Amazon: medicamentos a domicilio


  • Editorial Univadis
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En la sección de Univadis Médicos e Internet, recientemente se anunciaba cómo Amazon ya vende medicamentos. Las grandes empresas tecnológicas también apuestan por la sanidad (la sanidad en Estados Unidos, el país más rico del mundo, supone el 18% de su PIB) y en la distribución de medicamentos a los enfermos no se iban a quedar atrás. En la noticia se recalca cómo la distribución de medicamentos es, en cierta forma, la columna vertebral de la sanidad, porque conecta a pacientes, médicos, farmacéuticos y empresas farmacéuticas. Amazon, la empresa que ha revolucionado la distribución de mercancías en el todo mundo, ha decidido formar parte de este lucrativo sector. Por este motivo ha comprado, pagando unos 1.000 millones de dólares, la empresa PillPack, una compañía de distribución a domicilio de medicamentos. La noticia también describe cómo PillPack fabrica unos contenedores con la medicación prescrita por el médico, que es distribuida en unas bolsitas dispuestas a modo de cinta continua a través de las cuales el paciente accede a la posología de cada toma. El contenedor se envía al domicilio del enfermo cuando PillPack ha recibido la orden de prescripción y el pago de la compañía aseguradora correspondiente. 

Antes de analizar la transcendencia de esta noticia debemos subrayar que este modelo de distribución de medicamentos no sería posible en Europa, porque la regulación europea no lo permitiría. Sin embargo, ello no significa que la regulación o las normas europeas no acaben por ser modificadas para adaptarnos así a este nuevo modelo de tecno-negocio, tal y como ha sucedido en otros sectores; pensemos si no en Airbnb y los alojamientos turísticos, o en Uber y el transporte en taxi. 

En Europa, y concretamente en España, los problemas que tenemos con la prescripción y distribución de fármacos son diferentes. En nuestro país, la prescripción de fármacos es, hoy día, un acto médico. Y este acto médico debe ser directo entre el profesional y el paciente, aunque en determinados casos, como en niños o en trabajadores en situación de baja laboral, puedan mediar terceras personas, siempre en base al mejor interés para el paciente. En este contexto, y en concreto para la distribución de los medicamentos, la tecnología también ha hecho mella en nuestro sistema de receta y distribución de medicamentos. 

A través de la receta electrónica los médicos pueden emitir y transmitir prescripciones de forma digital, lo que reduce la tarea del médico y, sobre todo, facilita el acceso del paciente al medicamento. El avance más reciente en relación con la receta y la distribución de medicamentos en España está siendo la receta electrónica interoperable. A través de ella los ciudadanos pueden retirar los medicamentos prescritos en farmacias que se encuentren fuera de su Comunidad Autónoma. Al parecer, este servicio ya lo disfrutan 40 millones de usuarios en todo el territorio nacional, con la excepción de Madrid (que la está poniendo en marcha), Ceuta y Melilla. La receta en papel, al menos en el sistema público, tiene los días contados.

La sanidad actual está sometida en gran medida a los mandatos de la tecno-medicina, y la prescripción y distribución de medicamentos también se han visto afectadas. Sin embargo, los principios fundamentales de nuestra profesión son claros, y han de mantenerse, ya sea con la receta electrónica o en el caso de que Amazon llegara a participar en un futuro en la distribución de medicamentos en nuestro país. Respecto a la prescripción de medicamentos, la Oración de Maimónides, allá por el siglo XII, ya recogía su importancia para el médico: “Haz que mis pacientes tengan confianza en mí y en mi arte, y que sigan mis consejos y prescripciones”.

Un principio insoslayable es que la prescripción es un acto médico. El Código de Deontología Médica, en su Artículo 7, especifica que se entiende por acto médico “toda actividad lícita, desarrollada por un profesional médico, legítimamente capacitado […] orientado a la curación de una enfermedad, al alivio de un padecimiento o a la promoción integral de la salud. Se incluyen actos diagnósticos, terapéuticos o de alivio del sufrimiento, así como la preservación y promoción de la salud, por medios directos e indirectos”. La prescripción es posiblemente el acto médico por antonomasia. Es la consumación de otros actos médicos encadenados (anamnesis, exploración, juicio clínico) y pone de manifiesto, en gran medida, si todo lo realizado previamente ha sido adecuado. Así lo reconoce el propio Código de Deontología Médica en su Artículo 23: “La prescripción es el corolario del acto médico, por lo que el médico se responsabilizará de la receta”. Un error en la exploración o en la interpretación de una prueba diagnóstica puede comportar una prescripción incorrecta, por lo que un médico antes de prescribir tiene que estar convencido de que el juicio clínico que realiza está bien justificado.

Ciertamente, prescribir un medicamento es una de las mayores responsabilidades que tiene un médico y este acto médico no puede desligarse de la entrega del medicamento al paciente, por lo cual, si Amazon pretende distribuir nuestras prescripciones, no podemos quedar ajenos. ¡Ah! Y para los que piensen que sólo se trata de una ocurrencia transitoria, señalar que esto no ha hecho más que comenzar: a principios de este año, Amazon, J.P. Morgan y Berkshire Hathaway anunciaron planes para crear una compañía conjunta de atención médica para más de un millón asegurados. La misión de esta empresa, por el momento algo muy secreto, será obtener los mejores resultados al menor coste y mantenerse libre de incentivos lucrativos y restricciones.