A ´mir´ por hora


  • Editorial Univadis
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La medicina parece que se ha convertido en ´MIRicina´, porque en gran medida los MIR sostienen nuestro sistema sanitario, tanto en Atención Primaria como en la especializada. Son la fuerza de trabajo que mantiene vivos muchos hospitales y Centros de Salud, urgencias y quirófanos. Profesionales en formación, jóvenes que se están haciendo adultos, de los MIRes depende el futuro de la sanidad española. Si queremos seguir teniendo un sistema sanitario excelente, debemos cuidar la ´MIRicina´.

Si ser estudiante de medicina supone una cierta conversión, porque se entra en la ´secta de los hipocráticos´, cuando nos graduamos y aprobamos el temido examen MIR, la persona se transforma para siempre. El acto de conversión en médico no se produce cuando leemos con nuestros compañeros de pupitre (más bien de disección) el Juramento Hipocrático. Tampoco cuando nos colegiamos y nos entregan en el Colegio de Médicos el Código de Deontología Médica, la versión moderna del Juramento Hipocrático. La conversión en médicos se produce el día que pisamos el hospital por primera vez, nos ponemos la bata y, ahora sí, empezamos a trabajar como médicos. Nos convertimos en médicos, cierto es que residentes, pero médicos.

Ser residente no resta categoría al médico; al revés, porque ser residente supone ser un médico entusiasmado, que cree en lo que hace, que tiene ganas de aprender y de implicarse en proyectos. El residente es, tal vez, el médico más auténtico. En su curva de aprendizaje pasará por diferentes momentos y alcanzará un momento dulce en el cual ya sabe algo sobre su profesión, y a la vez mantiene la ilusión que tenía cuando pisó por primera vez el hospital. Ese momento es clave, porque a partir de ahí pueden suceder tres cosas. Una es que el residente se desinfle (“no es para tanto”) y pierda el vigor que tenía hace sólo unos pocos años. Si al menos es responsable, continuará trabajando y formándose y se convertirá en un buen profesional, que no es feliz con su trabajo, pero por lo menos cumple con sus obligaciones.  Otra posibilidad es que se desengañe (“no merece la pena”), decayendo poco a poco en su ejercicio profesional y viviendo la medicina como una especie de castigo hasta la jubilación. Aunque sea responsable, será un mal médico. Por último, encontramos al residente que renueva los votos con los que se comprometió hace años en la universidad al leer el Juramento Hipocrático, y posteriormente al pisar el hospital (“es la profesión más bonita”). Este médico piensa que la medicina merece la pena y que, aunque es dura, le hace feliz. Será un buen médico.

En todo este proceso tanto las instituciones sanitarias como los adjuntos tienen una enorme responsabilidad. Respecto a las instituciones implicadas en sanidad (universidades, hospitales, consejerías de sanidad, colegios de médicos o sociedades científicas), son esenciales para que el residente escoja uno de los tres caminos descritos: desinflarse, desengañarse o convertirse en buen médico.  De las instituciones dependen en gran medida sus condiciones laborales y las de sus formadores, cómo se organiza el sistema sanitario, si se les cuida profesional y científicamente, el reconocimiento social que tienen… y tantas otras cosas que influyen directamente en el día a día del residente. En su motivación y en los motivos que les harán renovar, o no, los votos de ser médico. 

En cuanto a los médicos más expertos, adjuntos, jefes o lo que sean, inicialmente les resulta sencillo empatizar con ellos, porque casi todos han sido “cocineros antes que frailes”. El refrán realmente dice que “El que ha sido cocinero antes que fraile, lo que pasa en la cocina bien sabe”. Sin embargo, la medicina cambia y también la residencia, por lo que, aunque empaticen, también existe una inevitable distancia emocional y profesional entre residentes y adjuntos, sobre todo si son mayores. Es habitual oír cómo los adjuntos señalan que en sus tiempos (cuando eran residentes) las cosas eran diferentes: “no librábamos las guardias” “trabajábamos mucho más” “había más interés” “se ha perdido el respeto que le teníamos hacia nuestros jefes” y podríamos continuar con un largo etcétera de lugares comunes. Efectivamente, todos fueron cocineros antes que frailes, pero pareciera que en diferentes cocinas.

¿Por qué muchos adjuntos ven así la residencia? El ser humano tiende a valorar positivamente el pasado, en concreto supasado.  En las coplas por la muerte de su padre, Jorge Manrique reflexiona sobre “cómo se pasa la vida”, expresando que “a nuestro parecer cualquiera tiempo pasado fue mejor”. Estos versos de Jorge Manrique han pasado al imaginario popular y es habitual creer que cualquier tiempo pasado fue mejor. Pero ¿es así? Como respuesta, se ha popularizado el aforismo de que “cualquier tiempo pasado fue siempre … anterior”, ni más ni menos. Lo que sucede es que el pasado, como es nuestro pasado, tiene nuestras vivencias y está repleto de los valores con los que crecimos, en este caso como médicos, y por todo ello lo recordamos mejor que un presente lleno de inconvenientes. 

No es serio afirmar que la residencia y los residentes de hace 10, 20 ó 30 años fueran mejores, sencillamente son … anteriores. La medicina y los médicos que la pueblan ahora han progresado. Ahora hay más tecnología, los derechos laborales han cambiado, existen más hospitales universitarios y más competencia entre ellos, la relación entre subordinados y jefes (en todas las profesiones) ha evolucionado, etcétera. Esa es la palabra: la residencia, los residentes, han evolucionado. No se ha producido ninguna involución, por mucho que a los mayores, al mirar atrás, se les aparezca una medicina idealizada, sencillamente porque era su medicina. Pura nostalgia.

Desde Univadis queremos agradecer a todos los residentes su esfuerzo diario por cuidarnos. Por permitirnos continuar creyendo en la sanidad española, en sus profesiones y en su futuro. Y una última cosa: residentes, si volvéis a oír lo maravillosa que era la medicina de hace unos años, los residentes de entonces y su trabajo, recordad que cualquier tiempo pasado, sencillamente … es anterior.