Analizando la polémica de la utilización de Alexa en el NHS.


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La noticia se ha conocido recientemente, y está generando alguna polémica. El National Health Service británico utilizará Alexa, el asistente de voz de Amazon, como plataforma de información sanitaria a los ciudadanos. ¿Es una buena idea? ¿Compromete la calidad del servicios? ¿Se hace con la intención de descongestionar la asistencia presencial? ¿Pueden los británicos estar tranquilos en relación con la confidencialidad de la información que proporcionan al sistema?

Habría que comenzar por reconocer que el NHS es probablemente el servicio de salud del mundo que más avances está haciendo en materia de salud digital orientada a los pacientes. Desde hace años ha creado estructuras organizativas dedicadas específicamente a conocer y escrutar las nuevas áreas de innovación que llegan desde cualquier lugar del mundo, y a adoptarlas cuando resulte conveniente para la prestación de sus servicios a través nuevos canales. Lo que ya han demostrado es que es posible, para estos procesos, utilizar metodologías de análisis del valor similares a las que se usan en otros campos de la sanidad, y en particular los reputados modelos del NICE. Mediante el NHS Innovation Accelerator (NIA) no sólo promueven la creación de soluciones nuevas en este campo, sino que incluso proponen la financiación y el reembolso de las que crean que aportan ayuda a los pacientes.

En relación con los canales, desde hace un tiempo vienen usando herramientas como la videoconferencia o los chatbots para que los demandantes de servicios sanitarios dispongan de acceso a consultas o consejos sobre su salud de una manera más directa. Este tipo de soluciones, que en otros países sólo las ponen en marcha aseguradoras privadas, están al alcance de todos los británicos a través de su sistema público de salud. Especialmente notable es, por ejemplo, la aplicación Your.MD, que sirve para que cualquier persona pueda verificar una sintomatología común o para saber dónde encontrar un recurso asistencial. Utiliza sistemas algorítmicos, y es realmente uno de los mejores chatbots sanitarios que se pueden emplear en todo el mundo. El NHS también usa sistemas inteligentes para las citaciones y de videoconferencia sanitaria como Babylon Health, Push Doctor o Now GP.

Parece lógico pensar, entonces, que si el NHS se ha planteado esta apertura a los nuevos canales, acabaría usando un asistente de voz, símplemente porque es ya una tecnología de consumo ampliamente difundida, y que tiene enormes posibilidades. Pero, ¿es Alexa la mejor opción?

 

 

Realmente el sistema de Amazon es el más versátil y el que más está trabajando para crear aplicaciones de terceros que sean soportadas por su tecnología. De hecho, es la empresa que más promociona la opción de que cualquiera que esté interesado en este campo se plantee la posibilidad de crear un skill (una aplicación para Alexa) y para ello ha puesto a disposición de los desarrolladores herramientas de uso muy sencillo. 

Probablemente por esta razón el NHS ha visto que era muy sencillo transferir sus bases de datos a la arquitectura de programación de este asistente de voz. Lo que se pretende en esta primera fase es básicamente dar consejos de salud y permitir que los usuarios hagan preguntas generales, sencillas y adaptadas a las particularidades de un asistente de voz, que es por definición un sistema automatizado.

La controversia ha llegado sobre todo por el problema de la privacidad. Para usar Alexa hay que disponer de una cuenta de Amazon, y es sabido que el procesamiento de las peticiones se hace a través de sistemas de archivos que gestiona Amazon, de manera que cualquier usuario podría estar ofreciéndoles información identificada sobre síntomas o condiciones médicas de interés más particular.      

De otra parte, como todo el mundo sabe el negocio de Amazon se basa en la venta de todo tipo de artículos, y que para ello es crucial disponer de información de los perfiles de los usuarios que acceden a sus sistemas (web, app, asistente de voz…). Más aún, en Estados Unidos está entrando de lleno en el negocio sanitario, por ejemplo mediante la compra de una innovadora farmacia on line llamada PillPack o a través de nuevos servicios de asistencia médica en domicilio de los que ya se van conociendo más detalles.

Ciertamente Alexa es un dispositivo con enormes posibilidades en los campos de la salud y sociosanitario, y no parece lógico cercenar la posibilidad de que se creen servicios avanzados asociados a esa plataforma. Su capacidad de llegar a una parte importante de la población, y las características de su interfaz de relación por voz hacen de esta tecnología una gran oportunidad al alcance especialmente de personas que puedan estar más aisladas o tengan problemas en el manejo de otro tipo de dispositivos, como la tercera edad o los discapacitados. Por añadidura, hace pocos meses Alexa adoptó en Estados Unidos protocolos compatibles con la regulación HIPAA, obligatoria para los datos de tipo médico. 

 

 

Amazon ha dicho que todos los datos que maneje su sistema en Reino Unido se mantendrán confidenciales. Y que se sitúan en un nivel de seguridad y confidencialidad similar al de los otros nuevos canales que emplea a día de hoy el NHS. También, que no venderá productos ni hará recomendaciones basadas en los datos recopilados como parte de su asociación con el NHS. También confirmó que no construiría un perfil de salud de los usuarios que hicieran sus preguntas a Alexa.

En definitiva, que no sería lógico repudiar el uso de asistentes de voz y no hacerlo igual con el resto de soluciones tecnológicas, lo que nos llevaría a despreciar nuevas posibilidad de generar servicios sanitarios en remoto y mejorar la educación para la salud. Todos los datos están encriptados y serán almacenados en centros de servidores en territorio inglés.

Como ventaja añadida, y no desdeñable, es la existencia misma de un servicio de este tipo a cargo de la sanidad pública, la que ciertamente atesora el conocimiento más adecuado. Seguramente, si el NHS no hubiera construido esta alternativa, el hueco se podría haber llenado por otros proveedores de menor calidad, fiabilidad o con intereses espurios.