ASCO 2022 — ¡En marcha! La importancia de mantenerse activo antes y durante el transcurso del cáncer

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Conclusión práctica

  • El ejercicio físico oncológico es un campo en crecimiento en la investigación del cáncer.
  • Los datos epidemiológicos sobre el papel fundamental del ejercicio y de la actividad física en la prevención del cáncer son sólidos.
  • Existen nuevos ensayos en curso centrados en la recurrencia del cáncer, el ejercicio físico oncológico personalizado y la tolerancia a la quimioterapia.
  • Ya se han implementado varios modelos de práctica eficaces, siendo los costes y el desarrollo de la plantilla las principales barreras para su implantación.
  • Muchos pacientes con cáncer no cumplen las recomendaciones de actividad física y pocos profesionales sanitarios tratan el tema con sus paceitnes.
  • El asesoramiento del profesional sanitario puede respaldar el cambio de conducta.
  • Cada intervención debe personalizarse para que sea eficaz y aceptada.

En 1996, una revisión sobre el denominado ejercicio oncológico, que incluía todos los estudios en dicho campo, observó y analizó solo 4 ensayos controlados aleatorizados. “Hoy en día se obtienen miles de resultados al buscar en PubMed”, explicó Kathryn Schmitz, de la Facultad de Medicina de la Universidad del Estado de Pensilvania, moderadora de la sesión educativa de la Sociedad Estadounidense de Oncología Clínica (ASCO) sobre ejercicio oncológico.

La ciencia detrás de las recomendaciones

Datos epidemiológicos sólidos muestran una reducción del riesgo del 10 %-20 % de 7 tipos de cáncer frecuentes (mama, endometrio, riñón, vejiga, esófago, estómago, colon) en las personas que realizan actividad física suficiente en comparación con las que no. Además, el ejercicio también es eficaz en la prevención secundaria, lo que reduce el riesgo de mortalidad en un 30-40 %.

Pero pedir ejercicio no es suficiente. “El ejercicio es más eficaz cuando se receta con precisión, como un medicamento. No le dices a la gente que vaya a recibir quimioterapia y ya. Del mismo modo, cuando los datos nos permitan hacerlo, debemos ser muy específicos con las recomendaciones de ejercicio”, dijo Schmitz.

Por este motivo, las recomendaciones del Colegio Estadounidense de Medicina Deportiva se basan en el principio FITT: frecuencia, intensidad, tiempo y tipo de ejercicio.

Cabe destacar que el ejercicio también reduce la inflamación, las comorbilidades y la fragilidad, y podría ser una estrategia de cotratamiento contra el cáncer y las comorbilidades.

Qué sucede en el mundo real

Adriana M. Coletta, de la Universidad de Utah, Instituto Oncológico Huntsman, describió el papel que desempeñan los profesionales sanitarios implicados en el conocido como ejercicio oncológico: los fisiólogos del ejercicio se centran en la pérdida de forma física, mientras que los fisioterapeutas y rehabilitadores en los déficits funcionales.

Al observar los modelos en la práctica clínica, los servicios de ejercicio oncológico pueden ser hospitalarios (con supervisión clínica) o extrahospitalarios (con supervisión o sin supervisión). Hoy en día hay muchos programas disponibles que han demostrado ser eficaces a la hora de mejorar los desenlaces clínicos en múltiples tipos y estadios de cáncer, los desenlaces psicosociales y la participación en el ejercicio. Durante la sesión se describieron dos de esos programas: el programa POWER (Universidad de Utah) y el programa Livestrong en la Asociación Cristiana de Jóvenes (Young Men’s Christian Association, YMCA).

Cómo hablar con los pacientes

“Si el ejercicio es un medicamento, ¿podemos conseguir que el paciente se tome 'esta pastilla'?” preguntó Karen Basen-Engquist, del Centro Oncológico MD Anderson de la Universidad de Texas. De acuerdo con datos recientes, los supervivientes de cáncer no se están tomando "la pastilla", una baja proporción de pacientes cumple las directrices (22 % para las edades de 18 a <40 años y 12 % para los mayores de 65 años). Además, los profesionales sanitarios no lo recetan: menos del 40 % de los pacientes señaló haber mantenido una conversación con los médicos sobre la actividad física; las personas con diagnóstico de cáncer tenían menos probabilidades de recibir "una receta" al respecto.

“Nos queda mucho trabajo por hacer”, comentó la experta.

La buena noticia es que los cambios de conducta son posibles si se orientan de forma adecuada con las intervenciones de los profesionales sanitarios.

Evaluar, asesorar, derivar y conectar son los cuatro pilares de estas intervenciones, lo que significa que el médico debe identificar si se cumplen las recomendaciones, indicar al paciente lo que se supone que debe hacer según las recomendaciones y, por último, derivarle al mejor programa disponible. Ponerse en contacto con el paciente después de la derivación puede ayudar a mejorar el cumplimiento de las recomendaciones.

Por otro lado, el disfrute, el autocontrol, el apoyo social y el establecimiento de objetivos son los temas que deben subrayarse en la conversación y en el material educativo para el paciente.