¡Alerta… ITS!


  • Editorial Univadis
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Las infecciones de transmisión sexual (ITS) son una cuestión de salud pública, tanto por su magnitud y por la forma de contagio, como por sus complicaciones y secuelas. En las ITS tan importante es la prevención como realizar un diagnóstico y tratamiento precoz. Sin embargo, los datos publicados recientemente por el Instituto de Salud Carlos III son alarmantes: desde el año 2000 crecen las infecciones por gonococia y por sífilis, unas infecciones que declaran más los hombres que las mujeres (aunque estas padezcan más sus secuelas) y que afectan muy especialmente a poblaciones jóvenes. 

La información epidemiológica sobre las ITS recogida en el informe del Instituto de Salud Carlos III se ha obtenido a través del Sistema de Enfermedades de Declaración Obligatoria (EDO) y del Sistema de Información Microbiológica (SIM), incluidos ambos en la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica. Se establecieron como enfermedades sometidas a vigilancia epidemiológica en todo el país la infección gonocócica, la sífilis y la sífilis congénita (a través de las EDO), añadiéndose las infecciones por Chlamydia trachomatis (a través del SIM). El informe de la Dirección General de Salud Pública (Vigilancia epidemiológica de las infecciones de transmisión sexual), publicado en junio de 2019, debe servir de referencia para poder organizar el abordaje de las ITS, uno de los principales problemas de salud pública, si no el principal, entre los jóvenes.

Si comenzamos por la infección gonocócica, en 2017 se notificaron 8.722 casos (18,74 por 100.000 habitantes). Desde 1995 hasta 2001 descendieron las tasas de infección (de 11,69 hasta 2,04), pero posteriormente se ha producido un incremento continuado de la incidencia. Existen, por tanto, dos puntos clave: 2001 y 2013. En el primer período (1995-2001) el porcentaje anual de cambio fue de -27,0%, en el segundo (2001-2013) de 11,7% y entre 2013 y 2017 de 26,3%, cambios estadísticamente significativos. Las tasas más elevadas se registraron en Cataluña (48,50), Baleares (41,79) y Madrid (28,48), mientras que las más bajas fueron en Murcia (2,44), Castilla y León (3,18) y Extremadura (3,26). El 83,8% de los casos eran varones, con una razón hombre/mujer de 5,2. La mediana de edad al diagnóstico era de 30 años, siendo las mujeres más jóvenes, y las tasas más elevadas se produjeron en el grupo de 20 y 24 años, seguidas del grupo de 25 a 34 años.

Primera reflexiónLas diferencias entre Comunidades hacen pensar que su abordaje debe ser lo más individualizado y local que sea posible. Es imprescindible implicar a las administraciones regionales y locales, para que faciliten los datos, colaboren en la prevención, así como en la detección y el tratamiento precoz. Al tratarse de poblaciones jóvenes, las campañas deben empezar en los colegios y continuar en los centros de secundaria, en universidades y en toda institución que pueda ayudar a informar y concienciar, tales como ayuntamientos y administraciones, empresas, centros deportivos, etcétera. Las ITS constituyen un problema de salud pública y, por tanto, de todos.

En cuanto a la sífilis, en 2017 se notificaron 4.941 casos (10,61 por 100.000 habitantes). Las tasas más bajas se observaron entre 2000 y 2001 (1,77) y las más elevadas en 2017 (10,61). Hubo dos puntos de cambio significativos: 2001 y 2010. En el período 1995-2001 no se observa ninguna tendencia (-5,9%), en el segundo (2001-2010) el cambio fue de 17,7% y entre 2010-2017 se produjo un incremento anual de 3,9%. Las Comunidades que notificaron tasas más altas en fueron Cataluña (21,80), Baleares (17,84), Canarias (14,74) y Aragón (11,02). Las tasas fueron también más elevadas en hombres: el 88,9% eran varones y la razón hombre/mujer fue de 8,0. Las tasas más altas se produjeron entre los 25 y 34 años (el 58,8% tenía entre 25 y 44 años), con una mediana de edad de 37 años. Respecto a la sífilis congénita precoz, por suerte es apenas anécdota, aunque los pocos casos que hay sean desgraciados. En 2017 se confirmaron 2 casos, ambos notificados antes del primer mes de vida. Su incidencia entre 2000-2017 varía entre 0 y 2,23 por 100.000 nacidos vivos.

Segunda reflexiónPara abordar las ITS se necesita creatividad. Parece claro que los métodos clásicos (campañas en radio y televisión para el uso del preservativo, charlas informativas en los colegios, carteles en los centros de salud, etcétera) son insuficientes. No es que haya que renunciar a ellos, pero se debe hacer algo más. Resulta indispensable ir a las redes sociales, donde los jóvenes son tan activos, y tal vez realizar campañas provocadoras, que sirvan para concienciar más sobre la seriedad del problema. Se ha detectado cierta pérdida del miedo al contagio, bien porque el VIH “ya no mata” y se ha cronificado, o porque la hepatitis C puede curarse. El resto de infecciones (piensan algunos jóvenes), “al fin y al cabo se curan con un antibiótico”.  La fórmula: información, creatividad y asertividad. Un ejemplo es cómo ha reaccionado el Ministerio de Sanidad ante el informe del Instituto de Salud Carlos III: si hace 25 años el mensaje era “Póntelo, pónselo”, ahora es el hashtag #SiemprePreservativo.

En cuanto a la Chlamydia trachomatis, existen dos tipos. En 2017 se notificaron 9.865 casos de infección por Chlamydia trachomatis. El 52,1% eran mujeres, siendo la única ITS más prevalente que en los varones. La mediana de edad al diagnóstico era de 27 años, más jóvenes las mujeres que los hombres. La mayoría de las infecciones se produjeron entre los 25-34 años (35,8%) y los 20-24 años (27,3%). Por otro lado, está el linfogranuloma venéreo, la infección por Chlamydia trachomatis L1-L3. En 2017 se notificaron 414 casos en seis Comunidades. El 97,1% eran varones, una amplia mayoría que da cuenta de su clínica en el varón y en la mujer. La mediana de edad al diagnóstico fue de 36 años, igualmente superior en los varones, y la mayor parte de los casos tenían entre 35 y 44 años.

Tercera reflexiónNo todos los pacientes son iguales, y esto deben saberlo los clínicos. Las mujeres, por ejemplo, aunque notifican menos casos de sífilis y de infección gonocócica, muchas veces sufren las peores consecuencias. Las ITS en los varones dan más síntomas, sobre todo en la fase precoz, lo que hace que sean más fácilmente tratables. Sin embargo, en las mujeres pueden cursar de forma asintomática y dejar secuelas serias, como la enfermedad inflamatoria pélvica (que puede llevar a producir infertilidad) o las displasias que produce en el cuello uterino el papiloma humano, un virus que cursa generalmente asintomático en el varón. Tampoco son iguales las poblaciones si las dividimos por edades. 

Ya se ha hablado de la especial vulnerabilidad de los jóvenes. Tienen toda la vida por delante pero, si no son responsables, la pueden truncar. A ellos mismos y a otros