Cómo enseñar a las hormigas a "olfatear" los tumores malignos

  • Anne-Gaëlle Moulun

  • Maria Baena
  • Noticias de Medscape
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Un equipo de investigadores franceses ha demostrado el papel que desempeña una especie de hormiga, la Formica fusca, en la detección de tumores malignos utilizando su sentido del olfato. Baptiste Piqueret, Ph. D., investigador de la Universidad de la Sorbona París Norte y coautor del estudio, lo detalla para Medscape en francés.[1]

Hormigas recuperadas de la naturaleza

Usar el sentido del olfato de los animales para detectar tumores malignos no es una idea nueva, pero en lugar de los perros que se utilizan habitualmente para esta tarea, un equipo de científicos del Centro Nacional de Investigaciones Científicas de la Universidad de la Sorbona París Norte, el Instituto Curie y el Instituto nacional de salud e investigación médica (Inserm) decidió recurrir a... ¡hormigas! Los resultados de sus experimentos se publicaron en iScience.[1]

"Nos inspiramos en los estudios realizados con perros que detectan el cáncer usando su sentido del olfato. Es un gran método con excelentes resultados, pero hay algunos puntos a mejorar, en particular la velocidad de aprendizaje, que es de seis meses a un año, dependiendo de la persona y el coste de la formación, que puede llegar a representar decenas de miles de euros", explicó Piqueret, coautor del estudio. "Durante mi entrenamiento aprendí que las hormigas pueden aprender muy rápido y muy bien, lo que me dio la idea de usarlas para reemplazar a los perros", continuó.

En concreto, las hormigas, pertenecientes a la especie Formica fusca, se recogen en la naturaleza y se llevan al laboratorio. "La especie que utilizamos no está protegida en Francia. Las recogemos con bastante regularidad para tener especímenes con comportamientos naturales y no estereotipados después de una larga estancia en el laboratorio", comentó Piqueret.

Las hormigas se colocan en el equivalente a una caja de zapatos de plástico de 20 cm por 30 cm, con fondo de yeso. Los investigadores están tratando de reproducir las condiciones que tienen en la naturaleza. "El yeso tiene dos ventajas principales: es blanco, lo que permite que se vean las hormigas, y retiene la humedad. Lo regamos varias veces a la semana", añadió. Para alimentar a las hormigas, los científicos les dan miel e insectos congelados dos veces por semana.

Tiempo de aprendizaje rápido

La fase de aprendizaje consiste en dar a las hormigas un aroma colocado junto a una recompensa que consiste en agua azucarada. El insecto asocia el olor con la recompensa. En segundo lugar, los investigadores ponen a prueba su memoria dándoles a elegir entre dos olores: el que acaban de aprender y uno nuevo. Esta vez no hay recompensa. "Observamos su elección y notamos que las hormigas pasan más tiempo cerca del olor aprendido", enfatizó Piqueret.

"Las células cancerosas tienen un metabolismo diferente al de las células sanas y liberan compuestos orgánicos volátiles que huelen diferente", explicó. Un análisis químico olfativo por cromatografía de gases y espectrometría de masas permitió demostrar que las diferentes líneas celulares utilizadas en el estudio de comportamiento se pueden distinguir entre sí según sus compuestos orgánicos volátiles.

Entonces, los científicos usaron un medio de cultivo de células cancerosas, impregnado con compuestos orgánicos volátiles, e hicieron que las hormigas lo respiraran. "El tiempo de aprendizaje es de media hora a una hora, dependiendo de la persona", especificó el especialista. "Después de aprender, las dejamos durante dos minutos en una arena donde hay dos olores, uno aprendido y otro no, y medimos el tiempo que pasan cerca de los dos olores. Luego realizamos cálculos estadísticos para averiguar cuál prefieren. Y observamos que efectivamente es el olor aprendido el que se prefiere sobre el otro", remarcó.

"Trabajamos con tres tumores malignos: dos tipos de cáncer de mama y un tipo de cáncer de ovario. Observamos que estos tres tipos de cáncer tienen olores diferentes. Cuando entrenamos a nuestras hormigas para el cáncer A y luego les damos a elegir entre el cáncer A y el B, prefieren el cáncer A", explicó.

El siguiente paso es hacer que las hormigas respiren orina de pacientes en riesgo, para ver si las hormigas entrenadas para detectar tumores malignos pasan más tiempo cerca de la orina de una persona en particular.

"Este primer estudio muestra el alto potencial de las hormigas, capaces de aprender muy rápidamente, a un menor costo y de manera eficiente. No obstante, se deben realizar otros estudios, no veremos hormigas aterrizando en los hospitales en seis meses", concluyó Piqueret.

Este artículo fue publicado originalmente en Medscape en francés y adaptado para Medscape en español, parte de la Red Profesional.