Amazon ya vende medicamentos.


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¿Qué querrá hacer Amazon en el campo de la salud? Es una de las preguntas que más veces se ha hecho en los últimos meses, sobre todo al filtrarse algunas noticias sobre estudios internos en la compañía que hablaban de la oportunidad que existía en el negocio sanitario.

Pensar que Amazon es sólo el almacén de logística desde el que se envían las compras que hacemos desde su web es simplificar demasiado. El mayor valor que tiene como empresa es el conocimiento exhaustivo de los hábitos de compra de los millones de sus usuarios, y de esta manera haber podido crear una capa que rodea la mayoría de las decisiones comerciales de una buena parte de los habitantes del mundo. Hoy es más habitual acudir a una búsqueda en Amazon que a otra en Google cuando se trata de adquirir un producto. Y por si fuera poco, los sistemas que han desarrollado en la nube, el Amazon Web Services o AWS, constituyen probablemente la mayor plataforma de computación cloud del mundo. Por estas razones se dice que Amazon es un gigante, pero que apenas acaba de nacer. Como si tuviera el freno de mano echado y el día que lo suelte es cuando se apreciará todo su potencial.

Era inevitable pensar que el negocio de la sanidad, que en Estados Unidos es el 18% de su PIB, sería una de sus intenciones a medio plazo. Por similitud podría pensarse que su debut estaría en algo relacionado con la distribución de medicamentos, sector importante no sólo por la cifras totales que maneja, sino porque en sí actúa como una especie de columna vertebral, conectando pacientes, médicos prescriptores, farmacéuticos y empresas de medicamentos. Así ha sido: Amazon acaba de comprar la empresa PillPack, una compañía muy novedosa en la distribución a domicilio de medicamentos. La operación se ha cerrado por una cantidad desconocida, pero que algunos calculan en unos 1.000 millones de dólares.

    

 

Qué es PillPack

Para empezar, es un modelo de distribución de medicamentos al paciente que no sería posible en Europa tal como lo es en Estados Unidos, por causas regulatorias. PillPack se dedica a crear unos contendores con la medicación prescrita por el médico, que a su vez se distribuye en unas bolsitas dispuestas a modo de cinta continua donde el paciente accede a la posología de cada toma. Ese contenedor se manda a cada domicilio, después de que PillPack haya recibido la orden de prescripción y recibido el pago por la compañía aseguradora correspondiente. El paciente lo tiene muy fácil: basta con que vaya sacando cada bolsita, y tomando su tratamiento con la regularidad indicada. Lo que permite este sistema es, además, mejorar la adherencia, en la medida en que se visualizan mejor las tomas, algo que es especialmente importante en el caso de los enfermos polimedicados. Un robot habrá creado los lotes individualizados, y el paciente no tendrá que consultar la receta para saber qué le toca tomar en cada momento.

PillPack es una empresa de escaso pasado, apenas unos pocos años, pero que destaca por lo mucho que cuida los detalles y el diseño de su presencia ante el paciente. Además de la funcionalidad de sus contenedores, prevé que haya medicamentos que no se pueden envasar en un sobre, como un inhalador con broncodilatador, y los envía por separado. O también hace la previsión de que los medicamentos no falten si el domicilio cambia por un desplazamiento ocasional, en cuyo caso es capaz de enviar la prescripción a una dirección alternativa. El paciente recibe antes de iniciar el servicio un manual de elegante diseño en el que se le informa de todo lo que le afecta. El propio contenedor, e incluso las tipografías de los sobres, son verdaderamente elegantes y de atractivo diseño.

Los fundadores de PillPack -un farmacéutico y un técnico informático, amigos y residentes en Boston- hablan de que lo que les motivó para fundar la empresa fue ayudar a los pacientes polimedicados, y que al final de su proceso de análisis se propusieron diseñar la farmacia del futuro, acorde con las tendencias en muchos otros sectores que imponen inmediatez, servicio garantizado y envíos al propio domicilio del beneficiario. Ellos dicen que han sido capaces de cambiar un “negocio aburrido”, el de la distribución, e incorporar algo más emocionante y valioso de cara al paciente. Se define como una empresa “rara”, atípica en su función, pero muy atenta a quien recibe sus servicios. El mostrador de la recepcionista en sus oficinas de Boston lo construyeron con la mesa de una antigua botica. Y han sido capaces de aunar equipos de trabajo en varios lugares distantes del país. Por supuesto, disponen de una app que complementa los envíos con un sistema de seguimiento de las tomas, y a pesar de que detrás de todo este complejo funcionamiento hay líneas de código de computación y cintas transportadoras, el paciente se considera a sí mismo importante dentro de la labor de la empresa.

 

Y esto es sólo el principio.

Esto es lo que ha comprado Amazon, y cuando terminen los trámites regulatorios ya se podrá decir que es una empresa que (también) vende medicamentos. Seguramente lo hará bajo la misma marca de PillPack, igual que cuando hace un año compró la cadena de supermercados Whole Foods estos siguieron funcionando con su denominación original. Pero se abre un periodo en el que indudablemente se verá cómo crece su trabajo en este campo, seguramente con la pretensión de extenderlo globalmente, también en otras regiones geográficas del mundo como Europa o Asia.

Esto es sólo en principio de lo que Amazon va a hacer en el mundo de la sanidad. A principios de año se anunció un acuerdo con el banco J.P. Morgan y el fondo de inversión Berkshire Hathaway, de Warren Buffet, para crear un nuevo proyecto sanitario que todavía nadie sabe en qué va a consistir, pero que por la envergadura de los nuevos socios no es asunto irrelevante. El año pasado se conoció que Amazon abría una oficina en Londres e iniciaba procesos de selección y contratación de profesionales relacionados con los seguros de salud. Además, varios hospitales norteamericanos están experimentando con el asistente de voz Alexa para ayudar a los cirujanos a crear listas de verificación o compartir información vital con los pacientes una vez que son dados de alta. Veremos en qué acaba todo, pero lo que parece seguro es que no será poca cosa.