Amor ¿física o química?


  • Editorial Univadis
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El amor es un estado emocional complicado y difícil, si no imposible, de definir. Junto a la vivencia externa, es decir, el cortejo, las “mariposas en la tripa” y la ansiedad por ver a la persona amada, se produce simultáneamente un fenómeno neurobiológico muy complejo. Este fenómeno se relaciona con la producción combinada de numerosas actividades y sentimientos, entre otros la confianza, el apego, la creencia, el placer o la recompensa, acaecidos en general en procesos límbicos intracerebrales. El cambio externo (en el comportamiento) y el interno (neurobiológico) que se produce durante el enamoramiento es tan intenso que hay autores que han postulado que el amor realmente es un trastorno mental transitorio. Una alteración que nos lleva a decir y hacer cosas sorprendentes, de las cuales tal vez nos arrepentimos cuando el torbellino se calma. Un trastorno mental producido como consecuencia de ¿la física o la química?

La física, el color de los ojos, el pelo, la forma de moverse, el tono de voz y tantas otras cuestiones “físicas” son importantes en el enamoramiento. Pero no lo es menos la química: la cantidad de reacciones celulares y moleculares que se producen durante este trastorno mental transitorio. Y es que se ha demostrado cómo en el amor romántico o sexual y en el apego (el posterior compromiso) existe una amplia base de procesos neurobiológicos y fisiológicos relacionados. Si comenzamos por las neurociencias, estas han mostrado cantidad de mecanismos cerebrales involucrados en el amor, lo que ha ayudado a comprender este complejo estado emocional que a todos nos afecta y mueve. Se han identificado diversas redes neuronales interconectadas implicadas en el amor-pasión, siendo protagonistas en ellas los sistemas límbico y paralímbico, es decir, las emociones. Junto a esta activación neuronal, se ha observado cómo numerosas moléculas tienen un papel primordial para que Cupido alcance su objetivo. La arginina-vasopresina y la oxitocina son importantes en la elección de la pareja, en la promoción del apego y en la muestra no verbal del amor romántico. Además, se ha descrito la involucración en el proceso amoroso de la dopamina y de la señalización serotoninérgica, de mecanismos endorfinos y morfinérgicos endógenos, así como de las vías autorreguladoras de óxido nítrico; sin olvidar la función de la testosterona y de otras hormonas en el deseo sexual. Los escasos estudios realizados sobre las “patologías del amor” se han centrado principalmente en los trastornos sexuales y se han comenzado a identificar patologías en el apego, mediados en parte por las moléculas descritas, en trastornos como el autismo y la personalidad límite. 

Como puede verse, el amor tiene mucho de física pero también de química. La biología juega un papel fundamental cuando encontramos a nuestra princesa o príncipe azul. Respecto a este condicionamiento neurobiológico, se ha descrito la hipótesis de que el amor romántico, en realidad, cumple una función relacionada con la reproducción: gracias al deseo sexual y al compromiso (el apego) es posible perpetuar la especie. Estas dos actividades (el deseo sexual y el compromiso) estarían destinadas a la supervivencia de la especie humana. Y es que en general las actividades necesarias para la supervivencia son gratificantes o placenteras, por lo que despiertan una alta motivación y apetito, regla que rige en los comportamientos biológicos imprescindibles para la conservación de la especie, como en la alimentación, el sexo y la reproducción. El amor y el placer en realidad sirven para asegurar la supervivencia de los individuos y sus especies. 

Por último, y ya que somos médicos: el amor ¿tiene alguna “aplicación” a la medicina? El amor, el placer y hasta la lujuria se han descrito como potenciales reductores del estrés y, en este sentido, como posibles promotores de la salud. Después de todo, el amor es una actividad alegre y útil (permite la pervivencia de nuestra especie) que abarca el bienestar y los sentimientos de bienestar. Esto se debe a su capacidad motivadora de comportamientos beneficiosos, aunque no se puede olvidar que también podría serlo de negativos. Ciertamente el amor es un motor intenso, pero tanto de lo bueno como de lo malo. Solo hay que recordar el calificativo que se da en ocasiones a determinadas relaciones: “amor tóxico”.

Responde a la pregunta inicial, el amor ¿física o química? Posiblemente sea una mezcla. Como humanos que somos interaccionamos con nuestro entorno físico, lo que incluye el encuentro con otros congéneres que nos atraen físicamente, estando dentro en esta parte física toda posible interacción con el exterior, es decir, el cuerpo, la comunicación, el lenguaje no verbal y todo lo que nos atrae en el amor romántico. Simultáneamente se produce la química: aparece una ingente cantidad de estímulos neuronales, se descargan todo tipo de hormonas mientras que otras se inhiben, hay moléculas protagonistas y otras secundarias. ¿Somos víctimas pasivas de toda esta descarga neurobiológica, con el único objetivo de que nuestra especie siga adelante? El enamorado ¿es un esclavo de la química o un amante que desea libremente? ¿cuándo se acaba el amor, con el fin del atractivo físico o cuando la química se apaga? ¿es posible mantener la física y la química in secula seculorum? Todas ellas son preguntas sin respuesta. O sí, es cuestión de física, química y de mucho, pero que mucho amor.