Cómo son las apps trazadoras de Alemania, Japón y Reino Unido.


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Muchos países están definiendo sus estrategias de control de la epidemia de coronavirus una vez superada la fase más aguda de su incidencia, y el modelo que se quiere seguir para el control de posibles brotes es el denominado “de las tres Ts”: test, track and trace.

Lo que este modelo propugna es poder encontrar los pacientes sintomáticos lo antes posible, realizar tests de confirmación, y hacer una traza de los contactos que haya tenido cada caso índice, para evaluar su eventual estatus clínico e inmunológico frente al virus o establecer medidas de aislamiento. La idea es que se pueda limitar lo más posible la propagación comunitaria a través del control de los brotes.

Es en esta estrategia en la que adquieren sentido las aplicaciones trazadoras, que permiten disponer de la información de los contactos que ha tenido cada usuario gestionada desde un teléfono móvil, e integrar en un sistema único la información necesaria para poder actuar de una manera rápida. 

Hacer la traza de los contactos a través de una aplicación de uso requiere poder contar con un buen grado de colaboración de los usuarios -que deben saber para qué la usan y cómo funciona- y que el número de personas que instalen y activen la app sea significativo.

Recientemente varios países han presentado las características de sus nuevas apps trazadoras, y estos son los ejemplos más representativos de lo que se está haciendo en este campo.

Alemania.       

Alemania acaba de presentar su aplicación oficial de rastreo de coronavirus, y lo primero que se han apresurado a decir las autoridades sanitarias es que es tan segura que incluso los ministros del gobierno la van a emplear. Sin embargo, sus propios desarrolladores reconocen que aún no es perfecta y siguen trabajando en mejorar las versiones.

En Alemania han tenido que superar no sólo los problemas técnicos de desarrollo de la aplicación, sino considerar especialmente los impedimentos legales y culturales relacionados con la privacidad. En aquel país, el derecho de una persona a disponer de sus propios datos, incluso después de la muerte, está asentado en la Constitución, y seguramente el principal  desafío que han tenido para promover el usos de este sistema consiste en ofrecer un modelo de uso que lo garantizara al máximo. 

De hecho, la primera intención del gobierno consistía en poder usar la información de geolocalización obtenida de las antenas de telefonía y del GPS de los móviles, pero este modelo tuvo una alta contestación social. "El seguimiento de la ubicación de una persona en tiempo real nos recuerda a China y su sistema de vigilancia", dijo Frederick Richter, director de la Fundación Independiente para la Protección de Datos de Alemania.

Al igual que muchas otras aplicaciones de rastreo europeas, el modelo por el que finalmente ha optado de Alemania se basa en el sistema Bluetooth. Mediante este sistema de conectividad, la aplicación escanea el entorno del usuario y registra qué otros teléfonos que también la tengan instalada están cerca y durante cuánto tiempo se ha producido esa cercanía.

La aplicación alemana se llama "Corona-Warn-App". Si alguien que usa la aplicación es testado y da positivo para Covid-19, el sistema se encargará de informar a otras personas que hayan estado cerca durante al menos 15 minutos para prevenirles sobre la posibilidad de que ellos también puedan estar infectados.

Los desarrolladores dicen que en sus pruebas preliminares identificaron correctamente el 80% de los contactos de las personas. Aun así hay un 20% que no fueron reconocidos, probablemente por la imperfección en el sistema de medida de los 2 metros de distancia con los que se ha querido configurar el modelo.

El ministro de Sanidad alemán, Jens Spahn, dijo que "Esta aplicación no es una panacea, no ofrece ningún salvoconducto”, y que durante un buen tiempo aún se requerirá el uso de máscaras faciales y habrá que hacer rastreos por métodos tradicionales. "Pero es una herramienta importante para contener la pandemia", considera. Lo que más le preocupa es que probablemente haya un aumento en las personas que querrán hacerse la prueba debido a la aplicación. Pero "prefiero hacer demasiadas pruebas que muy pocas pruebas", añadió Spahn.

El gobierno alemán dice que su aplicación costó 20 millones de euros en su desarrollo, y requerirá otros 3 millones de euros por mes para operar. Está disponible en alemán, inglés y turco.

Japón.

El gobierno de Japón también ha lanzado una aplicación de rastreo de contactos de coronavirus para iOS y Android. Ambas versiones se basan en la plataforma desarrollada conjuntamente por Apple y Google, y por tanto utiliza Bluetooth para ayudar a determinar si los usuarios han estado en contacto cercano con otras personas que hayan dado positivo por COVID-19.

En la tienda de aplicaciones simplemente se denomina "Aplicación de contacto COVID-19", aunque coloquialmente se le llama COCOA. Fue desarrollado por ingenieros de Microsoft, contratados en mayo después de que se conociera el modelo de Google y Apple. Justo en ese momento se abandonó un desarrollo propio que realizaba un equipo desde Tokio, y se traspasó el proyecto en favor de una iniciativa de mayor alcance.

COCOA no almacena información personal, como el historial de ubicación o números de teléfono. Pero sí registra datos encriptados que pueden identificar los terminales telefónicos que han estado a menos de un metro durante más de 15 minutos. De esa manera, cuando una persona es diagnosticada como un caso positivo por coronavirus, esos otros usuarios reciben una notificación de aviso.

El brote de coronavirus de Japón ha sido relativamente pequeño considerando el tamaño del país. Han registrado unos 140 casos por millón de habitantes, en comparación con 6.779 en los Estados Unidos o los 1.060 en todo el mundo. El gobierno japonés ya está levantando las restricciones para los desplazamientos y en paralelo está promocionando el uso de COCOA.

Reino Unido.

Es el país que más cambios estratégicos ha tenido en la manera de construir su aplicación, pero también uno de los primeros que se planteó su uso.

Hace pocos días, el gobierno anunció que abandonaba su anterior proyecto de aplicación de rastreo para coronavirus y se encomendaba al modelo basado en la tecnología proporcionada por Apple y Google, precisamente porque consideran que es más seguro y respetuosos con la privacidad. La contrapartida será que los epidemiólogos tendrán acceso a menos datos de los usuarios.

No obstante, el proyecto avanza lentamente, e incluso se plantea como plazo en el horizonte el próximo otoño. Mientras tanto, los británicos tendrán a su disposición una app más sencilla que simplemente les permitirá cotejar los síntomas y solicitar pruebas diagnósticas. 

En Reino Unido son conscientes de que la mayoría de los países europeos (por ejemplo, Alemania, Italia y Dinamarca) están cambiando desde los modelos llamados “centralizados” (con una base de datos común), a uno “descentralizado” (en el que la base de datos sólo almacena los códigos de identificación de los usuarios, a los efectos de realizar la traza de los mismos). En este modelo, la tecnología de Apple y Google está demostrando que es la más adecuada tanto por su utilidad como por su integración nativa en los sistemas operativos de los móviles, y de ahí el cambio de criterio de las autoridades británicas. El NHS, al ser pionero, ha tenido la suerte de poder probar ambos sistemas y ha comprobado que el modelo de Apple y Google es más preciso en la detección de los contactos, aunque algo menos en la apreciación de las distancias que los definen.

El secretario de Salud británico, Matt Hancock, ha dicho que no piensa recomendar el uso de una aplicación de rastreo de contactos "hasta que tenga confianza en ella". 

Una ventaja añadida del sistema descentralizado es que permite que la aplicación sea compatible con las de otros países basadas en el mismo sistema, como la de la República de Irlanda o Alemania. Sólo Francia parece mantener la idea de una app centralizada, lo que por cierto no está bien visto por la Comisión Europea, que aboga por la adopción de un estándar común en todos los países del continente.