Cómo la medida continua de la glucemia se generalizará incluso para los no diabéticos.


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Disponer de sistemas fiables de medida de variables fisiológicas que puedan funcionar de manera continua, en una mayoría de personas y sin resultar intrusivos -en puridad, en condiciones de vida real- es uno de los mayores retos actuales de la tecnología médica. Y también un desafío que empieza a ofrecer buenos resultados. Un claro ejemplo de dispositivo de masas con capacidades de este tipo es el Apple Watch, que ya sabe detectar una arritmia cardiaca cuando ésta se produce. La ingeniería innovadora de los sensores, su miniaturización y, sobre todo, las posibilidades de conectarlos y analizar la información que producen es lo que nos está situando en una nueva frontera la medicina.

Probablemente una de las áreas de mayor interés en este campo es la relacionada con la medida continua de la glucemia y que esto pueda hacerse sin necesidad de pinchar constantemente un capilar sanguíneo. Si esto se consiguiera se estaría beneficiando a muchos pacientes diabéticos, que podrían controlar con mayor exactitud sus niveles y adaptar ingesta, medicación y actividad de una manera mucho más eficaz. Pero también sería una tecnología que ayudaría a muchísimas otras personas, precisamente para poder prevenir problemas de diabetes u obesidad, mediante un mayor control y un mejor conocimiento de las dinámicas metabólicas.

 

En busca de la solución tecnológica...

Intentos para lograr ese dispositivo silencioso que nos trace la línea contínua de la glucemia se suceden uno tras otro. Algunos tuvieron bastante notoriedad pública, como el caso de la lentilla que Google desarrollaba junto con varias empresas del sector de la salud, intentando validar la hipótesis de que sería factible el registro midiendo la variación del carbohidrato en el líquido lagrimal. Al tiempo que realizaba la medición, la lentilla transmitía los datos mediante un sistema electrónico de cercanía. Este proyecto fue cancelado hace pocos meses porque no se apreció suficiente fiabilidad en los registros.                

Esta visión de cuánto beneficio para las poblaciones podría obtenerse si lograramos el trazado minuto a minuto de nuestra glucemia sanguínea lo ha comentado muy recientemente en un artículo en prensa el doctor Aaron Neinstein, endocrinólogo y profesor en la Universidad de California en San Francisco, y director de informática clínica en el Centro de Innovación para la Salud Digital de la misma.

Para el doctor Neinstein, la predicción es taxativa: para el año 2025, todas las personas con diabetes estarán controlando su nivel de azúcar en sangre con dispositivos denominados monitores continuos de glucosa, pero también será común que muchas personas sin diabetes realicen este mismo seguimiento.

La razón aducida es que la tecnología para medir esta variable ha avanzado notablemente. Tanto, que ya es real que diabéticos dispongan de alternativas a pincharse los dedos para medir su nivel varias veces al día. El primero de estos sistemas de monitorización continua fue lanzado en 1999 por la empresa Medtronic, aunque no se generalizó porque eran dispositivos difíciles de emplear, resultaban voluminosos, inexactos, caros y complejos de calibrar.

La tecnología, sin embargo, ha mejorado mucho hasta la actualidad. Dos de los dispositivos más recientes, el Dexcom G6 y Abbott Freestyle Libre, ya no requieren calibraciones complicadas y son mucho más fáciles de manejar; de hecho, han sido aprobados por la FDA para uso general. Ambos dispositivos transmiten los niveles de glucosa a un dispositivo móvil, que puede ser un teléfono, ya sea de forma inalámbrica y continua o mediante captura activa al ponerlo sobre el sensor. Se calcula que el monitoreo continuo de glucosa (CGM) ha aumentado en los estadounidenses con diabetes tipo 1 del 6 por ciento en 2011 al 38 por ciento en 2018. Muy probablemente estas tecnologías continúen mejorando: serán más pequeñas, más precisas y más inteligentes a medida que se desarrollan mejores algoritmos para el manejo de los datos que ofrecen.

Esto ayuda mucho a los diabéticos, sin duda. Pero según Neinstein, el CGM tiene un potencial mucho mayor. Eso incluye a las personas con diabetes tipo 2 (aproximadamente 30 millones de adultos estadounidenses), el grupo de pre-diabéticos (aproximadamente 81 millones de adultos estadounidenses) y potencialmente a casi cualquier persona.

Cuenta Neinstein el caso de un paciente de 70 años con diabetes tipo 2 y enfermedad cardíaca tratado con metformina, pero renuente a realizar cambios en una dieta que considera equilibrada. Cuando este paciente vio sus propios datos de un monitor de glucosa identificó claramente un aumento diario durante la mañana en su nivel de glucosa, y también detectó su fuente: su acostumbrado vaso diario de zumo de naranja y plátano, una ingesta en apariencia inocente, pero que en su organismo desencadenaba un pico inadecuado.Un mínimo cambio en su dieta supuso una mejora inmediata en sus niveles de glucosa.

En definitiva, se trata de aprovechar la retroalimentación con la que puede actuar disponer de una mejor información, incluso en aquellos no diabéticos que tengan ciertos factores de riesgo, como sobrepeso o antecedentes familiares de la enfermedad.


 

... y en busca de los “glucotipos”.

Según este endocrino, pronto descubriremos que muchas personas pueden beneficiarse del uso, aunque sea circunstancial, de estos dispositivos. Así se podrán valorar mejor los impactos en la salud de las opciones que cada paciente toma sobre su estilo de vida, incluidos los alimentos, el estrés, el sueño o los niveles de actividad.

Para ello necesitamos desarrollar más estudios científicos orientados a demostrar que el monitoreo de los niveles de glucosa en la sangre ayudará también a las personas que no han sido diagnosticadas con diabetes a estar más saludables o vivir más tiempo, y junto a ello perfeccionar la capacidad de interpretar y ponderar adecuadamente todos los datos que se registran. Probablemente esto haga que la comprensión de la diabetes en sí cambie. Un grupo de investigadores de Stanford descubrió recientemente que cuando las personas sin diabetes conocida se pusieron un monitor de glucosa continuo y comieron diferentes tipos de comidas, las formas en que sus organismos respondieron a la misma ingesta variaron ampliamente, algo que llamaron "glucotipos". Estos son como categorías más pequeñas que las que tradicionalmente describen nuestra capacidad de metabolizar la glucosas, y que representan a personas que tienen diferentes perfiles genéticos, patrones fisiológicos o tipos de comportamiento en el metabolismo glucémico.

Añade Neinstein que los próximos cinco años serán increíbles, que los pinchazos en los dedos de los diabéticos desaparecerán, bajarán los precios de los dispositivos CGM y estos se harán casi ubicuos. Veremos.