¿Cómo prevenir problemas de salud mental en los refugiados?

  • Andrea Jiménez

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Las secuelas en la salud mental constituyen algunos de los primeros efectos en los que derivan guerras como la está viviendo Ucrania. Según señala la Organización de Naciones Unidas (ONU), uno de cada 11 individuos (es decir, el 9 %) que ha vivido bajo un conflicto bélico o violento en algún momento de los 10 años previos, padece un trastorno mental de moderado a grave.

Antes de que se intensificaran la intervención militar y la violencia, la población ucraniana ya contaba con una alta prevalencia de trastornos mentales, destacando especialmente la incidencia de depresión, superior a la media de otros países de la región. En 2020, el organismo internacional había incluido a Ucrania en un programa especial para mejorar la atención a los pacientes con enfermedades mentales debido a su elevada carga.

Médicos del Mundo, una organización que empezó a trabajar sobre el terreno cuando estalló la crisis humanitaria en el 2014en el último mes ha fortalecido su programa de área de salud mental en la zona, sumando al equipo más personal especializado. 

 “El programa que ya funcionaba se sigue conservando y lo estamos ampliando a otras zonas del país. Nuestra labor se dirige, sobre todo, a supervisar y formar al personal nacional en los centros de Atención Primaria”, explica José Felix Hoyo, vicepresidente de la ONG. “Estamos desplegando más personal en las fronteras de Polonia, Rumanía y Moldavia, donde hay bolsas de refugiados y se están abriendo misiones”, detalla.

Como señalan diversos estudios realizados sobre la prevalencia de los trastornos psicológicos en situaciones de conflicto, en cualquier momento de una guerra el impacto en la salud mental de la población (depresión, ansiedad, trastorno de estrés postraumático, trastorno bipolar y esquizofrenia) puede alcanzar porcentajes preocupantes. Una investigación llevada a cabo por la Universidad de Yale estima que la prevalencia de trastornos mentales en Ucrania a lo largo de la vida llegaría al 30 %.

Estos resultados se refuerzan por los datos del comunicado emitido por la organización Mental Health Europe, que advierten de las graves consecuencias a largo plazo que puede tener la guerra en el desarrollo de patologías mentales en los niños y jóvenes implicados, y que destaca la alta incidencia que la depresión, el trastorno por consumo de alcohol y el riesgo de suicidio tienen ya en Ucrania. Mientras en el resto de la región de Europa del Este la prevalencia de la depresión es menor al 3 %, en este país es mayor del 3,4 %, llegando al 6,5 % en las personas mayores de 70 años. De acuerdo con el comunicado anterior, esta alta prevalencia está asociada a la situación política, extremadamente tensa desde hace años. “La atención mediática se está poniendo ahora, pero es un conflicto de gran intensidad que lleva años activo”, recuerda Hoyo.

Además de proporcionar alarmantes datos sobre la incidencia de trastornos mentales en el país en guerra, la organización Mental Health Europe apelaba a la necesidad urgente de invertir en medidas para la prestación de apoyo psicológico y social.

La importancia de una correcta intervención psicosocial

Según la Agencia de la ONU para los Refugiados, ACNUR, más de 4 millones de personas han huido de Ucrania desde el inicio de la invasión rusa. Cómo planear y gestionar la acogida de esta población, tanto a corto como a largo plazo, es uno de los aspectos más importantes que implica la respuesta que deben dar tantos los gobiernos como las ONGs. 

Como indica un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) con recomendaciones políticas para la promoción y atención de la salud mental en refugiados y migrantes, las personas que viven en un país de acogida durante más de cinco años tienden a mostrar tasas más altas de trastornos depresivos y de ansiedad que las poblaciones del país anfitrión. “Es muy importante no caer en estigmatizaciones e informar que, con una buena intervención social, la mayoría de ellos se recuperan pronto”, aclara el vicepresidente de Médicos del Mundo, cuyo plan de intervención psicosocial cuenta con un enfoque de pirámide. 

El nivel principal se dirige a garantizar los derechos humanos. “Una persona no puede conservar la salud mental si no tiene agua o acceso a alimentación adecuada, saneamiento y servicios de salud. Las personas que huyen de su país tienen que estar protegidas y sentirse seguras en todo momento”, explica Hoyo, quien reclama unos requerimientos mínimos que respeten la dignidad humana en todo el proceso de migración, “desde que se desplazan a través del país de origen, mientras cruzan la frontera y hasta llegar a destino”. Según el cooperante, las normas mínimas de protección están desde hace tiempo especificadas en los estándares del Proyecto Esfera, una de las guías que se utilizan en el marco de intervenciones humanitarias. 

Integración social y derecho al empleo: medidas para prevenir trastornos mentales

Las mayores tasas de prevalencia de los trastornos mentales en refugiados y migrantes a largo plazo están asociados con la falta de integración social y con el desempleo. Motivo por el que el segundo escalón de la intervención psicosocial debe incidir en el plano comunitario. “Las personas que llegan a un nuevo lugar deben tener la oportunidad de relacionarse con su comunidad de origen, así como con estrechar lazos con el país de acogida. Para ello se deben ofrecer recursos específicos para derribar los factores limitantes, como la cultura o la lengua, entre otros”, manifiesta Hoyo.

Entre las medidas que recomienda el informe de la OMS destacan los servicios de interpretación de alta calidad para superar las barreras del idioma, considerar la colaboración con mediadores culturales según sea necesario y la capacitación de profesionales en la comunicación con refugiados y migrantes con problemas de salud mental. El documento del organismo internacional también señala como fundamental la promoción de programas escolares para niños, particularmente si no están acompañados o separados. “Es imprescindible que la infancia tenga acceso a una educación y una escolarización adecuada”, concuerda el responsable de Médicos del Mundo.

Las oportunidades educativas como el acceso al empleo son, por lo tanto, aspectos esenciales para promover la inclusión e integración social, y en consecuencia, una buena salud mental. “Tanto en la Declaración Universal de los Derechos Humanos como en el Estatuto de los Refugiados de 1951, se recoge la obligación que tiene el país de acogida de asegurar el derecho a un trabajo remunerado a aquellas personas que huyen por persecución o violencia. España también firmó estos compromisos, así que tiene que hacer el esfuerzo y cumplir”, reivindica Hoyo. “Garantizando el cumplimiento de los derechos humanos y una correcta integración, la mayoría de refugiados y migrantes pueden recuperarse relativamente pronto de los eventos estresantes a los que s e han visto expuestos por un conflicto”, señala para Univadis España.

Para aquellos casos en los que los trastornos mentales persisten y no hay signos de recuperación del trauma existe un tercer escalón de asistencia psicosocial, constituido por los servicios de salud mental especializados. “Nuestra organización cuenta con un equipo dedicado a detectar a aquellos individuos más vulnerables, como niños, personas mayores o con discapacidades y mujeres, que siempre necesitan medidas de protección especiales para evitar que caigan en la violencia machista, abusos sexuales o redes de trata. A la hora de atender a las poblaciones siempre llevamos a cabo esta discriminación positiva”, comenta el experto de Médicos del Mundo, una organización que trabaja desde el enfoque de género en todos sus programas tanto en los países en conflicto como en los de acogida.

Aunque todavía no ha llegado a España una población ucrania importante que requiera de la atención de Médicos del Mundo, según Hoyo, “es muy posible que dentro de poco acabemos brindando nosotros esa ayuda. Ahora se está mostrando una solidaridad masiva porque lo que está sucediendo se percibe como un evento nuevo, todo el mundo quiere acoger y donar. Pero si la crisis no se soluciona pronto, toda esta atención y recursos caerán, olvidándose que la ayuda humanitaria debe mantenerse en el tiempo”, concluye.