Bacterias resistentes a los antibióticos en el microbioma del suelo pueden transmitirse al ser humano a través del consumo de alimentos


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El grupo de investigación en biotecnología microbiana de la Universidad CEU San Pablo, de Madrid, ha demostrado que existe un notable efecto antrópico sobre las comunidades microbianas en suelos en explotación, que favorece la persistencia de comunidades con un mayor nivel de resistencias a antibióticos.

Esta resistencia puede persistir aunque se retire la presión antrópica, dejando una huella ecológica en las comunidades del suelo. Este descubriendo se ha determinado atendiendo al tipo de manejo agrícola (orgánico o convencional) en plantaciones de vides y al observar que tiene efectos sobre el perfil de resistencia bacteriano de las comunidades del suelo.

La presencia de poblaciones bacterianas resistentes a antibióticos en el microbioma del suelo puede suponer un reservorio de resistencia a antibióticos que, potencialmente, puede transmitirse al ser humano a través del consumo de alimentos cultivados en ese suelo o a través del ganado alimentado por pasto expuesto a dicho contaminante.

El grupo de investigadores, compuesto por Marina Robas, Pedro Antonio Jiménez y Agustín Probanza, ha analizado qué factores pueden alterar la calidad del suelo, empleando como bioindicador la presencia de bacterias resistentes a antibióticos que puedan suponer un riesgo potencial para la salud humana y para la eficacia de los tratamientos antimicrobianos.

Actualmente, los estudios se centran en analizar cómo la presión de un contaminante de origen natural en el Distrito Minero de Almadén, como es el mercurio, puede favorecer la selección de cepas resistentes a antibióticos.

Resultados de la tesis doctoral de Robas ponen de manifiesto la existencia de un proceso de "selección cruzada", particularmente cuando se ensayan los antibióticos betalactámicos.

La contaminación ambiental, por tanto, puede conllevar la selección de resistencia antibiótica y la diseminación de las propias bacterias resistentes o de su información genética a través de alimentos y aguas de consumo o irrigación, lo que puede facilitar la colonización e infección de animales y humanos. Sin duda, la presencia de bacterias resistentes o genes de resistencia en la cadena trófica supone, en nuestros días, un problema de salud pública global.