Avances en el conocimiento de la arquitectura genética de la corteza cerebral (Science)


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Un estudio internacional con participación del Ciber de Salud Mental (CIBERSAM) ha permitido dar un nuevo paso en la comprensión de la biología de la sustancia gris, y ha revelado variables que pueden condicionar el riesgo de desarrollo de enfermedades mentales. Según estos científicos, el trabajo publicado en Science supone un importante avance en el grado de conocimiento sobre el mapa genético que determina la estructura de las regiones claves de la corteza cerebral.

La corteza cerebral, también conocida como sustancia gris, es la parte externa del cerebro donde residen las capacidades cognitivas, la capacidad de pensar, de procesar información, la memoria y la atención. Es una capa altamente compleja y plegada, relativamente fina, que permite albergar gran número de neuronas. Las variaciones en la superficie y el grosor de la corteza influyen en los rasgos psicológicos, comportamentales y neurológicos de cada una de las personas, y se han asociado a enfermedades como la esquizofrenia, déficit de atención e hiperactividad, depresión, autismo y trastorno bipolar. Estas variaciones en la corteza se pueden medir in vivo mediante resonancia magnética nuclear.

Hasta la fecha se han identificado diversos genes que afectan a la estructura de la corteza cerebral de organismos modelos; no obstante, "se sigue conociendo muy poco sobre las variantes genéticas que afectan a la estructura de la corteza cerebral de humanos". En este contexto, el objetivo del estudio ha sido identificar las variantes genéticas que afectan a la estructura de la corteza cerebral humana, tanto a nivel global como a nivel regional.

Para ello, se ha llevado a cabo un amplio metaanálisis que asocia datos genómicos con datos de las resonancias cerebrales de 51.665 personas pertenecientes a 60 cohortes. "Se realizó un estudio que demostrase la influencia genética en la estructura del cerebro y también en cómo pensamos y nos comportamos los seres humanos", subraya Benedicto Crespo-Facorro, del Hospital Universitario Virgen del Rocío, IBiS, Universidad de Sevilla.

Los resultados han mostrado tanto correlaciones genéticas (306 variantes genéticas) como causalidad bidireccional entre la superficie total de la corteza y la función cognitiva y los logros educativos de las personas. Además, han revelado correlaciones genéticas entre la superficie total de la corteza y la enfermedad de Parkinson, pero no se encontró relación de causalidad en este aspecto.

"Encontramos que las variantes genéticas asociadas a tener una menor superficie cortical, o menor plegamiento de la misma, también contribuyen a un riesgo mayor de depresión, insomnio y trastorno de déficit de atención e hiperactividad. Usando la información de la resonancia magnética y la genética podemos predecir un tercio de las diferencias en la estructura cortical entre individuos con variantes genéticas" ha afirmado otras de las autoras del estudio, Katrine Grasby, de la Universidad de California del Sur (Estados Unidos).

En este sentido, estos hallazgos representan "un hito en el camino para conocer cómo la variabilidad genética marca diferencias en la estructura cerebral que a la postre nos pone en riesgo de padecer algunas enfermedades mentales", concluye Crespo-Facorro.