Chistes (de) médicos


  • Editorial Univadis
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Aprovechando las fechas navideñas, aquí va nuestro habitual editorial humorístico. El primer síntoma de inteligencia es el humor; y el primero de salud mental es saber reírse de uno mismo. Como somos listos y estamos sanos, proponemos un Top 10 de chistes médicos escogidos dentro de las principales temáticas sobre las que se ha bromeado; cuestiones que, por lo que sea, hacen gracia y sobre las que se han generado multitud de chistes: los de “doctor, doctor, mi marido…”, los de médicos tratando a los enfermos como si fueran bobos, juegos de palabras, los de psiquiatras, cirujanos o ginecólogos, etcétera. Como dicen los dermatólogos, “vayamos al grano”.

Doctor, doctor, mi marido… También los hay sobre “mi mujer”. Posiblemente el más conocido es el de la mujer preocupada que entra a la consulta diciendo: “Doctor, doctor, ¿mi marido perderá el ojo?”, respondiendo impertérrito el médico: “No se preocupe señora, se lo he guardado en el bolsillo”. Pero hay muchos más, y el escogido para nuestra selección hoy es el del marido hipocondríaco que va la consulta y dice: “Doctor, doctor, mi mujer me engañó con mi mejor amigo hace una semana, y aún no me han salido los cuernos. ¿Será falta de calcio?”.

El enfermo torpe. Un recurso habitual es contar una situación cotidiana que no es comprendida por el enfermo, quien, a su vez, no es muy avispado. Como ese cirujano que, muy serio, señala: “Sr. López, al operarlo hemos dejado, sin querer, una pinza dentro de su abdomen. Tenemos que volver a intervenirle”. Y el Sr. López, muy sorprendido, contesta: “¡Pero doctor! ¿Por qué no se compra otra?”. El más gracioso, y seleccionado para nuestro Top 10, es el de que va al médico y consulta porque: “Cuando mi abuelo tenía 70 años usted le recomendó que caminara 10 km diarios… ahora tiene 80 años y no sabemos dónde está”.

Crueldad. Si se da una vuelta más de tuerca a la torpeza del enfermo, se llega a ser cruel con él. Como esa señora inocente que le dice a su amiga: “¿Sabes?, ayer fui al médico y me dijo que soy estéril”, a lo que le responde “¡Vaya! ¡menuda faena!”, continuando la conversación: “La verdad es que sí. Le dije que quería una segunda opinión”, “¿Y qué te dijo? ” “Que también soy muy fea”. El más duro con los enfermos es el del esposo que acude al médico y dice: “Doctor, doctor: no recuerdo si lo que tenía mi mujer era Alzheimer o sida, ¿que hago, doctor?”, a lo que le contesta: “Puessss, déjela sola en medio del bosque y si regresa a casa, no se acueste con ella”.

Médicos imprudentes. Además de chistes metiéndose con los enfermos, también se han hecho con los médicos, como el del urólogo que haciendo un tacto rectal palmotea los glúteos del paciente y dice: “Tranquilo Felipe… tranquilo”, “Doctor, yo no soy Felipe, soy Andrés”, y replica el urólogo: “Sí Felipe, lo sé, Andrés soy yo”. En la misma línea, hemos escogido este entre nuestros favoritos: “Doctor, estoy muy nervioso, es la primera vez que entro en un quirófano” y, para tranquilizarle, el joven galeno contesta: “Tranquilo, eso nos pasa a todos, esta es también mi primera vez como cirujano”.

Juegos de palabras. Un recurso muy habitual del humor es jugar con el lenguaje. McEnroe, en Twitter (@jon_mcenroe) cuenta este: “¿Es cáncer, doctor?”, “No, soy Capricornio con ascendente Libra. Ambicioso y decidido, aunque algo tímido, mi elemento es tierra”. Uno antiguo es el que llama a la consulta: “¿Oiga? ¿el doctor Mata?”, “Sí, señor, ¿qué desea?”, “Anular la visita”. Y el que hemos incluido en el Top 10 es: “Tengo tres llamadas perdidas de mi oftalmólogo… el de ver me llama”.

Ginecólogos. Los partos, las parturientas y los padres recién estrenados han dado mucho juego. Como ese bebé que era tan feo tan feo tan feo, que cuando nació el ginecólogo dijo: “He hecho lo que he podido, pero al final ha conseguido salir”. Uno genial y que entra entre nuestros diez es: “Doctor, ¿cómo ha ido el parto?”, “Bien, no se preocupe; pero a su hijo le hemos tenido que poner oxígeno”, lanzando el marido una exhalación al aire: “Vaya, con la ilusión que a mi me hacía ponerle Javier”.

Psiquiatras. Otra especialidad sobre la que se han hecho multitud de chistes, por su idiosincrasia, es la psiquiatría. Uno conocido es: “Doctor, tengo un problema de doble personalidad”, a lo que le dice: “Pues pase y hablamos los cuatro”. Otro gracioso es el señor preocupado que consulta: “Doctor, veo elefantes azules”, “¿Y no ha visto a un psiquiatra?”, “No, sólo veo elefantes azules”. Resulta difícil seleccionar uno de psiquiatras, porque hay muchos y buenos. Nuestra apuesta es: “Señora, en la próxima consulta será importante que analicemos el inconsciente”, “Doctor, va a ser difícil que el desgraciado de mi marido quiera venir conmigo”.

Cirugía. Es conocido ese aforismo que aconseja no fiarse de los cirujanos: son expertos en manejar cuchillos, se ponen máscaras para que no les reconozcan y usan guantes para no dejar huellas. Aquí va el chiste escogido: “Dígame la verdad, doctor: después de la operación, ¿podré tocar la guitarra?”, “Claro que sí, perfectamente”, “¡Que bien!, porque ahora no sé…”.

Infecciones. Aunque no existe una especialidad de enfermedades infecciosas, se han hecho muchas bromas sobre las infecciones, especialmente sobre el contagio. Por ejemplo, el paciente que dice: “Doctor, tengo un caso agudo de herpes, gonorrea, peste bubónica, sífilis y sida”. El médico contesta: “No se preocupe, le ingresaremos en un cuarto privado y le pondremos una dieta a base de tranchetes” “¿Tranchetes? ¿Y eso me curará?” Concluyendo: “No, pero es que es lo único que pasa por debajo de la puerta”. ¡Para el Top 10!

Sentencias de muerte. Nuestro final también es la muerte. Tras una detenida exploración y unos análisis, el médico dice: “Sr. Rodríguez, tengo que hacerle una placa”, a lo que Rodríguez le contesta: “¿De tórax, doctor?”, “No, no ¡de mármol!”. Continuando con el sentido apocalíptico de la profesión médica, y para cerrar nuestra selección, ese señor que pregunta: “Doctor, doctor: ¿qué tal mis análisis?”, “Mal, le queda muy poca vida...”, “¿En serio, doctor? ¡No me diga! ¿Y cuánto tiempo me queda?”, “Pues yo diría que unos 10...”, “¿10?, pero 10 qué: ¿años, meses, días, ...?”, “9, 8, 7, 6,...”.

 

Feliz sonrisa y… ¡Feliz Navidad!