Así es cómo la Inteligencia Artificial puede hacer más humana la medicina (según Eric Topol).


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Eric J. Topol es un cardiólogo conocido especialmente por su labor como investigador y divulgador en el área de la salud digital. Durante bastante años ejerció en Cleveland (1991-2005) y posteriormente fundó el Scripps Translational Science Institute. Es redactor jefe de Medscape y de theheart.org, y ya en 2012 publicó un libro referencial sobre cómo la innovación transforma la práctica clínica titulado “The Creative Destruction of Medicine”, en el que también trataba sobre el impacto de las revoluciones genómica y digital en el sistema sanitario.

Posteriormente publicó “The Patient Will See You Now” -relacionado con las posibilidades de democratización de la atención sanitaria gracias a los móviles y las redes de datos- . En 2016, Topol recibió un fondo de cerca de 207 millones de dólares de los National Institutes of Health para liderar una parte importante de la “Precision Medicine Initiative” incluída en el llamado Obamacare. ​

Él mismo se considera como un "friki digital", y de hecho es un auténtico apóstol del uso de los últimos dispositivos aplicados a la medicina. Muy activo en Twitter (150.000 seguidores), hace cierto tiempo ganó notoriedad cuando publicó una foto de lo que llevaba en su maletín, donde se apreciaba cómo los manguitos para la toma de tensión y los estetoscopios habían sido sustituidos por dispositivos de nueva generación y muchos cables. Al mismo tiempo mantiene una visión crítica en los casos en los que aprecia que la tecnología está sobrevalorada, y permanentemente exige la publicación de evidencia científica adecuadamente fundada para otorgar a los nuevos avances carta de naturaleza sanitaria.

Su nuevo libro (disponible desde marzo de 2019) se llama “Deep Medicine. How Artificial Intelligence Can Make Healthcare Human Again”, y bajo ese título se describe cómo la Inteligencia Artificial puede ayudar en el trabajo, siempre exigente, del médico. La base, no podía ser otra, consiste en poder dedicar más tiempo a los pacientes. Él lo dice de manera más concreta: "A medida que las máquinas se vuelvan más inteligentes y asuman tareas adecuadas, a los humanos les puede resultar más fácil ser más humanos".

 

 

Durante el lanzamiento del libro, Topol ha concedido bastantes entrevistas promocionales. De ellas podemos extraer algunas explicaciones adicionales, que ayudan a entender mejor el sentido de su análisis.

Sobre las áreas en la medicina en las que ya se está detectando un impacto apreciable de la Inteligencia Artificial, Topol recuerda que ya desde hace tiempo disponemos de aparatos de gran consumo, como el Apple Watch, que permite un registro fiable de una parte de la funcionalidad cardíaca, y eso ya supone un paso adelante aunque no se hayan desarrollado del todo los sistemas de análisis que tantísima información -personal y poblacional- puede proporcionar. También hay algoritmos aprobados para ayudar a los radiólogos y en general, aplicables a todo lo que es diagnóstico por la imagen, de manera cada vez más progresiva.

Ya podemos percibir la existencia de varias generaciones dentro de la tecnología digital aplicada a la salud e incluso aprender de algunos fracasos. Cuando inicialmente, hace ya años, Google y Microsoft crearon plataformas para alojar datos médicos por los pacientes, y los tuvieron que acabar cerrando. Pero hoy es el día en el que esa mismas compañías, junto a otras como Apple y Amazon, vuelven a considerar seriamente su actividad en este campo.  Según Topol, actualmente hay un esfuerzo al que se están dedicando muchos más recursos y especialmente nuevo talento creativo. Así es como las grandes compañías tecnológicas globales han contratado médicos y estructurado equipos específicos en el área de la salud digital. Y ya no se trata sólo de organizar registros o trasegar información. Se trata de hacerlo todo en relación al lo que significa cuidado de la salud.

Para Topol, sin embargo, el problema de la seguridad e integridad de los datos está por resolver. La normativa y protocolo HIPAA (el que se exige en Estados Unidos para compartir información sanitaria) no es suficiente. Más bien, opina que es incluso un desastre. Afirma que los datos de los pacientes se venden, compran y roban de manera casi rutinaria. Calcula que a 100 millones de estadounidenses se les han hackeado sus registros clínicos, y éstos no forman parte del capital de información que cada persona puede guardar para sí misma.

Precisamente por ello afirma que aquí existe una disyuntiva que habría que resolver si queremos poder avanzar en este campo. Para Topol la manera más adecuada de extraer información del océano de datos médicos (de lo que se ocupa la Inteligencia Artificial) consistiría en hacer que cada persona se sienta poseedora de ese recurso, y que sepa cómo podría obtener conclusiones valiosas para su propia salud. Es decir, que el motor del cambio ha de ser la propia autonomía del paciente, y hacer de él un elemento más activo en esta transformación.  

 

 

Para Topol, la Inteligencia Artificial no debe ser entendida sólo como meras matemáticas. “Tenemos la oportunidad de usar el futuro para recuperar el pasado”. El uso de este tecnología en la atención médica podría hacer que los procesos clínicos sean más humanos al darles a los médicos más tiempo para interactuar con sus pacientes.

La tecnología promete mejorar la atención médica por hacerla más efectiva y rápida, al eliminar algunas de las funciones secundarias que consumen el tiempo de los médicos. El aprendizaje automático y el uso de sistemas expertos podría liberar a los profesionales de tener que registrar información rutinaria en los archivos de los pacientes y, al mismo tiempo, ayudar a los pacientes a acceder mejor a sus datos personales. También ofrece la inmensa oportunidad de recoger los datos de la vida real del paciente, con utilidades preventivas y asistenciales.

"Todo ese esfuerzo puede llevarnos a lo que hemos estado perdiendo durante décadas, que es la verdadera atención al cuidado de la salud", afirma Topol. Pero además, la Inteligencia Artificial también puede contribuir a reducir el error humano y facilitar que los médicos puedan tomar mejores decisiones.

Pero además, la Inteligencia Artificial también abre la puerta a nuevos descubrimientos, analizando cantidades masivas de datos tanto de pacientes como de la propia literatura médica, y conjugándolos de una nueva manera, superando las actuales limitaciones humanas. Esto, a la postre, también permitiría a los médicos brindar una atención más individualizada y de calidad a los pacientes.