¿Causan depresión las redes sociales?


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Cuando a finales de los años noventa llegaron al gran público las tarifas planas de Internet -o lo que es lo mismo, la posibilidad de pasar ilimitadas horas buscando cosas tras la pantalla de un ordenador- muchos cuestionaron si eso podría suponer la aparición de una nueva población introvertida, obsesionada por la web y a la postre incapaz de establecer relaciones sociales e interpersonales directas. Muchos recordarán el personaje de Enjuto Mojamuto, la recreación de un adolescente de actitudes limitadas y escasa creatividad en su pensamiento que lo único que hacía era experimentar sobre cómo contactar con el exterior con su equipo informático y apenas conversaba con su muy limitado grupo de amigos. Esta preocupación derivó en estudios posteriores que en términos generales concluyeron que el fenómeno del aislacionismo producto del uso intensivo de Internet era un arquetipo, y que la mayoría de las personas no reducían sus contactos “off-line” aunque los tuvieran, y en gran intensidad, “on-line”. Salvo excepciones, quien era sociable lo era igual en remoto que en cercano.

Más recientemente, la preocupación se ha reproducido pero no tanto por sospechar un daño producido por muchas horas de navegación por la red -en mayor o menor medida, Internet ya nos acompaña en todo momento-, sino por el impacto de las redes sociales en el tenor emocional o la capacidad relacional de sus muy numerosos usuarios. En esta sección hemos tratado este asunto en varias ocasiones, como cuando hablábamos de que se habían constatado ciertos niveles de frustración producidos por la visión de perfiles de Instagram -donde quienes publican fotografías muestra habitualmente el lado más agradable de sus vidas, no el lado más veraz-, o cuando comentamos algunos estudios publicados por Facebook sobre presumibles impactos psicológicos negativos que podían experimentar los usuarios de esa plataforma, y cómo prevenirlos.

Sin embargo, lo que se acaba de publicar más recientemente es probablemente el primer estudio que afirma que poner límites al uso de determinadas redes sociales conduce a una reducción en los niveles detectables de rasgos como la depresión o la sensación de soledad. Lo ha publicado el Journal of Social and Clinical Psychology, y el trabajo se ha titulado “No More FOMO: Limiting Social Media Decreases Loneliness and Depression”. Ha sido dirigido desde la óptica de la psicología clínica por investigadores de la Universidad de Pensilvania.

¿Qué metodología se utilizó? Se trata de un estudio observacional hecho con 143 estudiantes (108 mujeres, 35 hombres) de pregrado de la propia universidad, que fueron sometidos a control durante tres semanas. Se dividieron en dos grupos: uno podía utilizar las redes sociales sin ninguna restricción, y al otro se le limitaba el acceso a cada aplicación a un máximo de 10 minutos por día. Las redes objeto de evaluación fueron Facebook, Instagram y Snapchat (que, como es sabido, son las tres que se basan más en imágenes sobre estilos de vida, a diferencia de otras como Twitter que se emplean de forma más habitual para compartir información). Todos los participantes eran usuarios de iPhone.

Los estudiantes no fueron aislados, mantuvieron sus actividades habituales, y tenían que colaborar activamente con los investigadores mediante el envío de capturas de pantalla que mostraran el uso de sus teléfonos, para asegurar el número de minutos que empleaban en cada aplicación cada día, y así cuantificar de manera precisa su uso. Posteriormente al periodo contemplado, los participantes fueron sometidos a diversos cuestionarios valorativos relativos a siete escalas validadas para su uso en psicología clínica.

Como resultado principal los autores de estudio dicen haber demostrado que en el grupo que limitó su uso de las redes sociales se observaron disminuciones significativas en los síntomas depresivos en relación con el otro. Esto parece que además fue corroborado mediante cuestionarios no estructurados, de expresión libre, en donde algunos de los participantes afirmaban cosas como que "no comparar mi vida con la vida de otros tuvo un impacto mucho más fuerte del que esperaba, y me sentí mucho más positivo conmigo mismo durante esas semanas".

Ambos grupos mostraron una disminución significativa en la ansiedad y el miedo a perderse algo importante acontecido en las redes, sugiriendo un cierto beneficio obtenido del mayor autocontrol inherente a la situación, al saberse todos los participantes en un estudio en el que era observada su intensidad de uso en estas modalidades relacionales. Como aportación final, los autores sugieren que limitar el uso de las redes sociales a aproximadamente 30 minutos al día puede conducir a una mejora significativa en el bienestar de las personas.

Aunque otros estudios habían encontrado correlaciones entre el acceso a las redes sociales y determinadas valoraciones del tono afectivo, este trabajo afirma ser el primero en "establecer un vínculo causal claro entre la disminución del uso de las redes sociales y las mejoras en la valoración de rasgos como soledad y depresión".

Realmente el estudio es uno de los primeros que afronta sistemáticamente esta temática, pero tiene tres elementos que permiten la discusión. El primero, el bajo número de participantes y tal vez su escasa representatividad (tres veces más mujeres que hombres, y usuarios de iPhone). El segundo, el hecho de que todos ellos eran conscientes de que estaban participando en un modelo de observación, lo que hipotéticamente puede generar sesgos en las respuestas. Y el tercero, que las redes sociales que se propusieron integrar en el estudio son precisamente las más propicias para eso que aquí se denomina “postureo”.

Es muy probable que veamos pronto nuevos estudios sobre esta cuestión. Pero como también hemos tratado en esta sección, en paralelo parece clara la intención de los fabricantes de teléfonos móviles por ofrecer herramientas que mejoren el control de los tiempos de uso, como los que ya figuran en los iPhone o los que se han anunciado para los del sistema Android. ¿Es la venda antes de la herida? Queda la incógnita de si dentro de unos años veremos un anuncio cada vez que abramos una app que diga “El uso de esta red social perjudica la salud”.