America first

  • Dr. Miguel Álvarez Deza

  • Editorial
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El coronavirus ha puesto de manifiesto algunas de las vulnerabilidades específicas del sistema de protección social en Estados Unidos. En primer lugar debido a la ausencia de una sanidad pública universal. Se calcula que hay unos 30 millones de personas sin seguro médico y otros 40 millones que sólo tienen seguros de salud catastróficos, con copagos y franquicias tan elevadas que sólo usan en situaciones extremas. El miedo a las facturas médicas o a no poder pagarse el tratamiento puede impedir que se detecten contagios y el virus siga propagándose.

Casi dos tercios de los estadounidenses viven en condados que gastan más del doble en vigilancia policial que en la atención médica no hospitalaria, que incluye la salud pública.

El Centro de Control de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos ha recomendado a la población que se queden en casa si están enfermos pero ¿cómo hacerlo, si en muchos casos eso significa que no cobrarán? A diferencia de lo que ocurre en la mayor parte de los países industrializados, en Estados Unidos ninguna ley federal obliga a las empresas a ofrecer bajas médicas remuneradas a sus trabajadores. Actualmente, un tercio de los trabajadores empleados en el sector privado no tienen derecho a baja médica en dicha nación.

La epidemia de coronavirus en los Estados Unidos, actualmente con más de 8,7 millones de casos y más de 225.000 fallecidos, sigue la misma trayectoria siniestra de crecimiento exponencial que tuvo lugar en China antes de que se adoptaran medidas drásticas para frenar su propagación en ese país. Pero los Estados Unidos se dan cuenta de que prácticamente no tienen ninguna capacidad pública para hacerle frente.

En lugar de contar con un sistema de salud pública, tienen un sistema privado con ánimo de lucro para los que tienen la posibilidad de pagarlo y un sistema de seguridad social deficiente para quienes tienen la suerte de tener un empleo a tiempo completo.

En el mejor de los casos, ambos sistemas satisfacen las necesidades de los individuos más que las necesidades de la población en su conjunto. En Estados Unidos, el término «público», como en salud pública, educación pública o bienestar público, significa una suma total de necesidades individuales y no el bien común.

El sistema de salud pública de Estados Unidos ha subsistido en la precariedad durante décadas y carece de los recursos necesarios para enfrentar la peor crisis de salud en un siglo. El presidente Trump recortó el presupuesto del CDC un 16% en 2018, al año siguiente quería recortar un 19% más y para 2021, propuso otra reducción del 10%. Debido a su falta de dinero estos años, el CDC tuvo que bajar las partidas destinadas a la prevención de epidemias.

Desde el año 2010, el gasto para los departamentos de salud pública estatales ha disminuido un 16% per cápita, y el gasto para los departamentos de salud locales ha bajado un 18%, según un análisis de Kaiser Health News (KHN) y The Associated Press. Los oficiales de salud pública locales y estatales han ido desapareciendo desde la recesión de 2008, dejando en algunos lugares una fuerza laboral esquelética.

La infravaloración de la salud pública contrasta con su papel multidimensional. A diferencia del sistema de atención médica que está dirigido a las personas, el de salud pública se centra en la salud de las comunidades en general. Las agencias locales están legalmente obligadas a proporcionar una amplia gama de servicios esenciales, desde estadísticas vitales a epidemiología, control de enfermedades transmisibles, programas de prevención, salud ambiental e incluso proyectos de investigación.

Casi la mitad de los trabajadores de salud pública planean retirarse o irse de sus organizaciones en los próximos cinco años, y la razón principal es una remuneración deficiente, remuneración que no es la misma en todos los estados.

El pequeño secreto, que pronto será una evidencia, es que no hay un verdadero sistema de salud pública en los Estados Unidos.

Los ciudadanos no ven los desastres que se evitan. Y es fácil no prestar atención a lo que no vemos.

“You got a fast car. I want a ticket to anywhere. Maybe we can make a deal. Maybe together we can get somewhere. You got to make a decision. Leave tonight or live and die this way.” (Tracy Chapman - Fast car).

El Dr. Miguel Álvarez Deza es médico especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública.