Beneficios extrahepáticos asociados a la recuperación tras la infección crónica por el virus de la hepatitis C (VHC)


  • Editorial
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La infección crónica por el VHC es responsable de una enfermedad sistémica que combina enfermedad hepática, vasculitis crioglobulinémica y diversas manifestaciones extrahepáticas (MEH) relacionadas con la inflamación crónica (diabetes, alteraciones neurocognitivas tales como astenia, trastornos cardiovasculares, renovasculares y cerebrovasculares, cáncer extrahepático incluidos el linfoma no hodgkiniano [LNH] y el colangiocarcinoma intrahepático) (figura) (1‑2).

Figura 1: La infección por el VHC es una enfermedad sistémica con las consecuencias de su hepatotropismo y su linfotropismo y de la inflamación crónica.

La infección activa, además de ser responsable de una tasa de mortalidad por causas hepáticas aproximadamente diez veces mayor que la observada en sujetos sin infección activa, también es responsable de una tasa de mortalidad por causas extrahepáticas aproximadamente dos veces mayor en el estudio de registro Taiwanese Reveal‑HCV (3). Dada la destacada eficacia de los tratamientos antivirales orales, teníamos la esperanza de ver la misma reducción en la morbimortalidad por causas extrahepáticas que en la morbimortalidad por causas hepáticas.

Los breves estudios de seguimiento posterior al tratamiento industrial no fueron capaces de registrar estas variaciones extensamente. Los estudios de la práctica clínica, algunos de ellos presentados en la conferencia estadounidense de la AASLD (8‑13/11/2018, San Francisco, Estados Unidos), confirman de forma unánime los beneficios asociados a la curación virológica (4), que se define como una concentración de ARN viral no detectable durante 12 semanas después del final del tratamiento antiviral con una duración de 8 a 12 semanas.

Además de una reducción de las complicaciones hepáticas (cirrosis y carcinoma hepatocelular), los numerosos estudios muestran de forma unánime una rápida mejoría en las manifestaciones de la vasculitis crioglobulinémica (5): la púrpura o la acrodermatitis necrosante se reparan por sí solas durante el tratamiento, así como la glomerulopatía y el síndrome nefrótico; dos terceras partes de los pacientes con LNH entran en remisión; la reducción de los síntomas de neuropatía periférica es más lenta.

Con respecto a las MEH relacionadas con la inflamación, cierto tiempo después del tratamiento puede observarse una mejoría en la glucorregulación junto con una disminución de las dosis de los antidiabéticos orales, o incluso la curación de la diabetes. No se ha demostrado una reducción del riesgo de cáncer extrahepático en caso de curación. Las dos mejorías principales son las siguientes:

mejorías en los índices de calidad de vida física y mental durante y después del tratamiento, incrementadas por el trastorno neuropsiquiátrico inicial; mejoría en los accidentes vasculares (infarto de miocardio, ictus, arteriopatía periférica), que disminuyen en un 50 % en 3 años, no solo en pacientes cirróticos en la cohorte CirVir sino también en pacientes no cirróticos (6). Durante el tratamiento se ha notificado una reducción de la placa de la íntima de la carótida, que es más frecuente en sujetos con fibrosis (7).

 

Profesor Stanislas Pol