: la mayoría de las agresiones suceden en atención especializada y son realizadas por un familiar del paciente en poco más de la mitad de los casos. La causa principal de las agresiones se debe a la insatisfacción de sus expectativas en cuanto a tiempos de espera o pruebas realizadas. Pero lo más grave es que la inmensa mayoría de los profesionales agredidos no presenta denuncia judicial (82%).

Los tipos de agresiones más frecuentes a los sanitarios son las amenazas, los insultos y las lesiones, por este orden. En 2018, según un informe publicado por la Organización Médica Colegial, las comunidades autónomas que han sufrido más agresiones fueron: Melilla y Andalucía. Estas agresiones son responsables cada año de casi un 17% de las bajas laborales del personal sanitario en nuestro país.

Es necesario averiguar las causas de este problema que padecen facultativos y enfermeros, los factores de riesgo y concienciar a la población sobre la importancia de respetar a este colectivo tan importante para la sociedad. Colectivo al que hace unos meses aplaudían todos los días y al que elevaron a categoría de héroes.

La violencia está provocando un desgaste psicológico muy importante que repercute en la calidad de la asistencia posterior que va a llevar a cabo este profesional, que no trabaja igual después de haber sido agredido. 

Se constata el aumento de nuevas formas de agresión al colectivo profesional sanitario al amparo de las redes sociales o de medios telemáticos, convirtiéndose en una nueva forma de agresión que debe ser abordada y tratada de manera urgente, ya que repercute de manera directa en la salud laboral de este colectivo y, por ende, en la calidad de un servicio esencial a la ciudadanía.

Si buscamos el origen de estas agresiones, nos podemos encontrar con las eternas listas de espera, las demoras en urgencias y en las consultas, y si algo es evidente para cualquiera que se acerque a la sanidad pública es la masificación que padece. 

También se habla de negligencias, se tiende a culpar de cualquier muerte a los médicos que lo han atendido. No se acepta que por muchos avances que tenga la Medicina, todavía no hemos conseguido la inmortalidad de los seres humanos, y que la muerte sigue siendo la evolución natural de muchas enfermedades.

Pero probablemente las verdaderas causas de las agresiones son otras muy distintas. La sanidad es universal en España, lo que implica atender a gente cuya forma de vida por elección, por cultura o quizás por falta de medios económicos, son violentos. Violencia que también se manifiesta cuando acuden al medio sanitario. Hay quien piensa que a través del miedo, de la agresión, de la amenaza o del insulto conseguirá una mayor atención y de más calidad.

Hay otros casos de violencia sanitaria donde la causa de origen es la propia enfermedad del paciente, como las enfermedades mentales. En otros casos es la ideología subyacente. Como los casos de xenofobia con compañeros nacidos fuera de nuestras fronteras, o los casos de machismo, con más agresiones a las sanitarias respecto a sanitarios.

Y nos queda una causa que es quizás una de las más importantes. Se enseña a la población que tiene derecho a todo, y que no tiene obligación de nada. 

“Ya llovió, desde aquel chaparrón hasta hoy. Iba cada domingo a tu puesto del rastro a comprarte carricoches de miga de pan, soldaditos de lata…” (Con la frente marchita, J. Sabina)

El Dr. Miguel Álvarez Deza es médico especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública.